¿Qué idiomas hablas y cómo han influido en tu vida?
Siempre he creído que hablar más de un idioma no es solo abrir la mente a universos diferentes. Como alguien que vive el lenguaje no solo como una herramienta de comunicación, sino como una profesión, mi respuesta va mucho más allá de una simple traducción de palabras. Cada lengua configura de manera distinta la mente, la creatividad y la identidad. No es solo aprender gramática o vocabulario, sino acumular diferentes formas de observar, narrar y entender el mundo.
El español es mi lengua materna. Después, a los 7 u 8 años de edad, aprendí italiano gracias a una serie de casetes de audiocursos. Más tarde, durante mi proceso académico, llegó el inglés, y también un poco de francés —no mucho—; herramientas que usé, más que nada, en la universidad para traducir textos analíticos sobre mi carrera.
Aunque el inglés inició como una herramienta puramente académica, hoy se ha convertido en mi realidad tras mudarme a un país angloparlante. Vivir inmerso en la cotidianidad de una gran urbe estadounidense me ha hecho redescubrir este idioma desde lo diario. El inglés me ha enseñado sobre la síntesis, la practicidad y la resiliencia; es el puente que me permite conectar mi pasado con mi presente en un entorno multicultural.
Del francés, aunque solo sé lo básico, alcanzo a percibir su sensibilidad artística y literaria única. Hay una cadencia y una elegancia en su estructura que me parece fascinante.
Por otro lado, el italiano es, por excelencia, el idioma del oído. Para alguien que encuentra en la música y en la producción sonora una forma de vida, el italiano se siente como una composición constante. Su fonética, su expresividad y su calidez me recuerdan que el lenguaje está hecho para ser cantado y sentido antes de ser analizado. Amo la música italiana y he tenido la fortuna de leer a varios de sus autores en su idioma original.
Al final, hablar estas lenguas ha influido en mí de una manera profunda. Aunque a veces me siento fragmentado en diferentes formas de pensar, también sé que proceso la información por múltiples vías. Me permite leer el mundo sin esperar una traducción, porque, al final, hay cierta cadencia en la manera de escribir en otros idiomas que inevitablemente se pierde cuando intentamos trasladarla a otra lengua.






Deja un comentario