Se acabaron los días en los que me visualizaba dando vueltas contigo en la costa de Long Beach. Dejo libre esos días de verano mientras escucho Empty Apartment. Y resuena ese verso agudo, lleno de preguntas sobre mí, en ti:

How’s your life, what’s it like there?
Is it all what you want it to be?
Does it hurt when you think about me?
And how broken my heart is 

Qué ingenuo. El calor ahoga mi esperanza, depositada en tus palabras llenas de tu nada; alcanzadas por el odio que trataba de dejar atrás de mi mano frente a tu puerta, antes de partir y decirte “Me pierdo en la inmensidad del universo, descalzo y sin pedazos de tu alma”. Pero no, no mereces ese desprecio. No mereces nada, eso es sólo para quien en verdad amé. ¿Amar? ¿Sabes cuánto daño me hace pensar en la duda que siembran tus “te quiero” dentro de mi cerebro?

Mis palabras sólo rozan tus oídos. No me preocupa si las entiendes o no, es sólo que ahora más que nunca he decidido abrir el puente que había bloqueado entre mí y el mundo que intentó entrar alguna vez a mis ideas. Esas ideas que jamás vendí al mejor postor de cuentos, al mejor redactor de novelas o al mejor cronista de pensamientos. Se escriben solas, salen sin ser pensadas… “piensa antes de hablar” no “habla sin pensar”. No hay diferencia para mí porque no me arrepentiré de lo que ahora escribo, no por ti, sino por mí y lo que seré algún día detrás de esa puerta a la que nunca te di acceso, a la que nunca te di la llave.