¿A dónde van las palabras que se lleva el viento, el tiempo o, en este caso, el olvido? En el español hay muchas palabras olvidadas pero que aún recoge el diccionario de la Real Academia Española, palabras que son comúnmente conocidas como “arcaicas” o anticuadas pero que aún dan significado a cosas que muchas veces nombramos diferente.

Cuántas veces has pedido un cono de helado y has visto al nevero limpiar ese pequeño instrumento con el que pone las bolas de nieve de todos los sabores, que lo mete en el agua y aprieta una palanquita para que suelte el helado. Pues esa cuchara tiene un nombre y aunque no la recoge la RAE, se llama funderelele y es un instrumento similar a una cuchara con un pequeño mecanismo para formar bolas de helado.

Y siguiendo por el lado de los alimentos encontramos otra palabra que hemos cambiado por rodaja, cuando hablamos de bebidas con un luquete en la orilla del vaso. Puede ser de limón o naranja según sea la bebida.

Si aún no has comido, sientes que “las chiquitas se comen a las grandes”, como muchos decimos, y tus tripas suenan de forma extraña, quizás no estén gruñendo sino que sea un borborigmo eso que escuchas. Muchas veces no es por hambre, sino por la digestión. El borborigmo se define como ruido intestinal producido por el movimiento de los gases y líquidos a través del intestino. Esta palabra es un préstamo del griego borborygmós y su origen es meramente onomatopéyico.

Ahora bien, cuando vas a una fiesta disfrutas del banquete como todos los invitados. Comida, bebidas y postre. Sin embargo, ¿cómo se le llama a ese mismo banquete, pero de un funeral? Es difícil tratar de llamarle banquete a una comida ofrecida durante el funeral de un ser querido, ya que no es una celebración. Los banquetes fúnebres tienen su nombre y este es un confuerzo.

Si alguna vez te has sentido enfermo y no sabes cómo llamarle a ese punto crítico de la enfermedad, la palabra que estás buscando es acmé: fase de una enfermedad en la que sus síntomas se presentan con mayor intensidad.

Cuando veas -y envidies, como yo- a los ricos en sus grandes automóviles carísimos de oro en Dubái, puedes estar tranquilo de decir que “se pasean en sus haigas de oro presumiendo sus riquezas”. Sólo recuerda que se usa en sentido despectivo e irónico.

Si eres de los que corrige a las personas que dice murciégalo por murciélago, date de golpes en la pared porque la Real Academia Española lo recogió ya con su significado como “murciégalo: murciélago”.

Nuestras últimas dos palabras que quizás nadie conozca ahora, o use poco, son aquende y allende. La primera, aquende, es un adverbio de lugar del latín eccum inde y significa “de la parte de acá”. Indica de forma poco precisa un lugar que está muy cercano de quien está hablando y por ende de quien escucha. Se usa para referirse de forma vaga a cualquier país cercano: Mis padres no viven en México, se fueron aquende Estados Unidos.

 

Por otro lado, allende es todo lo contrario. Allende es un adverbio de lugar del latín illinc de allí”. Indica de forma poco precisa un lugar muy alejado de quienes están involucrados en la conversación: El hombre vino de allende, pasando los mares y las montañas. Tanto aquende y allende son del español medieval y su uso es muy raro.

Pues bien, esté fue un paseo por las palabras moribundas de nuestro querido español, esas que el viento se ha de llevar y nunca han de volver pero que si las escribimos, leemos y aprendemos, podrán agonizar un poquito más en nuestro léxico.

 

Fe de erratas: en el texto “¡La arroba no es un símbolo sexual!” se escribió “et” como preposición inglesa “en”. Sin embargo, esto es incorrecto. Lo correcto es “at”.