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Palabras Prohibidas

By Fernando Castillo

Categoría

La lengua de los dilemas

Semana Santa y de Pascua

Con motivo de la celebración de la Semana Santa y Pascua es importante recordar algunas precisiones para escribir correctamente los términos relacionados con estas fiestas.

Antes que nada, la Semana Santa es una conmemoración cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. En este periodo se da una intensa actividad litúrgica dentro de la Iglesia católica que inicia el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección. Por otro lado, la Pascua celebra la libertad del cautiverio de Egipto. Seguir leyendo “Semana Santa y de Pascua”

#LaLenguaDeLosDilemas: Símbolos y Abreviaturas

A veces me toca leer cada cosa en los medios de comunicación que distan mucho de lo que sus editores llaman “estilo”. La gran mayoría de estos errores son de puntuación, símbolos y abreviaturas. Ya había hablado antes de siglas, acrónimos y uso de signos de puntuación. Por ello, hoy hablamos sobre simbología y abreviaturas. Seguir leyendo “#LaLenguaDeLosDilemas: Símbolos y Abreviaturas”

Lo innombrable

Aunque a muchos no les guste, hay cosas que debemos decir por su nombre real y sencillamente las escuchan algo desagradables. Por ello, las sustituimos por otras que consideramos de menor impacto o “más agradables al oído”. Sin embargo, esto es la simple percepción de quien las dice. Seguir leyendo “Lo innombrable”

Palabras Moribundas (II)

Como los animales, existen palabras que están en peligro de extinción debido a que van cambiando con su uso. ¿Por qué decimos que están en peligro de extinción? Sencillo. Palabras que actualmente carecen de sentido -más no de significado- para nuevas generaciones agonizan en el español de nuestros abuelos. Ejemplos claros son guateque, las enaguas y lo pochola que puede ser una persona. Seguir leyendo “Palabras Moribundas (II)”

Entre miles y millones

Hace días me preguntaba una ex compañera de la escuela, amiga y compañera del medio en el cual me desenvuelvo laboralmente hablando, ¿Cómo se escriben las cifras? La duda nació debido a que una de sus compañeras de trabajo le cuestionaba la forma de describir. Y no crean, hay veces que, ante las ideas ajenas, uno también duda.

La duda principal surge en las cifras de miles y millones. Por ello, me dediqué a buscar claves para saber cómo escribir las cifras.

Primero, para facilitar la lectura de los números de cuatro o más dígitos, pueden escribirse con espacios. Esto ayudará a separar los grupos de tres cifras, empezando por la derecha. Según las normas internacionales y las de la Real Academia de la Lengua Española, no es apropiado emplear punto o coma, pues estos tiene la función de separar los decimales. Sin embargo, también es posible omitir el uso del espacio, en los números de cuatro dígitos, aunque se incluya en los de más de cinco. Ejemplo: “Compré 10 000 mil libros para regalar el Día del Niño”.

En el caso de las fechas, los años jamás se separan -puesto que son cuatro dígitos-. Así, escribiremos 1989 y no 1 989.

Debido a que no hay un signo especial para los millones, se aconseja usar un espacio y no  las grafías del apóstrofo (1’000,000) y coma y punto (1,000.000). Eso es inadecuado.

Algo que muchos hacen por costumbre, estilo o porque alguien se los dijo, es usar la palabra mil para las cifras como 12 mil 300 personas o 12 mil 300 libros. La palabra mil ya va expresada en la cifra 12 300 (Doce mil trescientos).

A este tipo de regla, igual que los años, se salvan los códigos postales, números telefónicos u otros conjuntos similares. Por ejemplo, el ISO. Y como expliqué en la colaboración anterior, sobre cifras en Twitter, se usa el prefijo M en los millones y K para los miles, esto en las monedas.

Según la Ortografía académica, escribir los números compuestos de palabras es inapropiado. Mil no es un sustantivo, sino que forma parte de un adjetivo numeral, a diferencia de millón, billón, trillón, etc, que son sustantivos y sí pueden escribirse junto a cifras: “18 millones de personas leerán esto”.

Además, como millón, billón y trillón son sustantivos, el elemento al que cuantifican va precedido de la preposición “de”: “18 millones de personas leerán esto, otra vez”.

Por último, y para cerrar la columna de esta semana, cualquier medio de comunicación usa las cifras a su antojo, algo que no debería suceder, porque estamos bajo un estándar para que el mensaje sea entendido por quien lo lea. Aunque se excusen diciendo que es estilo, lo que debe imperar es la norma.

K y M, simbología en Twitter

Recientemente me preguntaron sobre algunas cuestiones de Twitter. Dudas comunes para quienes se aventuran en las redes sociales -Twitter, en este caso-. Me di cuenta que a veces hay cosas que creemos saber qué significan pero nos da pena preguntar. Las obviamos pues.

Para ello voy a explicar qué significa la K y la M en Twitter. Quizás estés pensando que son mil y millón, obviamente. Sí, parece sencillo, pero hay que recordar que este es un nuevo paradigma al que se enfrentan y aventuran poco a poco muchas personas.

Ahora bien, efectivamente la K equivale a “mil”. Su uso está extendido desde hace poco y fue tomado del Sistema Internacional de Unidades. Por ejemplo 4 kg corresponde a 4,000 gramos; 10 km equivale a 10,000 m, y 10 kW a 10,000 W.

Hay que aclarar algo importante en este punto. Si seguimos las normas internacionales, este es un uso impropio. El Sistema Internacional de Unidades dice que “los símbolos de prefijos no pueden usarse solos”. Además, si nos fijamos bien, el símbolo K, por sí solo, significa Kelvin, es decir, es el símbolo usado para esa unidad.

Sobre los millones – con M- es habitual ver los símbolos y códigos de monedas con la M antepuesta. Esto es por el prefijo mega- para expresar millones. Así 5MUSD equivale a 5 millones de dólares.

Entonces tenemos está simbología para un nueva realidad. Si bien muchos sabes el significado porque estamos inmersos en este mundo tecnológico, hay una gran parte de las personas que usan las redes sociales todos los días sin saber este tipo de cuestiones y se sienten apenados por preguntar su significado.

En la próxima entrega, seguiremos con la cuestión numérica y hablaremos sobre alguna claves para escribir miles y millones.

Dar abasto o ¡que te den con bastos!

Imposible es no reír cada vez que veo escrita la expresión “No te doy a basto” o simplemente la misma fórmula pero en tres palabras: “dar a basto”. No es cuestión de burla ante el error inminente, sino que si buscamos el significado de basto encontramos que es la carta de la baraja española en la que aparecen dibujados uno o varios garrotes. Por lo que prácticamente nos estaríamos dando de garrotazos si decimos esto.

Dar abasto es la forma correcta de escribir la expresión que significa “bastar, rendir lo suficiente”. Esta locución se utiliza con una connotación negativa.

Por ello, debes recordar que si te encuentras en esa situación en la que no rindes lo suficiente para hacer algo o en la que determinado objeto o persona no lo hace, debe escribirse “dar abasto”.

Ejemplo:

“Los meseros no se daban abasto para atender a todos los clientes”

“Este semestre tengo muchas materias. No me voy a dar abasto”.

De lo contrario te lloverán bastos por ese pequeño error.

Palabras moribundas

Recordando una pregunta que me hicieron hace tiempo sobre si toda palabra tiene su opuesto, recordé que había leído esta en una historia muy vieja. Tan vieja que no recuerdo su nombre. Hablo de aquellas cosas que son de nuestro tiempo presente. Así como hay cosas de antaño, de años pasados, existe cosas de hogaño, es decir, del año presente.

Hogaño. Del latín hoc anno (‘en este año’). “El año presente, en esta época”.

Antaño. Del latín ante annum. “El año pasado, o sea en el que precedió al corriente; en tiempo pasado”.

Si tienes alguna duda sobre temas relacionados con ortografía o redacción puedes enviarla también por correo electrónico fernando_castillo@ucol.mx y con gusto hablaré al respecto.

¡Tostón!

Llámenme viejo o anticuado, pero sinceramente también hay palabras que se extrañan. Afortunadamente me tocó conocer a cuatro de mis bisabuelos y aprendí de ellos muchas cosas, entre ellas palabras que ahora poco usan los niños -como yo en ese momento-, los jóvenes o los adultos menores de 30 años.

Hablo de una palabra que pocos de mi edad han de recordar: el tostón. En mis tiempos de niño, aunque suene a viejo y empolvado, un tostón era una moneda de 50 centavos. Y parece que esto es una realidad en varios países, o al menos eso es lo que la Real Academia Española recopila en los significados de esta palabra. Fuera de “cosa demasiado tostada”, hay los siguientes significados.

1.- Moneda portuguesa de plata.

2.- En México y Nueva Granada era usado para referirse al real de a cuatro.

3.- Era usado para referirse a las monedas de 50 centavos y por extensión, a lo que, en general, vale 50.

En Canarias, moneda que se usó con valor equivalente al de la peseta columnaria.

Pues bien, recuerdo con tonos sepias a mi bisabuelo decirme que me daría un tostón por mecerlo en la hamaca o por leerle cualquier cosa -cuando estaba aprendiendo a leer-.

Esta palabra ahora vendría siendo un arcaísmo, es decir, “algo que ya no se usa en la lengua actual”. ¡Y cómo se va a usar si ya no hay cosas de a tostón en la tienda! ¡Ya no vas por tu chicles Motita y pides el cambio al tendero!

Aunque ya no hubiera cosas “de a tostón” en la tienda,se siguió usando para referir a otras situaciones relacionadas con el número 50. Así, tenemos la expresión “llegar al tostón”, usada para referirse al cumpleaños número cincuenta de cualquier persona. Lo hicimos verbo, tostonear, para referirnos a cuando alguien malbarata sus pertenencias y tenemos al “tostonero”, persona tacaña.

Ejemplo: “Vendió su libro en un tostón, prácticamente lo tostoneó. Se lo vendió al Miguel, ya ves que el es un tostonero de lo peor”.

Hasta nos dio para una expresión usada por el inmortalizado Chavo del 8: “Hay de a 50 centavos, de a tostón y de a dos por un peso”.

Difícilmente encontraremos ahora cosas de a tostón, aunque siempre habrá quien pague un tostón en los bazares, e incluso un tostonero que nos quiera ver la cara. ¡En fin! Estimado lector, ¿recuerda haber comprado en su infancia algo de a tostón? Si es así, envíame un correo con tu lista de a tostón a fernando_castillo@ucol.mx y con gusto haremos una lista en la próxima colaboración.

En contra de versus

Periódicos locales, nacionales e internacionales, así como medios digitales, que se dicen ritualistas del lenguaje, tropiezan día a día con la abreviatura “vs.” que usan todo el tiempo para contraponer dos equipos, América vs. Chivas; dos políticos en campaña, Locho vs. Nacho, y hasta para cabezas como “Interpone Salgado amparo vs requisitos para candidatos independientes”.

La preposición en esencia “contra” es ahora indigna de ser usada en muchos de noticias o en medios digitales, en su lugar, “vs” ha robado ese espacio. Pero ¿cuál es su verdadero significado?

Tanto en latín como en español, contra se dice “contra”. Versus, cuya abreviación es “vs.” Significa “hacia”, por derivación -participio pasado- del verbo vertere que denota “girarse hacia” o “dirigir hacia-. Entonces, el origen nos viene del inglés.

De acuerdo a un artículo publicado por Fabio J. Guzmán, para la Fundación del Español Urgente, versus comenzó a ser usada en los tribunales de Inglaterra a partir del siglo XV en la descripción de pleitos judiciales, separando los apellidos de las partes, con el sentido de que la primera parte al ejercer su acción la dirigía versus (hacia) la segunda parte. Así, Smith versus Jones vino a expresar que Smith había dirigido su acción contra Jones.

Así, sea por pedantería u otra razón, versus desplazó al againts y comenzó a ser usada con ese sentid, al igual que sus abreviaturas vs. y v. La primera -vs.- para los deportes y la segunda -v.- para para las citas jurisprudenciales.

Por eso, pese al uso extendido, se recomienda evitar el empleo del latinismo anglicado versus, especialmente en el lenguaje hablado, y usar mejor “contra”, “frente a” o “en comparación con” según sea el caso.

Para la cuestión deportiva se sugiere el uso de guión, si lo que se quiere decir es “Chivas-América”. Y si se abreviará, hay que colocar el punto abreviativo de la siguiente manera “vs.”.

Buzón del lector

¿tsunami o maremoto?

Tsunami no es sinónimo de maremoto, sino que denota la ola gigante que este produce.

Cesión y Sesión

Cesión: Renuncia voluntaria que se hace de una cosa, acción o derecho en favor de otra persona.

Sesión: 1.- Reunión celebrada por una empresa o institución para tratar algún asunto. 2.- Fase o acto temporalmente acotados en que se desarrolla una actividad o un proceso. 3.- Representación de una obra de teatro o proyección de una película o un programa de cine de las varias que se celebran en un día.

Yolanda Flores: “Me pareció muy interesante su columna. Soy secretaria y la ortografía es muy indispensable en mi trabajo”.

El poder de la palabra

Tristeza sentí hace unos días cuando en una institución, de la cual voy a omitir el nombre, me dijeron que no contemplaban la materia de Desarrollo de Habilidades Lingüística dentro de las carreras que ofrecen, debido a que, según ellos, son competencias con las cuales ya cuentan los alumnos.

Aunque no lo parezca, este es un problema que debe preocuparnos a todos porque, independiente a la carrera que escoja un alumno, siempre -repito, siempre- ocupará de la redacción de textos y para ello es fundamental que desarrollen sus habilidades lingüísticas.

Hablamos entonces de estudiantes de licenciatura que no han desarrollado sus competencias comunicativas, entendidas como la capacidad de usar el lenguaje apropiadamente en las diversas situaciones.

Al puro estilo del flautista de Hamelín, gracias a esas habilidades se tiene el poder de encantar con las palabras. No eres el flautista, claro está, pero tienes el poder de encantar a quien quieras con un solo instrumento que son las palabras.

Las palabras bien usadas son tan seductoras como las piezas más icónica de la música clásica. No te limitan a enunciar cosas, sino a conmover y transformar el texto más opaco en una obra de arte.

Tenemos entonces una gran desventaja en muchas profesiones que, por dar por hecho que un alumno debe traer sus competencias desarrolladas, no se le prestará atención a ese aspecto, aún sabiendo que carece de él. ¿A caso un arquitecto no necesita escribir proyectos? ¿Un ingeniero no necesita redactar informes?

Todos necesitamos de escribir bien y expresarnos con acierto, pues se debe saber en qué medida usar las palabras; la abundancia de términos y de conceptos, abruma; la carencia de vocabulario, empobrece un texto. Nunca los extremos.

Buzón de lectores

Así mismo o asimismo

“Hola, tengo una duda: quiero saber cómo se escribe, así mismo o asimismo. Gracias”

Así mismo, asimismo y a sí mismo. Tres usos diferentes. Las formas asimismo y así mismo se emplean sin distinción cuando su significado es “también” o “además”. Sin embargo, no debe confundirse el “a sí mismo” formado por la preposición “a” el pronombre reflexivo “sí” y el adjetivo “mismo”.

De acuerdo a la Fundación del Español Urgente, también se puede escribir así mismo si se usa como refuerzo “Lo hizo así (mismo)”

Priista o priísta

El término priista no lleva tilde debido a que, siguiendo las normas generales de la acentuación, es una palabra llana terminada en vocal. Además, la combinación “ii” se considera hiato y cada “i” forma parte de una sílaba distinta: pri-is-ta.

Lo explicamos así:

Hay tres tipos de hiatos:

  • Combinación de dos vocales iguales (por ejemplo, Saavedra: Sa-a-ve-dra);
  • Vocal abierta + vocal abierta distinta (teatro: te-a-tro);
  • Vocal abierta átona más vocal cerrada tónica o viceversa (aúllan: a-ú-llan).

Las dos reglas para acentos ortográficos de los hiatos son muy simples: La primera, los hiatos de los dos primeros (1 y 2) siguen las reglas generales de acentuación. La segunda, todas las palabras con hiatos del tercer tipo llevan tilde.

La palabra priista tiene un hiato (ii) del primer tipo (dos vocales iguales). En ese caso, por tanto, se sigue la regla general: las palabras graves o llanas -priista lo es- terminadas en vocal no se acentúan ortográficamente.

Uso de la tilde en la conjunción disyuntiva “o”

Hace pocos días me tocó escuchar una conversación en la que salió a colación el tema de la conjunción disyuntiva “o” y el uso de la tilde en ella. ¿Cuál era la forma correcta de escribir? Con tilde o sin tilde, solo entre números o siempre con tilde, etc.

Anteriormente, la Real Academia Española recomendaba usar la tilde en la conjunción disyuntiva “o” cuando iba entre cifras para no confundirla con el número cero. Ejemplo: No sé si te debo $3,400 ó $4,300 pesos.

Este uso diacrítico de la tilde, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, no tiene justificación prosódica alguna, puesto que, como conjunción, la o es siempre átona, de forma que solo se sostenía por razones puramente gráficas. Sin embargo, estas razones no parecen suficientes, ni en la escritura mecánica, hoy general gracias al empleo de computadoras, ni en la manual, ya que tanto los espacios en blanco que flanquean la conjunción o como su diferente forma y menor altura que el cero (la letra o, el número 0) hacen prácticamente imposible su confusión real en la práctica.

Por lo tanto, a partir de esto, la conjunción “o” se escribe siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona, y con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos.

Y tomando como tema del momento, la primera obispa de la Iglesia anglicana, se recuerda que la palabra iglesia se escribe con mayúscula inicial cuando hace referencia a la institución eclesiástica , pero los adjetivos que acompañan este sustantivo van con minúscula. Es decir, se escribirá “la Iglesia católica” o “Iglesia anglicana”. Por otro lado, se escribe con minúscula la palabra iglesia cuando se refiere al edificio en el que se consagran los fieles. “Fuimos a la iglesia”, “Somos fieles de la Iglesia católica”.

Además, también es importante recordar que se prefiere el uso de “obispa” sobre las formas “mujer obispo”, “mujer obispa”, “obispo mujer” o “la obispo”. Las fórmulas antes mencionadas suponen construcciones redundantes e innecesarias puesto que el género femenino ya está expresado en la terminación “a”. Sobre “mujer obispo” y “la obispo”, aunque no son formas inadecuadas, resulta preferible regularizar el femenino en obispa, que goza ya de cierto uso entre los hablantes.

Por último, jamás se usará este u otros cargos eclesiásticos con mayúsculas, ya que son cargos comunes y corrientes como presidente, gobernador, secretario general y diputado, entre otros

Quizá, quizás

Quizás sea lo correcto o quizás no. Esta es la peor duda para ti querido lector, puesto que la incertidumbre del adverbio de la duda, de la posibilidad, “quizá” representa un gran reto.

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, ambas son correctas. Sí, así como lo lees. Tanto quizás como quizá son correctas, no hay problema en usar una u otra. El problema, aunque no deberíamos llamarle así, radica en que se le añadió la -s al final debido a su similitud con otros adverbios terminados en -as. Así, tenemos atrás, además, apenas, jamás y mientras, entre otros.

La Fundación del Español Urgente recomienda usar quizá sobre quizás. Sin embargo, y aunque e pueden usar indistintamente, hay una norma no escrita que dicta el uso de ambas: preferir una u otra, dependiendo de que la palabra que sigue comience con consonante o vocal.

Ejemplos:

Quizá todo este tiempo lo estábamos esperando.

*Aquí vemos el uso de quizá ante una palabra que comienza con consonante.

Quizás amanezca más temprano hoy.

*En este ejemplo vemos el uso de quizás frente a una palabra que comienza con vocal.

El tiempo que mejor le sienta a este adverbio es el subjuntivo, es decir, el modo de la irrealidad, lo hipotético, dudoso posible o deseado.

Se trata de un adverbio de procedencia latina, cuya huella también quedó plasmada en el italiano, bajo la palabra chissà. Existen otros adverbios de duda o locuciones adverbiales pero quizá la mejor forma de usar éste, si no se tiene otra opción al instante, sea sin -s al final.

Periodismo con muletas

Cuántas veces más tendremos que sufrir los lectores con esas molestas, incómodas e inútiles muletillas que día a día se arraigan más en el vocabulario de los comunicadores de prensa escrita, televisión y hasta noticieros de radio, que las escriben o hablan mecánicamente para adornar información que, al final de cuentas, termina entendiéndose con o sin ellas. Y no solo muletillas, sino también redundancias innecesarias. Parece imposible pensar que son palabras vacías, literalmente, y que solo entorpecen nuestra lectura.

Pero bueno, a todo esto, estarás pensando, ¿Qué es una muletilla? El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) las define como “la voz o frase que se repite mucho por hábito”. Son un recurso oral que, lo crea o no, están pasando poco a poco a la prensa escrita. Según creen los periodistas, sirven para mantener el interés, buscar la comprensión del interlocutor (o lector), aclarar, subrayar o matizar un texto. Sin embargo, hacen todo lo contrario. Lo oscurecen, entristecen y hacen más aburrido de lo que ya puede ser, la mayoría de las veces, una noticia.

Muchas muletillas comienzan como una moda, porque las dice un actor importante, un político de alto rango o alguien a quien se admira mucho. Pero esto no significa que esté bien. Es simple esnob. En el medio en el cual se mueven los periodistas, por ejemplo, denotan torpeza y pobreza lingüística; falta de léxico para comunicarse.

Aquí algunas de las más usadas y que menos debemos usar:

El vital líquido. Esta muletilla es usada para hablar del agua potable. La mayoría de las veces se usa como sinónimo, según refieren algunos. Alguien, fuera de su sano juicio, comenzó a usar esta perífrasis y otros, como borregos, le siguieron al precipicio. Se encuentra tan gastada como tonta.

Producto de. En muchos periódicos abunda esta inútil muletilla. Cualquier incidente, decisión ejecutiva, acuerdo ¡vaya! todo lo que deriva de otra cosa es para los periodistas “producto de”. Por ejemplo, “producto de la delincuencia en Michoacán”, “Producto de los acuerdos entre”, “Producto de la desigualdad”. Y por qué no, en este caso, “producto de la ignorancia lingüística”.

El mismo. Cuando los periodistas hablan sobre alguien que ya han mencionado en su texto, y no quieren mencionar de nuevo, suelen usar “el mismo”. ¡Error! Ejemplo: “El gobernador visitó la ciudad después del sismo. El mismo se encontraba fuera cuando ocurrió la catástrofe”. Si la omitimos, ¡No pasa nada! ¡No se muere ni se le cae nada a nadie!

Así lo (verbo) + nombre de la persona. Este caso muy particular suele utilizarse mucho para las declaraciones de políticos. Cuando uno de ellos concede una entrevista, en automático, los comunicadores usan el “así lo declaró (el cargo que sea)” y es tan obsoleta como las anteriores. Simplemente se puede decir quien lo dijo sin el “así lo”, específicamente. ¡Iniciativa, señores!

No obstante lo anterior, hay muletillas que sí son útiles. Ejemplos sobran también, lo reconozco; que sí matizan el texto y dan pie a una idea.

  • De alguna manera;
  • De hecho, realmente, obviamente;
  • En cualquier caso;
  • En este sentido.

Son de mucha ayuda, claro está, pero muchas de estas muletillas no son del español. Lamento decirles que son traducciones del inglés. ¿Por qué? Porque son más necesarias, al tratarse de un idioma escueto, que necesita de esos elementos para desenvolverse bien.

 La muletilla no es una frase equivocada, sino usada con exceso y mal gusto. Muchas veces complica el discurso. Se podrá imaginar por qué recibe ese nombre. Está en lo cierto, porque funcionan como muletas, como un “bastón utilizado para apoyarse al andar a personas que tienen alguna dificultad”, en este caso, una carencia lingüística.

Hablar claro, limpio y con sencillez no significa utilizar dos o tres palabras sin sentido, sino hacernos entender.


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Entre fechas y formatos

Comenzamos este 2015 con un tema que atañe a todo tipo de textos. Aunque la Real Academia Española recomienda la fórmula “día + mes + año” (30 de agosto de 2015), existen otras formas de escribir las fechas; depende en su mayoría al formato o normas –como las normas ISO, que recurre al orden inverso cuando se trata de textos científicos o de circulación internacional-.

Te aconsejo escribir las fechas de las tres formas siguientes, pero recuerda que dependen del carácter de tu texto será el tipo de fórmula que usarás.

Con letras

La opción de fechas con letras se limita a documentos solemnes, escrituras públicas, actas notariales o cheques bancarios.

Así, el día debe escribirse normalmente con el ordinal en Latinoamérica y con el cardinal en España. Ejemplo:

  • “Primero de julio de mil novecientos ochenta y nueve”,
  • “Uno de julio de mil novecientos ochenta y nueve”. 

Letras y números

Este es el formato clásico y casi estandarizado para diversos textos. En lo personal, lo prefiero sobre el anterior.

  • “6 de julio de 1989”,
  • “8 de agosto del 2014”.

Nota: El mes siempre debe escribirse con minúscula inicial. Como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas, no se usa el artículo “del” en los años comprendidos entre 1101 a 1999. A partir del 2000, existe una tendencia por ese artículo, así que te recomiendo usarlo sobre “de”.

Solo números

Existe una fórmula “día + mes + año” formada solamente con números. Para ello, las cifras de “día, mes y año” deben ir separadas por guiones, barras o puntos, y sin espacios entre sí:

  • “8-6-1989”,
  • “5/7/1989”,
  • “12.9.1989”.

Nota: Te recomiendo no anteponer, salvo por imperativos técnicos, un cero a la cifra del día cuando sea inferior a 10. Ejemplo: Mejor “5-6-1989” que “05-06-1989″. Además puedes escribir el mes en números arábigos o romanos (“5/6/1989” o “5/VI/1989”) y el año puede aparecer con las cuatro cifras o solo con las dos últimas.

Y aunque las fechas escritas íntegramente con números cada vez es más usada por la norma ISO 8601, no es correcto emplearla en fechas alfanuméricas.

Generalidades

  • El formato básico es “aaaa-mm-dd”,
  • Los años deben tener cuatro cifras, los meses dos y los días también dos
  • Hay que añadir un cero si el valor es menor de 10,
  • Para los años anteriores a la era cristiana se emplean números negativos;
  • Los meses van de 1 (enero) a 12 (diciembre),
  • Y los días de 1 a 31 (o menos, según el mes).

 

 

 

¡Porque nos gusta negar dos veces!

Llueven por montones las dudas cada vez que sale a colación el tema de la doble negación que se produce en el español, cuando se emplean en un mismo enunciado dos partículas negativas. Por ejemplo: No hay nadie en casa. Hay quienes dirían que si no hay nadie, entonces sí hay alguien. Pues no.

 

Y es que así lo evidencia -para muchos- el axioma negativo + negativo = positivo. En matemáticas quizás, y en lenguas como el inglés donde es imposible decir I don´t want nothing sino que debe ser I dont want anything. Es decir, si el verbo -en el caso del inglés- está en negativo, los demás elementos deben estar en positivo.

 

En español existe un esquema muy particular de negación que permite usar el adverbio “no” con otros elementos que también son de corte negativo. Así, adverbios como “nunca, jamás y tampoco”; los indefinidos “nadie y ninguno”; la locución en “la/mi/tu/su vida”, y los grupos que contienen la palabra “ni” aparecen en oraciones negativas.

 

  1. No lo había visto nunca;
  2. No he estado jamás cerca de tu casa;
  3. No lo conseguirás en tu vida;
  4. No lo perdonará ni Dios.

 

Ojo, si los elementos anteriores van antes del verbo, no van acompañados de la negación “no”.

  1. Nunca lo había visto;
  2. Jamás he estado cerca de tu casa;
  3. En tu vida lo conseguirás;
  4. Ni Dios lo perdonará.

Tal vez ahora veas un poco de lógica en los enunciados, pero te estás preguntando ¿Por qué? Sencillo. Existe algo q         ue se llama concordancia de polaridad, que está dentro de la concordancia gramatical.

Primero, la concordancia gramatical es un recurso por el cual las lenguas marcan las relaciones gramaticales entre algunos constituyentes sintácticos, es decir, entre alguna palabra o conjunto de palabras, mediante referencias cruzadas. Esto es que según la posición determinada dentro de una oración, tomará un rasgo particular para que “concuerde”. A su vez, hay diferentes tipos de concordancias.

  1. Nominal: coincidencia de género y número;
  2. Verbal: coincidencia entre número y persona gramatical;
  3. De polaridad: llamada doble negación.

Esto es muy fácil de entender si vemos los enunciados anteriores de la siguiente forma:

  1. Lo había visto nunca;
  2. He estado jamás cerca de tu casa;
  3. Lo conseguirás en tu vida;
  4. Lo perdonará ni Dios.

El sentido se pierde y las oraciones son incoherentes, ¿verdad? Lo mismo sucede si vemos el siguiente ejemplo:

  1. Nunca lo había no visto;
  2. Jamás he estado no cerca de tu casa;
  3. En tu vida lo no conseguirás;
  4. Ni Dios no lo perdonará.

Ahora parece que algo nos sobra, ¿cierto?

Así es nuestro idioma. El unir varios adverbios de negación no anula el sentido negativo de una frase, sino que lo acentúa. Olvida ya eso de “negativo + negativo = positivo”, no son matemáticas.

Y para que tanta palabrería no te confunda, estimado lector, simplemente recuerda: si los adverbios anteriores van antes del verbo, no debe ir acompañado de “no”. En cambio, si van después del verbo deben llevar “no”.


 

Si tienes alguna duda sobre temas relacionados con ortografía o redacción puedes enviármela a fernando_castillo@ucol.mx y con gusto hablaré al respecto en el siguiente número.

*Editor y Licenciado en Lingüística por la Facultad de Letras y Comunicación.

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