Quiero agradecer profundamente a todas las personas que se tomaron un poco de su tiempo para felicitarme el día de mi cumpleaños, o incluso después. De verdad, gracias.
Quizás no fueron mensajes masivos, pero fueron exactamente las felicitaciones que esperaba de las personas que esperaba.
A veces, uno cuenta con miles de amigos en las redes sociales, pero la realidad es que se pueden contar con los dedos de una mano aquellos que recuerdan perfectamente las cosas que pasan en el tiempo que llevamos conociéndonos. Quienes se toman el espacio para felicitarte de corazón, sin necesidad de que un algoritmo se los recuerde, son los amigos reales; esos que están ahí para apoyarte en las buenas y en las malas.
Al final, cumplir años también es un ejercicio de depuración y gratitud. Me quedo con la fortuna de tener un círculo pequeño, pero incondicional. Gracias por estar.








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