Mientras me tomo un rico café latte en una conocida cafetería local del centro de Colima, para ser más específico, en el andador Constitución, mejor conocido como el Callejón del Caco, escucho una conversación a lo lejos:

-Ayer escuché ruidos en mi patio mi perrito chihuahua no deja de ladrar.

-¡Dios mío! -exclama una señora- ¿Y luego?

-¡Pues me dio miedo salir! recé y recé y ya hoy en la mañana vi que la reja del patio estaba ‘violada’.

-¿Y luego?

-¡Era una de esas ratas de dos patas! Se quiso meter a mi casa, ya no respetan ni las rejas.

-Es que uno tiene que estar enrejado o lo dejan sin calzones-, remata la conversación la señora.

 Y así parece ser la triste historia de muchos colimenses que viven en su propia jaula de oro. Resguardando bajo tres candados -dijeran los Tigres del Norte- y enrejados que poco a poco van siendo “violados” por los delincuentes; “potreando” los barrotes para entrar por las ventanas y robar lo poco que los colimenses tienen y les ha sudado conseguirlo.

 Ese es sólo un caso de entre muchos. Una conocida exvecina de los triángulos fue despojada de nada más y nada menos que $50 mil pesos en pertenencias. Otra, vio morir su perrita luego de ser “enyerbada” para que el ladrón pudiera robarle.

 Pero, la culpa no es de los mexicanos que han optado por cometer delitos. Algunos son casos como el de Jean Valjean, quien roba para alimentar a su familia. Y aunque esto no justifica el robo,  el hecho es que no hay empleo bien pagado para que los mexicanos sobrevivan -digo sobrevivan, porque no se puede vivir bien ni seguro- con lo que ganan. Es la triste realidad: un colimense no puede vivir bien ni seguro con lo que una tienda departamental le paga a una mujer por pasar más de 8 horas de pie poniendo un rostro sonriente a los que van a ver la ropa; un hombre no puede vivir bien ni seguro con lo que gana del taxi o de empleado en una tienda de autoservicio. Muchas -si no es que todas- las veces, marido y mujer deben trabajar para completar una quincena “decente” que pueda llevar el pan a su mesa. Y todavía nos preguntamos por qué hay tanta desintegración familiar y mala educación en los pequeños del hogar.

 Sencillamente no se puede. No se puede si sobre esto, los políticos se regocijan en sus quincenas  que superan los 10 o 20 mil pesos, sus prestaciones, aguinaldos que suman lo que uno o dos colimenses ganan en un año.

 Por eso es que se ha disparado la delincuencia en el estado, los asaltos, plagios y la venda de drogas en las calles reina en muchos hogares de colonias denominadas “focos rojos”. Recuerden lo que escribió hace más de 500 años Maquiavelo, en su tratado político: “La mayoría de los hombres, mientras no se les prive de sus bienes y de su honor, viven felices; entonces, el príncipe es libre para combatir la ambición de las minorías”.

 *Licenciado en Lingüística por la Facultad de Letras y Comunicación. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, director general de Información de El Centinela de Colima, colaborador de la revista Vida & Mujer y Manzanillo News. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx o sígueme en Twitter como @skidder89.