Cuántas veces más tendremos que sufrir los lectores con esas molestas, incómodas e inútiles muletillas que día a día se arraigan más en el vocabulario de los comunicadores de prensa escrita, televisión y hasta noticieros de radio, que las escriben o hablan mecánicamente para adornar información que, al final de cuentas, termina entendiéndose con o sin ellas. Y no solo muletillas, sino también redundancias innecesarias. Parece imposible pensar que son palabras vacías, literalmente, y que solo entorpecen nuestra lectura.

Pero bueno, a todo esto, estarás pensando, ¿Qué es una muletilla? El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) las define como “la voz o frase que se repite mucho por hábito”. Son un recurso oral que, lo crea o no, están pasando poco a poco a la prensa escrita. Según creen los periodistas, sirven para mantener el interés, buscar la comprensión del interlocutor (o lector), aclarar, subrayar o matizar un texto. Sin embargo, hacen todo lo contrario. Lo oscurecen, entristecen y hacen más aburrido de lo que ya puede ser, la mayoría de las veces, una noticia.

Muchas muletillas comienzan como una moda, porque las dice un actor importante, un político de alto rango o alguien a quien se admira mucho. Pero esto no significa que esté bien. Es simple esnob. En el medio en el cual se mueven los periodistas, por ejemplo, denotan torpeza y pobreza lingüística; falta de léxico para comunicarse.

Aquí algunas de las más usadas y que menos debemos usar:

El vital líquido. Esta muletilla es usada para hablar del agua potable. La mayoría de las veces se usa como sinónimo, según refieren algunos. Alguien, fuera de su sano juicio, comenzó a usar esta perífrasis y otros, como borregos, le siguieron al precipicio. Se encuentra tan gastada como tonta.

Producto de. En muchos periódicos abunda esta inútil muletilla. Cualquier incidente, decisión ejecutiva, acuerdo ¡vaya! todo lo que deriva de otra cosa es para los periodistas “producto de”. Por ejemplo, “producto de la delincuencia en Michoacán”, “Producto de los acuerdos entre”, “Producto de la desigualdad”. Y por qué no, en este caso, “producto de la ignorancia lingüística”.

El mismo. Cuando los periodistas hablan sobre alguien que ya han mencionado en su texto, y no quieren mencionar de nuevo, suelen usar “el mismo”. ¡Error! Ejemplo: “El gobernador visitó la ciudad después del sismo. El mismo se encontraba fuera cuando ocurrió la catástrofe”. Si la omitimos, ¡No pasa nada! ¡No se muere ni se le cae nada a nadie!

Así lo (verbo) + nombre de la persona. Este caso muy particular suele utilizarse mucho para las declaraciones de políticos. Cuando uno de ellos concede una entrevista, en automático, los comunicadores usan el “así lo declaró (el cargo que sea)” y es tan obsoleta como las anteriores. Simplemente se puede decir quien lo dijo sin el “así lo”, específicamente. ¡Iniciativa, señores!

No obstante lo anterior, hay muletillas que sí son útiles. Ejemplos sobran también, lo reconozco; que sí matizan el texto y dan pie a una idea.

  • De alguna manera;
  • De hecho, realmente, obviamente;
  • En cualquier caso;
  • En este sentido.

Son de mucha ayuda, claro está, pero muchas de estas muletillas no son del español. Lamento decirles que son traducciones del inglés. ¿Por qué? Porque son más necesarias, al tratarse de un idioma escueto, que necesita de esos elementos para desenvolverse bien.

 La muletilla no es una frase equivocada, sino usada con exceso y mal gusto. Muchas veces complica el discurso. Se podrá imaginar por qué recibe ese nombre. Está en lo cierto, porque funcionan como muletas, como un “bastón utilizado para apoyarse al andar a personas que tienen alguna dificultad”, en este caso, una carencia lingüística.

Hablar claro, limpio y con sencillez no significa utilizar dos o tres palabras sin sentido, sino hacernos entender.


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