Superar un día de mierda

¿Qué hacer cuando tenemos un día lleno de mierda? Hoy me puse a pensar en ¿cuánta mierda estamos dispuestos a soportar en un día?

Hablando de mierda, me refiero a esas situaciones que se van sumando y al final del día, lo único que hacen es restar ánimos y ganas de seguir.

La verdad es que no tuve un buen inicio de semana y no creo en eso del comenzar el día con el pie derecho. Eso no nos dará el éxito deseado porque sino ¿Qué hacemos los zurdos? ¡Jamás me he fijado con qué pie comienzo el día!

Definitivamente los desaciertos de hoy me hicieron cuestionarme lo siguiente:

  • ¿Qué estoy haciendo mal para obtener tanto descontento?
  • ¿Me estoy convirtiendo en una persona intolerante?
  • ¿Estoy rodeado de pendejos e ineptos todo el tiempo?
  • ¿Cuánto más voy a soportar hasta que decida salir corriendo?
  • ¿A qué debo renunciar?
  • ¿Cuándo debo salir corriendo de este sitio?

Y se vienen en cascada más preguntas a mi mente conforme le doy vueltas al Cubo de Rubik, sin conseguir acomodar un solo lado del mismo color.

Pero, ¿por donde comenzar? En internet encuentras de todo tipo de consejos pendejos y planteamientos fantasiosos:

  • “¿Qué hace la gente efectiva?”
  • “Consejos de un hombre exitoso”
  • “Cinco secretos para tener éxito”

¡Claro! Y no podemos olvidar el dicho botón de “voy a tener suerte” de Google que nos manda a puros links pagados por gente que quiere ser vista.

Llega el momento en que, basado en los descontentos del día, sientes que cada risa, mirada y cuchicheo, son en tu contra. ¿Te confieso algo? ¡Aléjate de todas esas situaciones! Personas valiosas pueden salir dañadas por tu malhumorado carácter, producto de algo que ni siquiera entiendes.

¿Hay que depurarnos de todas esas situaciones? Sí.
¿Dejamos de lado los aspectos negativos? Tal vez.

No debemos dejar que esto nos gobierne. Si esto sucede, podemos terminar recalando con nuestra pareja. Y, siendo honestos, esto nos hará sentir más miserables al día siguiente; nos hará regresar con el rabo entre las patas pidiendo perdón de una forma tan estúpida que nos sentiremos pendejos.

Antes que nada, date 5 minutos a solas. Vete a un lugar solitario: busca una cafetería, cómprate un café negro y vete a un estacionamiento, súbete al último piso de un edifico -si es la azotea, mejor-. Aunque no seas religioso, siéntate en una iglesia y ve fijamente un punto cualquiera.

Tal parece que se nos ha olvidado meditar. Internate a una biblioteca -no librería- y siéntate en medio de todos. Toma un libro que no entiendas y conversa contigo mismo en silencio. Tsss, sí funciona ¡Eh! Los museos o casas de la culturas son una buena opción.

Lo acepto, Tuve un día de mierda, y mi solución fue alejarme de todo; salí corriendo de la oficina, me fui a la casa que acabo de comprar y me puse a regar el pasto y me dio la oportunidad de meditar.

No hay frase o pensamiento filosófico que te haga mantener la calma en situaciones en las que sujetar una bolsa de papel y respirar en ella o acariciar un gato pueda lograrlo. A veces sólo basta desahogarse con alguien, sin que sea contradictorio, alguien al final de cuentas debe pagar los platos rotos escuchando tus lloriqueos… ¡Sí! Has de saber que son lloriqueos, no de niñita o bebé – eso es demasiado sexista-; son lloriqueos de pendejo, porque lo haces por pendejo. Sabes cuál es la solución y aún así te empecinas en seguir ahí.

 

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