Pseudo catarsis por amor

Lejos

La mitad de una mentira no es la verdad y lo acepto. Sé que los cambios no se dan de forma instantánea, pero reconocer que  estás mal y seguir mal es una de las formas más raras de cumplir una promesa.

Se supone, por cuestiones de lógica -aunque muchos digan carecer de ella-, que cuando identificas un error lo corriges casi inmediatamente; de lo contrario, no tendría sentido la frase “aprender de los errores” pues técnicamente no estarías aprendiendo nada. Más bien te autoengañas.

Yo, por ejemplo, lo comparo con la frase “buscar trabajo rogando no encontrarlo”, así de sencillo, sólo que en este caso sería “buscar el cambio rogando no encontrarlo”.

Pero ¿Por qué? La respuesta es simple, llega un momento de tu vida en el que estás tan cómodo con lo que haces, dices, escuchas y lo que te rodea que cuando alguien te hace ver que estás mal, pasan dos cosas: o le haces caso o le haces creer que tiene la razón y continúas mal.

Nadie vive de ilusiones ni promesas -que más que rotas, jamás existieron-. No, no hay quien caiga dos veces en la misma trampa porque la primera experiencia te hizo un juicio propio de lo que puede pasar.

En la amistad sucede lo mismo. Le brindas a alguien tu amistad, te falla y le das otra oportunidad; pero te vuelve a fallar y sencillamente lo mejor es dar por terminado lo que tú  sabes que seguirá pasando.

A muchos les duele creer esto, pero la mejor opción es alejarte de los problemas que te hacen daño, no vivir del pasado ni del “yo antes era”, porque el pasado es eso… algo que ya pasó.

Lo único para lo que el pasado sirve, no obstante, es para advertirnos de las consecuencias que puede traernos hacer ciertas cosas; como el ratón de laboratorio que presiona un botón electrificado, y que acto seguido sabe que si lo presiona de nuevo le infringirá dolor.

Yo aprendí de ello. El ejemplo es algo de lo que no me enorgullezco pero que me ha servido -sirve y servirá- para alertarme cuando una situación similar se presente en el futuro. Me hago de una situación hipotética -en el momento en el que me advierte mi experiencia- y planteo posibles escenarios, algo así como posibles recaídas, veo los resultados de cada uno y elijo la mejor opción. Hasta ahora, no me ha fallado.

La meta está tan cerca como tu quieras que esté. La meta, según sus múltiples significados, es el término y el fin al que se dirigen las acciones o deseos de una persona. Por lo tanto, tú decides qué tan lejos estás de terminar una carrera.

¡Qué gane el mejor competidor!

Por Fernando Castillo

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