A veces cuando conozco a una persona puedo oler su interior. Suena algo descabellado pero hay sensaciones dentro de cada ser humano que no todos percibimos. Puede ser un olor agradable, como la lavanda o el agua de rosas, o un hedor tan desagradable como el estiércol o a tripas de animal putrefacto.

Y esto, para mí, se traduce en una amistad sincera o una completa hipocresía mal intencionada. Así hay muchas personas que han pasado frente a mí, que se han quedado o se han ido de largo, como dicen vulgarmente, sin tocar baranda.

Es para mí una persona hipócrita aquella que profesa virtudes que no respeta y que asegura la ventaja de parecer aquello que desprecia. Pero, ¿por qué una persona hipócrita apesta y contamina el entorno donde se presenta?, ¿por qué una persona hipócrita hiede a estiércol o animal putrefacto?, ¿qué tiene su alma dentro que lo hace contaminar el ambiente con su desesperante necesidad de ser aceptado en un lugar donde evidentemente no es bien recibido? Es porque es un agitador, una persona que viene a derrumbar la felicidad ajena por algo que no posee, por algo que desea y no puede tener.

Pero qué más se puede esperar del alma de un usurpador y déspota, nada más que hipocresía y una gran antipatía, entendida como ese sentimiento que me genera el amigo de un amigo, amigo que por cierto no es bien recibido en mí. Un vil apóstata que rinde sus honores a alguien más habiendo secado la identidad de otro al que alguna vez llamó “amigo”. Vil sanguijuela chupasangre que va de persona en persona causando incomodidades, que genera problemas y rupturas.

Debo reconocer que muchas veces me equivoco. Un sujeto cuya alma puede oler a rosas frescas puede ser o no ser. Cuando da de sí lo que realmente es, el término correcto para referirme a él es “lobo con piel de oveja”, que se acerca con el hijo del sofisma y nieto de la mentira. Digo esto porque muchas veces hay quienes logran un alma impregnada del olor de las rosas gracias a todo el estiércol que traen dentro, mismo que funciona como abono para encubrir una delirante necesidad de ser alguien que no es.

Si por ver las cosas como son y no como deberían ser soy un miserable cínico, llámame cínico si quieres. No es más que un circo montado ante tus ojos, en todo el sentido de la palabra. La diferencia es que en este eres tú el espectador, y yo el animal que, plantado al centro de la pista principal se me permite verte como un hombre más en el papel de tonto.

No quiero parecer más altivo y orgulloso de lo que ya parezco, sólo espero que tomes a consideración la preponderancia de tu cerebro sobre la de tu corazón, órgano inútil que bombea emociones y sentimientos. ¿Bonita fantasía no? ¡Resabio universal!

 

 

Reposez en paix, sans rancune