Recientemente comencé a buscar información para mi próximo artículo sobre migración digital y me topé con esta frase en un video de TikTok creado por Garrison Marcott:
“Cada vez que la inteligencia artificial hace algo por ti, tu cerebro no descansa; en realidad, lo que pasa es que comienzas a olvidar”.
Precisamente ese es el significado de “descarga cognitiva”. Lo que la ciencia cognitiva —con investigadores como Evan Risko y Sam Gilbert a la cabeza— define como Cognitive Offloading ha dejado de ser la simple anotación en una libreta para convertirse en la transferencia sistemática de nuestro juicio crítico a los modelos de lenguaje. No solo recordamos menos; razonamos a través de la máquina.
Este fenómeno, que básicamente se conceptualiza como el uso de herramientas externas para reducir el esfuerzo mental necesario para realizar una tarea, se manifiesta en acciones a las que ya estamos habituados. Por ejemplo, escribir listas de compras en aplicaciones de notas con un asistente virtual o confiar las rutas al GPS y usar generadores de texto para escribir o resumir correos electrónicos del trabajo.
Estas acciones ayudan a minimizar el tiempo que tardamos en resolver problemas complejos, disminuyen la ansiedad y aumentan la gestión de flujos de trabajo que tenemos en la oficina o en nuestras actividades diarias. Sin embargo, paralelamente estamos afectando la memoria interna de nuestro cerebro, es decir, reducimos nuestra capacidad para retener información de forma natural a largo plazo.
Haz un pequeño ejercicio de memoria:
Intenta recordar tres números telefónicos, sin mirar la agenda de tu dispositivo, o intenta describir una ruta de tu rutina diaria, mencionando calles y dónde dar giros para llegar a tu destino, sin mirar tu GPS. ¿Cuál fue el resultado?
Aunque parezca algo inofensivo, comúnmente catalogado como “flojera”, estamos creando una dependencia total de las herramientas digitales, convirtiéndonos en presas vulnerables y con grandes desventajas si somos despojados de nuestros dispositivos tecnológicos.
Esta fragilidad humana fue expuesta en 2012 en una serie de televisión titulada Revolution:
“Vivíamos en un mundo eléctrico, todo dependía de la electricidad, y de repente, se fue. Todo dejó de funcionar y no estábamos preparados. El miedo y la confusión dieron paso al pánico. Los más afortunados escaparon de las ciudades. Cayeron los gobiernos. Las milicias tomaron el poder controlando los alimentos y acaparando las armas. Seguimos sin saber la causa del apagón, pero esperamos que aparezca alguien y nos muestre el camino”.
Aunque nos lleva al extremo y lo radical, el punto de la humanidad en un mundo postapocalítico, la serie nos plantea una visión de cómo colapsa la civilización moderna de golpe. La humanidad no solo pierde sus agendas digitales y mapas basados en GPS, sino que evidencia cómo la sociedad se fragmenta y cómo unos cuantos intentan desesperadamente recuperar la energía y, por ende, la comodidad de la era digital.
La pregunta clave ante la tendencia deliberada de confiar la memoria, la estructuración de ideas y nuestra toma de decisiones a un sistema basado en inteligencia artificial es: ¿Podremos encontrar un equilibrio saludable entre la descarga cognitiva y la retención activa de la memoria?
El objetivo no es recriminar el uso de la inteligencia artificial o la automatización de procesos, sino analizar cuándo fue la última vez que hiciste estas actividades sin asistencia. Sobre todo, porque el proceso de integración de la inteligencia artificial a nuestra vida y rutina diaria ha sido completamente involuntario; no decidimos activarlo en nuestros buscadores o teléfonos inteligentes, simplemente fue integrado como parte de nuevas actualizaciones y como parte del nuevo entorno digital en el que vivimos.
La inteligencia artificial puede ofrecernos síntesis en cuestión de segundos y una redacción impecable, pero carece del ojo analítico y la experiencia personal de aprender a base de intuición, prueba y error.
Si la Primera Gran Migración Digital (durante la pandemia) nos forzó a adoptar la red, la Segunda Gran Migración Digital nos exige ahora aprender a conservar la soberanía sobre nuestros procesos cognitivos. No se trata de rechazar la herramienta, sino de recordar que la inteligencia artificial debe ser un amplificador del pensamiento humano, nunca su sustituto.
Referencias consultadas
- Castillo Ochoa, L. F. (2021, 22 de enero). La era de la Primera Gran Migración Digital. Palabras Prohibidas.
- Kripke, E. (Creador). (2012–2014). Revolution [Serie de Televisión]. Bad Robot Productions / Warner Bros. Televisión.
- Marcott, G. (2024–2026). Reflexiones sobre la Inteligencia Artificial y la pérdida de memoria [Video de Tik Tok]. Enlace: tiktok.com
- Risko, E. F., & Gilbert, S. J. (2016). Cognitive Offloading. Trends in Cognitive Sciences, 20(9), 676–686. Enlace:
*Licenciado en Lingüística por la Universidad de Colima. Escríbeme a lcastilloochoa@gmail.com.







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