Hace días fui víctima del mal servicio de transporte público que impera en el estado de Colima. Al igual que otros colimenses tengo la necesidad de utilizar el servicio de transporte público para trasladarme de mi casa al trabajo u otras direcciones en mi jornada laboral diaria. Y aunque tengo otras opciones, como la bicicleta, siempre es bueno contribuir con la economía local y para disminuir la contaminación por usar un vehículo por habitante en el estado.

El hecho sucedió hace unos días cuando tomé un taxi en la avenida Independencia, perteneciente a la zona 5-C, para trasladarme a la colonia Real Hacienda, en la zona 5-A. De acuerdo al tarifario interactivo que ofrece la Secretaría de Movilidad de Colima en su sitio web (www.semov.gob.mx), el costo de este viaje es $25.00 (veinticinco pesos). Sin embargo, al momento de terminar el viaje, el taxista me informó -previa pregunta- que el costo era $35.00 (treinta y cinco pesos).

Pese a que le mostré el tarifario, el conductor se mostró insistente y después de decirle tres veces que me estaba cobrando de más, accedió a regresarme sólo $5.00 pesos. Cuando le reiteré que el costo era inferior, decidí pedirle sus datos para hacer el reporte correspondiente ante la Secretaria de Movilidad.Tras negarse a darme sus datos, me cuestionó de la siguiente manera: “¿Por cinco pesos me vas a reportar?”, después de decirle que sí, se limitó a decirme “¡Te pasas de pendejo!”. Después de esto, me regresó otros $5.00 pesos, dejando el cobro en $25.00 pesos -la tarifa correcta-. Mi primera reacción fue decirle “Te pasas tú, ¡Yo qué!”. Después de esto espetó algunas excusas como que el combustible está muy caro, la distancia que el se trasladó, para finalmente desponder “¡Pues chinga tu madre!”. Molesto, también le respondí “Pues chinga la tuya” y me bajé del taxi. Como si de buscar pleito se tratara, puso el freno de mano de su unidad, no sé si para descender o qué. No le tomé importancia y me metí a mi domicilio.

Jamás me habían agredido verbalmente por reclamar un cobro adecuado en un servicio con tarifas establecidas. No es el dinero lo que duele al bolsillo, sino la majadería con la que los conductores creen tener derecho a tratar a los clientes. Movido por esto, decidí poner mi denuncia ante la Secretaría de Movilidad. Lo narrado anteriormente fue lo que declaré al encargado en el teléfono 31-3-98-88 ext. 111.

Es importante precisar que aunque no deseemos dañar a nadie, los agresores deben hacerse responsables de sus actos. De lo contrario, no deberían actuar así.

Después de dos días, localizaron al taxista responsable y fuimos citados en la Secretaría de Movilidad, ambos por separado, para dar nuestras declaraciones. Se escuchan ambas, partes y se dictamina qué se hará con el chofer. es importante señalarles que por motivos de seguridad y privacidad de los usuarios, las declaraciones son por separado y jamás cruzas mirada con el chofer. En mi caso, decidí verlo directamente porque no tengo ningún inconveniente en que sepa que fui yo quien denunció. Su versión, distaba mucho de lo que había pasado: decía que yo había azotado la puerta, que intenté hacerlo que me cobrara una tarifa inferior a lo que era (20 pesos, a su forma de ver las cosas). Sin embargo, el hecho fue que al no portar tarifario ni su gafete a la vista, se hacía acreedor de dos sanciones, además de la de agredir al pasaje. Es decir, tres sanciones que van directo a su expediente, donde se suman las de otros usuarios que lo hayan denunciado. Con esto se genera un expediente que es tomado en cuenta por si deseara pedir una concesión de taxi o incluso para trabajar posteriormente con otro concesionario.  Como dato extra, debo agregar que, asesorado por un abogado, también se puede interponer una denuncia por agresión verbal, y este expediente de la Secretaria de Movilidad apoyaría la parte de la evidencia.

De forma personal les doy los siguientes consejos para que no tengan miedo de hacer valer sus derechos y denunciar este tipo de hechos para mejorar nuestro servicio de transporte público. Primero, antes de subir, tomen el número del taxi y a qué base pertenece; después verifiquen que el gafete esté a la vista y tomen el nombre del taxista. Si este no lo porta, recuerde bien la hora a la que tomó el taxi y de qué a qué punto. La mayoría de los concesionarios tienen dos trabajadores (matutino y vespertino) así que esto evitará que pierdan tiempo citando a ambos.

No hay razón para tener miedo por represalias. Aunque los concesionarios deberían aplicar exámenes psicométricos o de dopaje, muchos no lo hacen. Es tiempo de también tomar nuestra responsabilidad y dejar de encargar todo a la Secretaría de Movilidad o al concesionario. Aunque ellos son quienes sancionan, está en nuestras manos reportar estos hechos, ellos no son adivinos. Y si estás pensando en que quizás esa persona pueda ser despedida o tenga familia que mantener, también debemos analizar que si valora a su familia o su trabajo se debería conducir con amabilidad y respeto a los usuarios, porque de ellos vive y mantiene a su núcleo familiar.

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*Licenciado en Lingüística por la Facultad de Letras y Comunicación. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, director general de Información de El Centinela de Colima, colaborador de la revista Vida & Mujer, Colima XXI, El Comentario Semanal y Manzanillo News. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx o sígueme en Twitter como @skidder89. También puedes consultar mis columnas en http://www.palabrasprohibidas.com.