#PalabrasProhibidas: Ciudadanos invisibles ante la pandemia

La crisis que se vive actualmente, como resultado del aislamiento por el COVID-19 en el país, ha dado un gran golpe a los grupos de personas que se encuentran en la situación económica más vulnerable: quienes viven de las propinas generadas por otros sectores económicos como el restaurantero.

Hablamos de los músicos y cantantes que viven de sus presentaciones en restaurantes que ofrecen a sus comensales música en vivo. Artistas que viven meramente de sus presentaciones en vivo y soportan las condiciones económicas generadas por el confinamiento.

La pandemia en México ha puesto a la vista del mundo entero la fragilidad de muchos empleados y el sistema económico que nos rige actualmente. Las restricciones a nivel mundial y replicado por nuestro país, han mermado las ventas de muchos restaurantes, entre ellos, los que ofrecen espacio de música en vivo. Y no sólo eso, también ha afectado a los meseros y valet parkings, personal que vive de las propinas y, en su mayoría, del estrecho contacto y atención con el cliente.

Tan sólo la semana pasada, cerca de mil meseros y “bartenders” se manifestaron frente a Palacio Nacional, para ser recibidos por el presidente de la República y que éste atendiera sus demandas de apoyo económico en especie, tras tres semanas sin generar ingresos económicos.

Desgraciadamente ha tenido que ser en este punto de la pandemia cuando nos demos cuenta que realmente la mayoría de los mexicanos, como lo dijo López-Gatell, dependen de la economía informal, la que no genera un seguro ni prestaciones y, por ende, un salario fijo; que dependen de un trabajo fatigoso, cansado y mal pagado.

Sin embargo, esto no quiere decir que la mayoría de las personas vivan en condiciones de miseria o precariedad, pero sí en condiciones de irregularidades de horarios de trabajo y salarial.

Sin duda alguna, que sirva este trago amargo para que el gobierno de México tome las cosas con mayor seriedad y estricto apego a las normas laborales vigentes al momento de otorgar una licencia para abrir un negocio de cualquier índole, es decir, que el dueño cumpla con las prestaciones de ley para sus empleados y sus ingresos no dependan de al cien por ciento o en su mayoría de una comisión de venta o “propinas de los clientes”.

En ese mismo tenor debe analizarse la modalidad en la que los empleados reciben su pago a cambio de una “factura por servicios”, donde no recibe prestaciones de ley. Además, el Gobierno de la República deberá pensar en una estrategia para que una parte de los impuestos de los mexicanos sea destinada a la creación de un fondo de apoyo a empresas y sus empleados, en casos como la actual pandemia que atravesamos.

“Desinfectar”, no sanitizar

El verbo desinfectar, no sanitizares el adecuado en español para referirse, en el ámbito de la sanidad, a la acción de ‘eliminar todos o casi todos los microbios patógenos, con excepción de las esporas bacterianas, de la superficie de un objeto o de un ser vivo mediante la aplicación de medios químicos o físicos’.

Sanitize es un verbo inglés que, de acuerdo con el diccionario de Oxford, significa tanto ‘limpiar’ o ‘higienizar’ como ‘desinfectar’, pero, según la Real Academia Nacional de Medicina, con el significado detallado más arriba, los términos apropiados en español son desinfectar y desinfección y no los calcos sanitizar y sanitización, y así lo refleja en su Diccionario de términos médicos.

En otros casos, se emplean en español sanitizar o sanitización con los sentidos de los verbos sanear o higienizar y los sustantivos saneamiento, higiene o higienización, según los contextos, lo que la Academia de Medicina tampoco considera apropiado.

Información publicada por la Fundeu

Carta 2: Aromas del pasado

¿Aún me puedes recordar? Sigo pensando, sentado en el comedor mientras el café se quema en la cafetera encendida. Es un aroma indescriptible como indescriptible fue nuestro amor. Tú sabes bien que esto no es algo pasajero, no es aroma que se vuelve humo saliendo por la ventana de la cocina, no es destrucción de granos molidos, empapados por el agua y escurridos por el filtro. Es algo más que no podemos describir. 

Te intenté contactar y no lo pude hacer. Tu casero me dijo que te has mudado a otro vecindario, a otra ciudad incluso; sé que miente, lo vi en sus ojos. No temas por lo que pueda pasar, al final sólo los amantes sobreviven. Sé que tarde o temprano llegará el momento en que nos encontremos frente a frente, bajo el mismo cielo y la misma luna, bajo el mismo atardecer quizás o incluso en el mismo elevador sin pensarlo. 

Es difícil sobrellevar el día, sabiendo que las medidas de cuidado se han recrudecido desde aquella última vez que tomamos café en la Plaza de Armas. ¿Recuerdas? El estallido social que se vino sobre nosotros después de ese hombre bomba. El mensaje sigue ahí, dice lo mismo de hace unos años, no he querido borrarlo para escuchar tu voz. De vez en cuando veo tus últimos videos y aprecio tu sonrisa como antes no pude hacerlo, como antes no pude decirlo. Sé que es tarde, pero tenía que enviarte este mensaje; digo, sé que es tarde no por la hora sino por los años que han pasado.

Una abismal distancia nos separa en tiempo y espacio, y aún no sé si leerás esto. Espero que sí, si no sentiré como si estuviese arrojando botellas al mar, con un mensaje dentro, esperando que alguien lea las notas en otros idioma, las descifre y por fin me envíe su respuesta por correspondencia convencional. 

Tú siempre has creído en ese sentido poco común que poseo, en esa magia de hacer algo inesperado y ver si dará resultado. 

Tal vez estarás conduciendo por ahí, aún pensando en que puedes pisar el acelerador y solucionar las cosas, espero que no… todavía hay esperanza en el universo, ten fe en las palabras que te escribo. La vida misma se encarga de cobrar cada factura a aquellos que han decidido evadir la realidad de sus miserables vidas, de sus malvadas intenciones. Sé que no suelo maldecir, pero ¡Oh Dios mío! Esta ocasión lo amerita. 

P.D. Sé que entenderás cada línea si lees entre los espacios en blanco que crees que hay en tu cerebro y tus recuerdos.

Carta 1: Fragmento

Es muy difícil dormir cuando no se sabe nada de ti. He intentado sobrellevar las cosas pero es inevitable querer descubrir ¿qué ha sucedido a partir del accidente?, ¿en qué parte te encuentras ahora?, ¿aún sigues con vida?

Ahora lo único que me mantiene con vida es el incesante sonido del reloj que avanza al ritmo de mis latidos; a vece se desincronizan y mis sueños se transformen en pesadillas, despierto en la cama solo, desorientado y furioso. Otras veces el final llega cuando me poso en el retrete, mareado y con unas nauseas inevitables que terminan de la forma que ya sabemos.

Hoy es un día de mierda, igual que ayer y el anterior a ese. No cambia nada la perspectiva, la bolsa sigue en la misma situación miserable, millones mueren de hambre, la humanidad no ha aprendido nada del último estallido y la rebelión, bueno, la rebelión sigue su curso en las oscuras calles de los olvidados, pero eso ya lo sabes muy bien.

Desperté tarde por mis propios méritos, por costumbre de despertar sudando en la madrugada… sabes que aún soy un poco anticuado y mi reloj sigue siendo analógico, mi cafetera no es inteligente y olvidé adelantarle una hora… como resultado debo decir que no hay café para salir a trabajar.

¿Es verídico o es ficción? Me intriga y me gusta cuestionarme mientras camino a la parada del camión, entre la frívola sensación de saber que no soy el único que sale en la madrugada; otros deambulan por ahí buscando qué comer, qué robar y a quién violar, mientras yo… yo sólo salgo a partirme la madre en una oficina donde cada vez veo más caos, cada vez veo más desesperanza en las miradas de las personas que se sientan frente a mi mientras los ficha y clasifican, mientras son juzgados sin emitir una palabra porque todo puede y será usado en su contra.

Lo sé, me declaro culpable de formar parte del sistema que te ha encarcelado en una mente oprimida, que te ha enviado, confinado, a la irrealidad subrogada por una ideología de consumo palmo a palmo hasta llegar al plomo.

¿Recuerdas la última revolución? Sí, fue no hace mucho para pocos, aunque pocos la recuerden. Estábamos juntos aún, tomando un café afuera de la plaza de armas, frente a la bolsa y de pronto ese hombre se paró frente a nosotros, en la escalinata del banco nacional, y estalló en pedazos, salpicó nuestra realidad con sus vísceras y sangre, nadie vio venir la reacción en cadena.

Dilemas morales

¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad psicópata? ¿Es bueno tener psicópatas entre nosotros? Ayer sucedieron varios actos delictivos en la entidad que me hicieron reflexionar estas dos preguntas anteriores.

¿Qué mueve a un ser humano a asesinar a otro? Lamento afirmar que tal vez ya no sentimos culpa sobre quitarle la vida a un ser humano o un animal, que normalizamos cada vez más los ataques de violencia a mujeres, niños o adultos mayores. No sentimos remordimiento por infringir la ley, incluso en pos de la justicia.

Sí, así es. Eso somos entonces, porque los psicópatas tienen una total falta de empatía, culpa o remordimiento. Además, una tendencia a “cosificar” a las personas u otros seres vivos, y la continua violación de los derechos y normas sociales.

Vemos con mayor recurrencia notas informativas sobre asesinatos a sangre fría. Y eso sólo de los que nos damos cuenta, porque debemos reconocer que también hay la desaparición forzada, y de la cual nos damos cuenta hasta que son descubiertas las osamentas en fosas clandestinas años después.

Vivimos una falsa realidad basada en el de hedonismo, llena de miedo, donde se aparenta otra cosa en redes sociales; vivimos con la zozobra de ser asaltado, bajo la resignación y con sentencias normalizadoras y resignadoras como “si te asaltan, no pongas resistencia”, “lo material va y viene”, “Al violador no le excita que cooperes”.

Hace décadas que comenzamos a normalizar la incertidumbre de ser asesinado, ser asaltado, a sufrir un robo a casa habitación y ver ejecuciones en las calles. Y eso, lamento decirlo, pero es psicopatía.

El sexismo existe en los hablantes, no en el lenguaje

El diccionario no se puede censurar ni hacer políticamente correcto. El diccionario recoge el léxico y en él deben estar todas las palabras que existen, los que son sexistas al utilizar determinadas palabras son los hablantes. Yo no tengo obligación de usar todas las palabras que están en el diccionario y que son políticamente incorrectas.

Hay que cuidar nuestras palabras, debe ser una manera habitual de hablar hacia los demás. Si alguien cuida sus palabras no incurrirá en un lenguaje ofensivo y políticamente incorrecto. Pero esto no quiere decir esas palabras para insultar existan, en el diccionario no se puede censurar, en el diccionario tienen que aparecer también los insultos, porque esas palabras tienen existencia y hay personas que las usan. El hecho de que aparezcan en el diccionario no significa que sean promovidas.

No hay que confundir el lenguaje sexista con la gramática. En español, el masculino es inclusivo. Cuando se dice “los ciudadanos” no se está excluyendo a las ciudadanas. Hay otras lenguas en donde el género inclusivo es el femenino.

Es importante diferenciar entre estas dos cosas. Hay un sexismo léxico, palabras ofensivas, que eso depende de cada uno de nosotros, usarlas o no. Luego está la estructura gramatical del idioma. Si nos dirigimos a una audiencia con “miembros y miembras” estamos inmediatamente reclamando que los brazos se les llame miembros y las piernas se les llame miembras, y a partir de ahí empieza una cadena de modificaciones que alteran la estructura profunda de la gramática española.

Declaración de Darío Villanueva, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela y director de la Real Academia Española (RAE) desde 2014 hasta 2018.