Por Fernando Castillo
Como fanático de Resident Evil desde 1999, cuando conocí el miedo de ser atacado por Nemesis en las escaleras de la comisaría en Resident Evil 3: Nemesis, me resulta imposible mirar la nueva película de Zach Cregger sin una mezcla de admiración técnica y profunda frustración conceptual.
Lo diré de forma directa: si Zach Cregger le hubiera puesto a esta película cualquier otro nombre —no sé, «El ataque de los zombis en la nieve» o algún nombre conformado por una o dos palabras, como suele hacer—, estaríamos hablando de un 10 de 10 absoluto dentro del cine de supervivencia y horror apocalíptico.
Sin embargo, cometió el error de meterse con una de las franquicias más emblemáticas y apasionadas del mundo de los videojuegos.
Un guion disfrazado de Resident Evil
Mi crítica no nace del capricho de un fan, sino de la propia génesis del proyecto. El mismo Cregger reveló que ya tenía la base de este guion terminada entre mediados de 2023 y 2024, justo en el periodo de transición tras el impacto de Barbarian (2022) y antes de rodar Weapons (2025). De hecho, él mismo llegó a admitir en entrevistas que esta era una historia de terror que habría querido escribir independientemente de si conseguía o no los derechos de la marca.
Y eso se nota en cada toma. La película no fue concebida desde sus cimientos para honrar la mitología de Capcom; fue un guion original de horror corporal al estilo de The Thing o Evil Dead II al que posteriormente le adaptaron el nombre de Raccoon City para venderlo a un gran estudio, y dos que tres Easter eggs en algunas escenas, por ejemplo: la máquina de escribir con la que solíamos guardar partida en los memory card; los sprays de curación que se ven en la escena del granero antes de que salte el protagonista; la escopeta sobre la chimenea y la búsqueda de municiones; el uso de candados con llaves de símbolos (como el diseño de diamante); algunas tomas en primera persona como en algunos videojuegos.
Si aislamos la cinta, dejando de lado el peso que representa Resident Evil como franquicia, la propuesta de Cregger es fresca y sumamente entretenida; incluso me hizo saltar dos o tres veces del asiento, cosa que las cintas anteriores de Resident Evil no me habían provocado.
Asimismo, en lugar de poner a héroes indestructibles con capas de protección en el guion, sigue a Bryan, un simple repartidor médico que sufre el terror, ahorra munición, busca llaves y reacciona con pánico e ineptitud real ante el desastre, algo así como nos llegó a pasar a quienes solíamos jugar el videojuego. Me sentí en ese nivel de estrés y me hizo pensar: «¡Rayos! Seguramente yo habría reaccionado igual».
La forma en que traduce la estructura interna de los videojuegos —la exploración minuciosa, la gestión de objetos y el resolver acertijos en entornos claustrofóbicos— demuestra un manejo notable del ritmo y de la tensión cinematográfica.
El problema surge cuando recuerdas el título en la cartelera y el porqué decidiste ir a ver la película. Es casi como una trampa publicitaria. Para la comunidad que lleva décadas siguiendo la saga, la película se siente como una traición al lore:
- Cero personajes icónicos: No hay rastro de Jill Valentine, Leon S. Kennedy, Chris Redfield o el aterrador Nemesis.
- Desdén por la biología de la saga: La infección ni siquiera se trata explícitamente como el Virus-T o Virus-G, prefiriendo mutaciones de masa viscosa y tentáculos más cercanas al horror alienígena.
- Desviación narrativa y tono divisivo: La ausencia de las conspiraciones corporativas de Umbrella y la decisión de incluir momentos de comedia negra o giros ilógicos en el tramo final disuelven la seriedad que la franquicia requiere.
No hay un guion como tal. Estoy seguro de que no habría diferencia entre verla en inglés o doblada al español. No sé mucho de la extensión de los guiones o cómo se organizan, pero estoy seguro de que este en particular se enfoca principalmente en la acción y el suspenso, seguido por un soliloquio de frases repetitivas del personaje principal. Los únicos diálogos profundos se dan cuando decide hablar con la novia o dejarle un audio de despedida.
En Conclusión
Zach Cregger demostró ser un director talentoso capaz de construir una pesadilla de supervivencia impecable, pero al imponerle la etiqueta de Resident Evil a una idea que claramente nació como un proyecto independiente, alienó a la masa de seguidores que esperábamos una adaptación fiel de la historia. Es un espectáculo cinematográfico de primer nivel, pero la franquicia equivocada para contar esa historia.
Sin duda, sería una buena opción para ver en el cine solo para disfrutar de los efectos de sonido; comer unas ricas palomitas, hot dog o nachos y dejar la casa un rato. Si quieres disfrutarla sin prejuicios, no la relaciones con la franquicia de Resident Evil y disfruta de los jump scare.







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