El esnobismo es un fenómeno al que comúnmente recurren los políticos, al considerar correcta la forma en que se expresan otros de mayor rango, de aquellos a quienes consideran distinguidos o que para darse un tono de “semejante” adoptan esas actitudes, modas o ideas.

Así por ejemplo, un político imita la forma en la que otro político reconocido (entre comillas) habla, solo por considerarlo una figura pública de mayor peso e influencia, como el presidente de la República, el gobernador de cualquier entidad, un senador o diputado.

Recientemente, he observado que, debido al contacto que muchos periodistas y reporteros tienen con la clase política, han comenzado a usar ese tipo de términos que escuchan diariamente, incluso al escribir.

En pocas palabras, se trata de esnobismo cuando usamos aquellas expresiones y calcos lingüísticos por el simple hecho de que “si la mayoría lo dice está bien”. Así por ejemplo tenemos el caso de “Norcorea” y “Surcorea”, topónimos que muchos medios de comunicación usaron recientemente, pues es fácil pensar que “Si El País, un diario de gran prestigio, lo usa, por qué nosotros no”.

Norcorea y Surcorea son calcas de los topónimos en inglés North Korea y South Korea, que no son apropiados en español. La forma correcta de referirse a ambos Gobiernos es República Popular Democrática de Corea para Corea del Norte, y República de Corea para Corea del Sur. Sin embargo, los gentilicios sí son norcoreano y surcoreano.

Lo mismo pasó con la palabra papa, pontífice, obispo de Roma y santo padre que tanto El Clarín de Argentina como El País escribieron con mayúscula. Pero, al igual que presidente, diputado y el resto de cargos, se escribe con minúscula como lo marca la RAE por ser un sustantivo común que designa un título.

Quizás la confusión aquí es que estos se escriben con mayúscula solo cuando van en textos jurídicos, administrativos y protocolarios, en este caso los boletines que llegan a las redacciones de todos los medios de comunicación, y cuyos editores y redactores toman por correcto y referente para su publicación.

Otro ejemplo es el caso de Reforma, que escribe País en mayúscula por mero estilo cuando dicha palabra es un sustantivo común que debe escribirse en minúscula, a excepción de El País, donde forma parte del nombre del diario. Lo mismo pasa con Estado, y municipio. Qué acaso un municipio es menos por el simple hecho de escribirse con minúscula? No lo creo.

¿Cuál es el problema aquí? Que muchos medios y por ende, las personas que los leen, los toman como referente y a su estilo al momento de escribir; dejan de lado su propio raciocinio y criterio para usar las normas de la gramática y decidir “Qué está bien y qué está mal escrito”.

Al final, cuando a esas personas se les dice que está mal escrito, simplemente se escudan diciendo “así lo escribió y medio, y no creo que ese medio escriba con faltas de ortografía considerando su alcance”.

Para despejar cualquier duda, se puede enviar un email con las preguntas que crean convenientes a la Real Academia Española, créanme “sí contesta”, o a www.espin.org.mx Que es la página del Español Inmediato de la Academia Mexicana de la Lengua; también pueden despejar muchas dudas en el Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE.

La norma lingüística, considerada como hábito, señala que una mayoría no puede estar equivocada. Sin embargo, el efecto Bandwagon o efecto arrastre no aplica aquí.