Por Fernando Castillo

Hay una noche en el año en que el viento huele a tierra húmeda y a humo antiguo. Es la víspera de Samhain y el Día de Muertos: el momento exacto en que la Rueda gira hacia la sombra y el velo entre los mundos se vuelve tan delgado como una hoja seca.

Esta noche no busco la fuerza vertical de los árboles ni la expansión de la primavera. Hoy mi diario se abre para registrar el arte de recordar y soltar.

El Guardián Dorado y las Hierbas de Tránsito

Para esta velada, el altar no se viste de verde vivo, sino de los tonos del crepúsculo y la memoria:

Cempasúchil y Caléndula (Las Flores del Camino): Sus pétalos dorados encierran el último calor del sol de verano. Colocadas en la entrada de la casa o en el altar, su aroma penetrante no solo guía a los espíritus de nuestros ancestros de regreso a la mesa, sino que nos recuerda que la belleza también florece en la antesala del invierno.

Copal Blanco y Artemisa (Los Aclaradores del Velo): Al arder sobre el carbón, la resina de copal eleva las oraciones y limpia las tristezas que quedan del año agrícola que muere. La artemisa, quemada en pequeñas cantidades, aporta serenidad al ambiente y agudiza la intuición para escuchar los mensajes del linaje.

Raíz de Valeriana o Ciprés (Los Pacificadores del Duelo): Nos ayudan a apaciguar el dolor por las ausencias físicas, recordando que en la naturaleza nada se pierde, solo se transforma.

El Cierre de la Cosecha y la Ofrenda Silenciosa

En lugar de hacer un ejercicio largo, esta noche me siento a la luz de una sola vela amarilla o naranja con tres preguntas sencillas escritas en mi libreta:

  1. ¿A qué ancestro o ser querido he dedicado hoy mi gratitud por lo que soy?
  2. ¿Qué fruto de este año ya maduró y debo guardar en el granero de mi alma?
  3. ¿Qué hoja muerta de mi vida debo dejar caer esta noche a la tierra para que se convierta en abono?

Antes de dormir, dejo en la ventana un vaso de agua limpia, un trozo de pan o fruta estacional y una pizca de copal encendido. Apago las luces de la casa y permito que la noche haga su trabajo: abrazar la oscuridad con respeto, sabiendo que bajo la tierra fría, las semillas ya sueñan con la próxima primavera.


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