Halloween 2024: Carta desesperada

Hace tiempo que no te escribo y he intentado pensar en los motivos. Todo esto de la nueva vida que juntos esperábamos se ha convertido en un instante basado en clásicas imágenes de Halloween: calabazas talladas que se pudren frente al porche vacío; una banca columpio donde se acumulan las hojas muertas que crujen cuando las pisas; el viento otoñal y los tonos ocres que parecen absorber la poca luz y vida del día.


Sé que no te importa ni tampoco es relevante, pero me he llenado las manos de vísceras de calabaza mientras sacaba las semillas para poder tallarla y darle esa figura que tanto nos gustaba ver cuando la vela en su interior emitía su luz durante las “noches de cuento de terror”.

Es casi hipnótico el vaivén de la llama durante la noche. Tanto, que parece seguir el ritmo de esa canción que tanto nos gustaba escuchar tirados en la alfombra de la sala cuando no había nadie más en casa, ¿recuerdas cuál era? “Abrazarte otra vez”, creo que ese era su nombre… De verdad que era casi magia pura, porque solo escucho frases sueltas de sus versos y me recuerdan cada parte de lo que alguna vez fuimos: “Duele crecer si no estás conmigo”, “A veces temo olvidar quiénes fuimos”. 

Nostalgia, creo que le llaman. Sí, nostalgia, esa cosa que llega cuando tu mundo se va fragmentando poco a poco y de pronto el café al que solíamos ir ha desaparecido y ahora se ha convertido en una tienda cuadrada de conveniencia; de esas que decoran cada esquina en la actualidad. 

¿Recuerdas esas fotos Polaroid que nos tomamos en el bosque? Ya han comenzado a aparecer líneas amarillentas en las orillas. ¡Señal de que está pasando demasiado rápido el tiempo! Y pensar que queríamos aparentar una relación vintage, ¡es una lástima que no tomáramos ni una fotografía digital! Ahora todas se irán perdiendo en el tiempo, como tus memorias.


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Soy Fernando Castillo

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