Hace pocos días me tocó escuchar una conversación en la que salió a colación el tema de la conjunción disyuntiva “o” y el uso de la tilde en ella. ¿Cuál era la forma correcta de escribir? Con tilde o sin tilde, solo entre números o siempre con tilde, etc.

Anteriormente, la Real Academia Española recomendaba usar la tilde en la conjunción disyuntiva “o” cuando iba entre cifras para no confundirla con el número cero. Ejemplo: No sé si te debo $3,400 ó $4,300 pesos.

Este uso diacrítico de la tilde, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, no tiene justificación prosódica alguna, puesto que, como conjunción, la o es siempre átona, de forma que solo se sostenía por razones puramente gráficas. Sin embargo, estas razones no parecen suficientes, ni en la escritura mecánica, hoy general gracias al empleo de computadoras, ni en la manual, ya que tanto los espacios en blanco que flanquean la conjunción o como su diferente forma y menor altura que el cero (la letra o, el número 0) hacen prácticamente imposible su confusión real en la práctica.

Por lo tanto, a partir de esto, la conjunción “o” se escribe siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona, y con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos.

Y tomando como tema del momento, la primera obispa de la Iglesia anglicana, se recuerda que la palabra iglesia se escribe con mayúscula inicial cuando hace referencia a la institución eclesiástica , pero los adjetivos que acompañan este sustantivo van con minúscula. Es decir, se escribirá “la Iglesia católica” o “Iglesia anglicana”. Por otro lado, se escribe con minúscula la palabra iglesia cuando se refiere al edificio en el que se consagran los fieles. “Fuimos a la iglesia”, “Somos fieles de la Iglesia católica”.

Además, también es importante recordar que se prefiere el uso de “obispa” sobre las formas “mujer obispo”, “mujer obispa”, “obispo mujer” o “la obispo”. Las fórmulas antes mencionadas suponen construcciones redundantes e innecesarias puesto que el género femenino ya está expresado en la terminación “a”. Sobre “mujer obispo” y “la obispo”, aunque no son formas inadecuadas, resulta preferible regularizar el femenino en obispa, que goza ya de cierto uso entre los hablantes.

Por último, jamás se usará este u otros cargos eclesiásticos con mayúsculas, ya que son cargos comunes y corrientes como presidente, gobernador, secretario general y diputado, entre otros