El cazador y el alquimista

Te puedo confesar muchas cosas, contarte cada una de las historias que he vivido. Puedo explicarte lo que he visto desde que se creó y existe “El Todo”; las experiencias que me han cambiado por dentro y por fuera. Sé que una vida no bastaría para aclarar tus dudas, pero tal vez servirá para comenzar una historia que no terminará.

—¿Puedes ver esas tres estrellas? —te comenté mientras mirabas el cielo estrellado conmigo.
—Sí —respondiste naturalmente.
—Es la constelación de Orión. Esas tres estrellas son conocidas como cinturón de Orión.

Lo que daría si pudieras ver más allá de lo humanamente posible, de la limitada belleza a la que están acostumbrados ustedes. Es más fácil decirle “cinturón” que llamarle asterismo y evitar nombrar a Alnilam, Alnitak y Mintaka. No soy bueno describiendo el mundo y los secretos del universo a ojos como los tuyos.

—¿Cómo describirte algo que jamás podrás ver con tus ojos efímeros?

Llámame así, Alquimista, porque será así como me conocerás de ahora en adelante
Y que otros nombres jamás confundan tus sentimientos hacia mí
Llámame así, para que desaparezcan en las arenas de la vida todas tus dudas
Como desapareció alguna vez mi Sphairos
Llámame así, porque es como me recuerdo
Y no sé a dónde ha ido mi sombra

Si me ves aquí y ahora es porque el hado aún no me alcanza y lo que admiras en tu tierra es el reflejo de aquello que el universo proyecta como una reminiscencia.

Hasta hace unos siglos no tenía idea del sufrimiento que podía padecer en vida: Budapest, Londres, Rumania… 1473, 43 d. C., 2009. Pensé que era inmortal y no necesitaría de todo lo mundano. ¡Vaya que estaba equivocado! El hambre no sólo es aquello que nutre el cuerpo. El alma necesita un suspiro cada siglo y el alimento es algo que sólo tú conoces… que sólo tú posees.

Abre los ojos al conocimiento y cierra tus brazos a la ignorancia
Ofrécete a mi, que he cambiado de forma para que me toques
Ofrécete a mi, que he escuchado tus clamores
Ofrécete a mí, después de arrancarme la vida
Después de hacerme el plato principal de tu infame festín

Y si pronto terminaras conmigo, como Judas cuando vendió su amor, erraré hasta mi próximo retorno esperado… transmutaré en eso que evoca tu memoria cada vez que admiras el cielo.

Publicado por Fernando Castillo

Licenciado en Lingüística, productor de noticias y corrector de estilo.

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