Mi perspectiva

A veces las impresiones de mí me dejan pensando tanto que me desconozco. Desaparezco frente a la imagen cuadrada de un ser que nunca quise ser. Innecesario es pasar las manos por las sienes, bajarlas por los oídos y tallarse la barba hasta dejar los diez dedos sobre el cuello, como pacificando la voz.

“No soy yo, no soy yo, no soy” te repite tres veces al unísono tu corazón, tu mente y tu conciencia.

¿Quién soy? ¿Quién eres? ¿Hacia dónde voy? ¿Hacia dónde vas?

Izquierda, derecha, arriba o abajo. No importa tu elección, la satisfacción llega tiempo después. No es instantánea, pero sí fugaz. Cuando todo cambia de pronto, como el viento sobre tu cabello, que desenreda los nudos de tus rizos, tiendes a ser una persona frívola. Te importa poco el tiempo que tarde el mundo a dar la vuelta hasta dónde estás, lo único que necesitas es sentirte el centro del universo.

La persona es una expresión inútil para todo lo útil que quieres ser; prefiero ser “la personalidad” que gobierna mi yo, mi cuerpo, mi mente, mi estereotipado concepto de “Fernando Castillo”.

  • ¿Complicado? No.
  • ¿Fácil? No.
  • ¿Accesible? Sí.
  • ¿Inalcanzable? No.

Y de pronto me pregunto por qué antes no me había mencionado a mí mismo en mi cartapacio. La respuesta: miedo. Miedo a saber de mí en palabras que navegarán por ahí, interpretadas por alguien más que busca solo encontrar una fractura en la fracción de mente que vierto en lo que escribo.

Que busca llegar a la cima de la montaña que corro todas las noches para llegar a mi REM y quedar completamente en los brazos de mi onírico yo. Ahí donde no necesito las palabras, donde se van, vuelan y desaparecen en la lejanía del azul celeste que se torna negro cuanto más levanto la mirada para ver la luna, tus ojos y esas estrellas que marcan cada punto detrás de tus oídos.

Así de rápido como mirar hacia atrás, donde veo con mis ojos mi interior vacío que no expresa nada, que sólo grita hacia afuera y calla dentro a cada paso; así de rápido desaparezco yo ante tus ojos que destruyen.

¿Cómo conectar verdaderamente mis ideas con mi boca y sus oídos? ¿Realmente me entienden o solamente asienten con sus ojos fijos en mi entrecejo? El interés que puede generar mi discurso elaborado, casi como lo barroco o churrigueresco de esas iglesia italianas que vi en los libros de mi infancia con mi abuelo, esclavo de sus limitaciones y a las que no quería que me encadenara yo.

Conectar de nuevo un recuerdo atado a otro de mi niñez. No tiene sentido, voy de mal en peor. Termino haciendo una introspectiva visión de lo que tengo para no ser destruido. Me cuesta tanto silenciar las letras que vibran frente a mis manos, a mis dedos tocando cada página, cual niño que mira a sus mayores traslograr leer una línea de palabras bisilábicas en un libro del jardín de niños.

¿Por qué te da miedo si tanto gozas ser visto, ser leído y escuchado por los demás? Preguntarás ahora mientras lees mis palabras una a una, como cuentagotas. Porque siento que destruye un poco de lo que he escondido, los sentimientos con los que es más fácil detenerte ante el abismo que divide tus sueños y el vacío donde yacen los demás, quienes no lograron atravesar sus peligros. Ahí donde se rompe el límite de lo mundano y lo sagrado, lo público y lo privado. Donde se desvanecen las palabras…

(Texto inconcluso)

Publicado originalmente: diciembre 26, 2014 

Tú puedes hacer un donativo para que el autor de esta web continúe publicando aquí.

Claves de redacción para notas sobre incendios

En las noticias sobre incendios forestales es frecuente el empleo inapropiado de ciertos términos y expresiones. Por ello, y retomando información de la Fundación del Español Urgente, les traigo las precisiones siguientes:

1. Incendiario no es sinónimo de pirómano

Incendiario es quien ‘incendia con premeditación, por afán de lucro o maldad’; no es sinónimo de pirómano, ‘alguien que sufre una enfermedad por la que disfruta provocando fuegos y viendo las consecuencias del incendio’.

2. Provocado e intencionado, diferencias

Se aconseja emplear la expresión incendio intencionado para aquellos generados con la voluntad expresa de hacer arder una zona. La expresión incendio provocado es más amplia y se aconseja que vaya acompañada de la causa (provocado por una chispa, provocado por una quema de rastrojos, provocado por un rayo…).

3. Los incendios se propagan, no se propalan

Los incendios se pueden propagar (‘extender, dilatar o aumentar algo’), pero en ningún caso se propalan, pues este verbo significa ‘dar a conocer o difundir algo oculto o poco conocido’.

4. Incendio controlado y estabilizado no son equivalentes

Un incendio controlado es aquel que se ha conseguido aislar y cuyo avance y propagación se ha logrado detener, y un incendio estabilizado es el que evoluciona dentro de unas líneas de control establecidas.

5. Orografía del terreno es redundante

La expresión orografía del terreno es redundante, puesto que la orografía es ‘el conjunto de montes de una comarca, región o país’, y por lo tanto en ella ya está implícita la idea de terreno.

6. Los incendios pueden ser virulentos

La expresión incendio virulento es válida para aludir a los fuegos devastadores o que se propagan con rapidez. 

7. Un efectivo es un conjunto, pero también sus integrantes

El sustantivo efectivo alude, según la mayor parte de los diccionarios, al ‘conjunto de integrantes de una unidad de carácter militar o similar’, aunque se ha extendido su uso, y no es censurable, para referirse a un número determinado de los integrantes de ese conjunto: «100 efectivos luchan contra los incendios en la región».

8. Asola y asuela, formas correctas

Asolar, con el significado de ‘arrasar o destruir un lugar’, admite dos conjugaciones, una regular y otra irregular (asola asuela).

9. Macroincendio, en una sola palabra 

De acuerdo con las normas generales de escritura de los prefijos, la voz macroincendio se escribe en una sola palabra, sin espacio ni guion entre el elemento compositivo macro- y el sustantivo incendio

10. Perimetrar, verbo válido  

El verbo perimetrar es un derivado correctamente formado a partir del sustantivo perímetro. Las fuerzas de seguridad y otros cuerpos, como los agentes forestales, lo emplean habitualmente con el sentido de establecer un perímetro, es decir, de delimitar el contorno de algo, por ejemplo de una barrera de seguridad.

11. Riesgo de incendio extremo, ambigüedad innecesaria

La expresión riesgo de incendio extremo es ambigua, ya que lo extremo puede ser tanto el riesgo como el incendio. Cuando lo que se quiera expresar es que el riesgo de incendio es muy elevado se recomienda emplear la alternativa riesgo extremo de incendio, que evita ambigüedades innecesarias y facilita la comprensión del mensaje.

12. Tiempo no es lo mismo que meteorología ni climatología  

Las expresiones condiciones atmosféricasestado del tiempo o, simplemente, tiempo (y no meteorología ni climatología) son las adecuadas para hablar del estado atmosférico en un lugar y un momento dados, de modo que en frases como «La meteorología dificulta la extinción del incendio» habría sido preferible escribir «Las condiciones atmosféricas dificultan la extinción del incendio».

¿Sofocar o extinguir?

El verbo correcto es extinguir, cuyo significado es “hacer que cese el fuego o la luz“.

Se puede hablar de tres términos importantes.

Incendio controlado: es aquel que se ha conseguido aislar, y cuyo avance y propagación se han logrado detener.

Incendio estabilizado: es aquel que, sin llegar a estar controlado, evoluciona dentro de las líneas de control establecidas, según las previsiones y las labores de extinción conducentes a su control.

Incendio extinguido: se llama así a la situación en la cual ya no existen materiales en ignición en el perímetro del incendio ni en su interior, ni es posible su reproducción.

#PalabrasProhibidas: Nueva Normalidad

México está en la transición de la fase de mayor contagio de coronavirus (del 8 al 20 de mayo) y ahora las autoridades buscan reabrir la economía con lo que han llamado “nueva normalidad” Y ¿Qué es esta nueva normalidad? A decir del Gobierno Federal, son una serie de lineamientos para “lograr una reapertura exitosa, escalonada y responsable de las actividades laborales”.

La primera etapa del 14 al 17 de mayo e involucra a los “municipios de la esperanza, es decir, municipios que tienen cero contagios reportados por Covid-19 y que colindan con otros municipios con contagios. Ellos sí podrán abrir totalmente la actividad laboral.

La segunda etapa, del 18 al 31 de mayo, comprende la reapertura de empresas o industrias dedicadas a actividades que serán consideradas “esenciales” y que cumplan los protocolos: construcción, minería y fabricación de equipo de transporte.

La tercera etapa, es el 1 de junio. Con ella inicia la reapertura basada en un sistema de semáforo por regiones para reanudar actividades sociales, educativas y económicas.

Pero, ¿Qué nos ha enseñado este periodo de cuarentena y que nos enseñará la llamada “nueva normalidad?

Quizás el principal aprendizaje, tanto a empresas como a ciudadanos, es el costo que genera la tensión que provoca mantenernos aislados en casa y distanciados en lugares públicos. Con el inicio de la “nueva normalidad” llega también un reto para el sector empresarial de México, sobre todo en el ámbito tecnológico.

Para ejemplo, las tiendas departamentales locales, no pertenecientes a grandes cadenas como Liverpool o C&A, han tenido que idear una manera segura de vender a sus clientes por internet, es decir, sumarse al comercio electrónico. Es difícil cuando tus clientes no están acostumbrados a este tipo de comercio y más aún, cuando no tienes una serie de fotografías para representar tus productos en línea. Además, de la desconfianza que generó en últimas semanas el uso de tarjetas de crédito en páginas web por el gran número de reportes sobre robo de datos que dio a conocer la Condusef.

Además, desde el ámbito operativo de la empresa, es lamentable saber que aún hay empresarios que no creen justificable pagar el mismo salario a sus empleados si trabajan desde casa. Justifican su forma de pensar por el simple hecho de creer que “si no los ven trabajando en las oficinas, no están trabajando”.

Sin duda, también será un reto para ellos rediseñar su platilla laboral remota y desde oficina de forma permanente, sin pensar que atenta contra su tradicional cultura organizacional basada en horas presenciales. Y tienen que pensar que esta nueva organización de empleados remotos y en oficina podría ser permanente y reducir gastos a la empresa a la larga. Sin embargo, también habrá que generar un cambio en la política de disponibilidad 24/7 que, aunque no haya pandemia y medidas de trabajo en casa, muchos tenían por sentado: tener disponible al empleado por la hiperconectividad en que vivimos.

La “nueva normalidad” nos traerá paulatinamente innovación en la organización de las empresas, uso de herramientas digitales para la planeación remota de actividades y cambiar al cliente como la parte central de su planeación, generarle una nueva experiencia digital. Además, la innovación digital generará un beneficio en la disminución de papeles que generan día a día, al pasar del papel al pdf.

Habrá cambios, eso es seguro, el cómo y cuánto tiempo depende de cada sector y empresario, y qué tanto dinero quiere perder si no se apega a la “nueva normalidad”.

El efecto electoral del Covid-19

Ante las lamentables pérdidas humanas y el duro golpe que le da a la economía de México, la crisis del coronavirus tendrá también un gran efecto electoral ineludible.

Nos encontramos en año preelectoral y sólo hay una cosa que se ha pedido durante todo este tiempo: no politizar el Covid-19.

Sin embargo, será casi seguro que no podremos evitar que afecte lo que parece ser el proceso electoral más importante de la historia de México. Es que es seguro que se verá opacado, al igual que en el resto del mundo, por los fenómenos sociales y políticos que cause.

Por un lado, ante las críticas, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, insiste en realizar la revocación de mandato el mismo día de las elecciones (junio del 2021). Y es que las críticas a su gobierno no han sido buenas, o las que él desea, y por ello sería a partir de noviembre de 2021 cuando los mexicanos pudieran iniciar el proceso para votar la continuidad de Andrés Manuel en la Presidencia de México.

Urnas pendientes

¿Qué pasará entonces? Quedan aproximadamente 14 meses para votar y cada partido, así como sus candidatos, tienen que tomar en cuenta todo lo que conlleva la pandemia y efectos colaterales que genere, de ello depende su triunfo o fracaso en junio de 2021.

Este próximo año se votará en México para renovar la Cámara de Diputados (300 curules distritales y 200 de mayoría relativa); 15 gubernaturas, entre ellas Colima, y elecciones en 32 entidades, donde estarán en juego 30 Congresos locales y 1,900 municipios.

¿Qué veremos en las elecciones?

Debemos analizar los tres lados de las elecciones: el ciudadano, el de la prensa y por último el de la élite política.

Por un lado, el ciudadano, y sin temor a equivocarme, expresará su descontento, desinterés o enojo, y se verá reflejado en la anulación de su voto, como ya lo hemos visto antes.

A principios de mayo, el presidente anunció apoyos económicos para negocios familiares e informales, así como apoyos para adultos mayores, madres solteras, jóvenes sin empleo, campesinos y familias en extrema pobreza. A diferencia de ellos, los pequeños y medianos empresarios parecen no haber sido tomados en cuenta, pues son vistos como “opositores” y la parte crítica, esto pese a que la elección pasada fue esta misma clase la que le dio el triunfo.

La prensa por su cuenta mantendrá el tema del Covid-19 en la agenda diaria informativa, recordando día tras día a la ciudadanía quién estuvo ahí para ayudarle en estos momentos de crisis.

Por último, los partidos y los candidatos mantendrán en debate constante el Covid-19 los próximos meses; sus opiniones elogiarán o maldecirán las acciones del presidente Andrés Manuel López Obrador y del Gobierno Federal. 

Los partidos y sus candidatos tienen que entender que politizar abiertamente el Covid-19, y los temas relacionados con él, puede hundirlos en la contienda política. Es por ello que deben tocar el tema con mucha delicadeza, no tratar de aprovechar la situación para visibilizarse en redes sociales o dentro de la mente del ciudadano mexicano. Esto va más allá de colgarse medallas por ser humanamente comprensible ante la situación que atraviesa la clase económica media baja del país.

La prioridad en estos momentos son sin duda alguna las personas más pobres del país, cubrir sus necesidades básicas de alimentación y una fuente constante de ingreso económico para pagar las cuentas mes tras mes, mientras dura la pandemia.

Si los contagios no cesan, tal vez sea una decisión inédita el hecho de posponer las elecciones, dado que esta facultad no está considerada en el marco legal mexicano. Para salvaguardar tanto los derechos políticos como de salud de los mexicanos las elecciones se debería realizar toda vez que las condiciones de salubridad lo permitan.

El modo en cómo se maneje la pandemia marcará la pauta para que los partidos en el poder sufran el costo político que sus acciones implique.

Cambios en el imaginario colectivo actual

Cambios en el imaginario colectivo actual

Fernando Castillo*

Lo que parecía ser una “neumonía atípica” tres meses atrás, en una ignota ciudad china, hoy ha cobrado la vida de 247 mil personas, y contando. ¿Estamos listos para una segunda ola de contagios?

Difícilmente podríamos responder a esta pregunta que pocos se han hecho. A estas alturas, muchos apuestan a que todavía se esfume con las altas temperaturas del verano o a una inmunidad adquirida después del contagio-recuperación, incluso a una vacuna que parece nunca llegará.

El Covid-19 ha traído cambios sin precedentes en muchos aspectos de nuestra vida diaria. Tal vez no sea tan malo como pensamos si vemos las aristas que cambiarán una vez que haya terminado el confinamiento.

Por un lado, tenemos a los incrédulos. Aquellos que califican el “confinamiento” de una severa medida que el Estado explota para imponer un control total y, de paso, el enriquecimiento de unos cuantos. Opinan aunque no saben cómo funcionan las medidas que se nos imponen y poco razonan cómo se comportan las epidemias.

Seguramente conforme avance la devastación económica y los cambios en muchos paradigmas, cambiará con ellos la incredulidad que les caracteriza.

Sin embargo, estamos hablando de lo más evidente. Hay que analizar otras situaciones que no vemos de manera inmediata en nuestro entorno y que pocos saben de su existencia. Tal vez sea el momento preciso de abrir los ojos.

Lo cierto es que aquellos que hoy viven horrorizados en la mayoría de los llamados “países de primer mundo”, es la realidad normalizada para millones de habitantes de países del tercer mundo. Sólo un ejemplo podría darnos la respuesta: esto que aquí en México desperdiciamos y llamamos “agua potable”, aunque la tachemos de insalubre, es algo que en muchos no tienen acceso.

Según datos de la Unicef y la OMS, cerca de 2 mil 100 millones de personas carecen de acceso al agua potable  y 4 mil 500 millones a servicios de saneamiento. Aproximadamente mil 500 millones de niños mueren anualmente por esta causa. ¿Cuántas personas de tu calle conoces que hayan muerto por un mal servicio de saneamiento, drenaje o alcantarillado?

Sin duda alguna, el Covid-19 se ensañará con personas de países como África, cuyos mayores problemas son la desnutrición, un sistema inmunológico deficiente y una nula posibilidad de aislarse en sus hogares por la necesidad de trabajar y alimentarse.

¿Has pensado siquiera en aquellos que atraviesan por la hambruna y la guerra sin Covid-19? Hablamos de la trinidad de la devastación: enfermedad, hambruna y guerra. Tres escenarios que poco conocemos en México. Y si lo estás pensando, te diré que no tienen punto de comparación la enfermedad y hambruna en la que decimos viven muchos pueblos indígenas, con la hambruna y enfermedad en países como África, ni los asesinatos ligados al narcotráfico con genocidios como el de Ruanda.

Algunos vivimos ahora de esas provisiones que teníamos para momentos difíciles. Las lentejas empolvadas, la vieja bolsa de avena e incluso esas latas de sardina que nadie quería, son hoy nuestra salvación. Y eso que aún no hemos visto el peor de los escenarios en México. Aunque muchos digan que los negocios están cerrados y a punto de la quiebra; que los empleados tienen sus cuentas en ceros, y que la ola desempleo ya incrementó la inseguridad y el robo, lo peor aún está por llegar.

No hay un precedente en México para lo que estamos viviendo actualmente y en nuestro afán de evitar la infección vírica, surgen temores de un mayor riesgo de contagio por una mutación del virus, a la par del contagio de la desinformación y la ignorancia voluntaria. Ahora más que nunca justificamos ese abandono en el que tenemos a la mayoría de nuestros ancianos con la excusa de ser un grupo vulnerable, pero ¿cambiará esa idea después del Covid-19?, ¿mejorará el trato que le demos a los ancianos después de que el confinamiento llegue a su fin?

Sin duda alguna, después de esta crisis que vivimos, no solamente por la enfermedad, sino existencia y de identidad, por el alejamiento que hemos tenido con nuestra sabiduría ancestral, debe darnos la pauta para reconectar con las generaciones del pasado para proporcionar una identidad a las venideras.

Muchos vaticinan una nueva generación gestada en los albores del Covid-19, como resultado del confinamiento. Lo mismo se especula para las personas que se encuentran en su soltería: el aislamiento les ha demostrado que no tienen con quién compartir ese miedo, esa angustia y con quién sobrellevar la soledad que les está causando estragos actualmente.

¿Habrá un cambio, similar al ocurrido después de la Segunda Guerra Mundial: más matrimonios y más nacimientos? Quizás, lo cierto es que éstos contribuirán, en mayor medida, a buscar un proyecto de vida más satisfactorio y conectado con el entorno familiar y de relación cordial con nuestros vecinos. Y si la realidad es otra actualmente, es decir, si estás compartiendo más con quien tú decidiste estar y no está resultando del todo fácil, tal vez te espera un divorcio doloroso pero realista y satisfactorio para buscar una nueva forma de compartir la vida con quien sí valga la pena.

Abriendo un poco más el panorama, del núcleo familiar al entorno social, la tarea será combinar nuestro imaginario para tomar acciones y no esperar el “pico de contagios”. Es más que evidente que las cosas no volverán a la normalidad de la noche a la mañana, y por ello nuestra dura tarea es sobrellevar una vida marcada por un virus en el pocos creen. Todos compartimos los mismos miedos y las mismas inseguridades, aunque unos las manifiesten más que otros. Si comenzamos a actuar de manera más responsable y solidaria, tal vez, podremos compartir también la esperanza. 

Si volteamos nuestra mirada a otros países, donde la curva de contagios se aplanó, veremos que la crisis económica sólo empeora más y más. La respuesta está y siempre ha estado frente a nosotros: Trabajar en conjunto, es decir, como “naciones unidas” y coordinar la supervivencia humana con un sistema de salud único y de ayuda alimentaria cooperativa de intercambio. Pero la reacción más lógica es el escepticismo y el egoísmo.

¿Cómo saldremos de esta pandemia? Lo más seguro es que no del todo bien. Y aunque ya hemos y estamos viviendo por otras enfermedades que matan miles de personas al año, no hemos aprendido la lección. Si de verdad nos cambia radicalmente la forma de pensar, nuestro confinamiento y redescubrimiento de nosotros mismos, tendremos que agradecer y retribuir al planeta de la mejor manera para demostrar que aprendimos la lección.

*Licenciado en Lingüística. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, colaborador de Meridiano Colima, Colima XXI, E1 Debate Colima, El Centinela MX y El Comentario Semanal. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx.

Sigue soñando…

Daniel se encontraba leyendo el mismo capítulo de ese libro viejo, el de pasta azul descolorida y decorado con letras doradas que siempre tenía en su buró, cuando todo quedó en penumbras. Jamás encendía por completo las luces de la habitación; sólo se iluminaba con una lamparita de mesa, cuyo viejo foco lanzaba una luz amarillenta, digna de una bombilla de principios de siglo. Hasta su despertador azul se había quedado sin baterías. La última hora marcada era 12:20.

¿Qué día habían comenzado los sucesos extraños? Nadie nunca lo supo hasta que  llegó ese hedor nauseabundo y se filtraba fuera de la habitación, que había permanecido cerrada todo este tiempo que estuvo postrado en la cama.

Esa noche, Daniel pudo escuchar un sonido que venía de la planta baja y era cada vez más impertinente para sus noches infinitas de lecturas. Devoraba libros completos velada tras velada, un sin fin de autores desventurados que buscaban hacerse lugar en el mundo de la literatura moderna formaban parte de su pila de libros leídos.

El sonido era constante, como la gota que derrama un grifo en la oscuridad para no dejar dormir a los habitantes de una vieja casa; incesante, como el aire que golpetea las contraventanas de madera mal cerradas. Daniel no pudo concentrarse más en su lectura nocturna.

Intentó ponerse de pie, evidentemente sin el éxito deseado pues su bastón estaba más lejos de lo habitual; tuvo a bien maniobrarse entre la cama y los muebles para no caer al suelo y lesionarse más la espalda. Entre cada abrir y cerrar de ojos podía ver la yegua en el establo, aquella noche que quedó tirado en el suelo y con pocas expectativas de recuperar su movilidad. Suena paradójico y absurdo que el mismo animal que lo dejó en ese estado haya sido el que poco a poco le devolviera la movilidad. Equinoterapia le llaman.

Cuando por fin llego al quicio de la puerta, al girar el pomo se percató que estaba inusualmente tibio, como si alguien hubiese puesto una compresa caliente sobre él. Aún así lo giró.

Un pasillo frío y solo, fue lo único que encontró del otro lado de la puerta. Al tirar del pomo lo único que invadió su incertidumbre fue ese silencio casi sepulcral que reinaba en el ambiente. Al tiempo que se daba la vuelta para regresar a cama pudo escuchar un tintineo escaleras abajo, en el recibidor de la casa. Le pareció inusual pues a esa hora de la madrugada la servidumbre no se encontraba en la casa.

Pocas veces se dignaba en salir de la habitación, después de su accidente. Incluso cuando tenía que ir a rehabilitación, a su propio establo con su yegua, Helena tenía que llevarlo contra su voluntad y siempre rechinando los dientes.

-Me parece increíble que una persona de tu edad, Daniel… 38 años, sea tan testaruda y negativa como para tomar una terapia que incluso se la dan a unos cuantos metros de su casa- decía Helena incesablemente.

No pronunciaba palabra en todo el día. Ni antes, ni durante o después de la Equinoterapia. Comía a la fuerza y siempre se le notaba la mirada perdida antes de irse a la cama, para terminar leyendo un capítulo más de cualquier libro que tuviera sobre su buró.

El crujir de la madera se hacía cada vez más fuerte conforme avanzaba a los primeros escalones de la escalera que llevaba al recibidor. Cuando permanecía inerte para averiguar si alguien lo había pillado a hurtadillas, el estridente sonido de las campanas se escuchaba más cerca.

Era un salón amplio, de madera de roble y cedro. Un galerón adornado con un candelabro colgante, de cristal cortado Baccarat, probablemente traído desde Francia por sus bisabuelos, y un sin fin de piezas de marfil, metal y cerámica de algún periodo de la China imperial. Le parecía demasiado para él solo, sobre todo porque Helena jamás pudo tener hijos.

La luz se asomaba en lo alto de la cúpula y el sonido de las voces parecía provenir del sin fin de estatuas inertes que rodeaban el salón: musas del Olimpo entre los hombres inverosímiles, con fortunas de dudosa procedencia había llenado el salón ante sus ojos. Apenas y había tenido tiempo de vestirse con una casaca que tenía colgada en un gancho tras la puerta de su recámara.

El bullicio de un siglo que no le había tocado vivir de pronto lleno las paredes del recibidor y toda la casa se torno más iluminada. Entre cerró los ojos pues la luz le molestaba bastante, la servidumbre tenía prohibido abrir las cortinas de las ventanas grandes y encender las luces. Deseaba sólo llevar una vida en penumbras y a la tenue luz de la velas.

El sonido del viejo piano al fondo de la habitación, que se extendía a su izquierda, comenzó a tocar una conocida melodía para él. Un viejo y melancólico conjunto de notas evocó de pronto todo aquello a lo que pocos pueden acceder unas cuantas veces en su vida: la saudade de una vida que ya no existe.

-¡Hazlo que pare Helena! ¡Por el amor de Dios! ¿Helena? ¿Dónde estás?

Ella jamás respondió sus súplicas.

-Calma, mi niño, calma.

Escuchó una dulce voz en su cabeza que poco a poco acalló aquello que le atormentaba cruelmente.

-¿Eres tú?

-Ya, tranquilo Daniel, calma. Deja ya de llorar, él regresará pronto y te calmará. Sigue soñando…

Se llevó las manos al rostro y después a la cabeza, revolvió su cabello y el salón completo comenzó a girar. Confundido, se tumbó al piso y pensó que tal vez había perdido la razón. Todo era una vorágine de sentimientos revueltos que simplemente le jugaban una mala pasada esa noche y se fundían en sí mientras observaba el techo.

Poco a poco calmó su respiración y lentamente abrió los ojos. Se encontraba en su habitación, con las luces apagadas y una vela a medio consumir. El libro azul, entre sus manos, abierto en las primeras líneas de Prometeo encadenado, el reloj marcaba las 12:20 y ese tintineo volvió a sonar en el recibidor de la casa. ¿Una cucharilla golpeteando una copa de flauta quizás?, ¿La melancólica melodía en el piano?, ¿el olor a tabaco?, ¿Helena? Todo parecía tan familiar nuevamente.

#PalabrasProhibidas: La vida después del Covid-19

De cara a la fase 3 del brote de Covid-19, las medidas en muchos estados de la República parecen no ser tomadas con la importancia debida por los ciudadanos. Colima es una de esas cinco entidades que destacan entre los estados que menos cumplen con las disposiciones federales.

Así es como hemos pasado de la sorpresa por el brote a la negación y de la negación a la negligencia por parte de los ciudadanos que expresan su descontento ante los encargados de las grandes tiendas que les piden ingresar de una sola persona por familia y cumplir con los lineamientos de desinfección. Incluso, circula en redes sociales el desprecio con el que unos “abogados” se refieren a los guardias de seguridad del edificio del Poder Judicial de la Federación. Dichos sujetos aseguran no ser animales para que les pongan una pistola que “según toma la temperatura”.

El ambiente de incertidumbre comienza a ser más evidente conforme avanzan las semanas de confinamiento a nivel mundial. La sociedad que antes poseía una estabilidad económica, derivada de trabajos en oficinas y dependientes de una quincena segura, comienza a ver cómo poco a poco las empresas van en picada económica y por ende la manera en que se les puede pagar. Por otro lado, las personas que tienen trabajos eventuales e ingresos variables, dependientes de ventas de cambaceo  y comercio informal, están en su punto más crítico debido a la escasez de alimentos.

Los programas de gobierno parecen no ser suficientes para toda la ciudadanía y la preocupación es generalizada: los que tienen y los que no tienen dinero para seguir en pie quieren beneficiarse de las ayudas y demandan más asistencialismo político.

Comparado con el mes pasado, las personas comienzan a notar que esto no es un juego, que el coronavirus es una enfermedad real en nuestro país. Cada uno de los aspectos de nuestra vida diaria ha sido afectado, en especial el ámbito educativo, en el que niños, jóvenes y adolescentes necesitan tomar clases a distancia, desde sus hogares. Sin embargo, no todos tienen al alcance las herramientas tecnológicas necesarias de conectividad y equipo de cómputo para ello. A diferencia de otros países, México carece de un Programa de estudios en casa.

Otro aspecto que también ha sufrido cambios radicales es el comercio. Mientras unas tiendas decidieron cerrar, otras toman medidas más cuidadosas para poder seguir operando. Y aunque algunos cuantos atienden las normas, otros simplemente se molestan al prohibírseles la entrada a familias completas al supermercado, el banco o tiendas como Office Depot. Tenemos que ser conscientes que la situación que estamos viviendo actualmente es algo extraordinaria para nuestra vida y rutina diaria; debemos dejar de lado el orgullo y esa actividad social de reuniones, fiestas y distracciones banales para permanecer en nuestros hogares y evitar que la propagación se dé a una escala mayor, en la que el país, evidentemente, no podrá hacer frente al nivel de contagio.

Ahí viene otro punto en el cual seremos rebasados en su totalidad. Si en países desarrollados o de primer mundo, el sistema íntegro de salud no es suficiente, a estas alturas, para atender la demanda de la ciudadanía, ¿Qué nos hace pensar que México, a sabiendas de una histórica deficiencia en el sistema de salud y abastecimiento de medicamentos, podrá sacar a flote las necesidad derivadas de los contagios que se desatarán en unos cuantos meses?

Los meses más críticos según analista y especialistas en el tema son los próximos 3: mayo, junio y julio, empezando entre el 8 y 11 de mayo, como fecha punta de lanza el Día de las Madres.

Aunque está en nuestros instintos exigir una respuesta inmediata por parte del Gobierno, también debe estarlo el cumplir con las medidas que se nos están estipulando. Uso de cubre bocas en todo espacio público, desinfectarnos las manos y mantener la distancia de una persona a otra.

Pandemia y Coronavirus son sólo dos de las muchas caras que México debe afrontar una vez que los casos positivos comiencen a descender, la más importante de ellas aún está por venir: el desempleo.

¿Qué va pasar con los microempresarios y los trabajos perdidos? Sin necesidad de ser especialista en la materia, tal vez nos enfrentaremos al nivel de desempleo más alto jamás registrado en la historia.

Entre el 13 de marzo y el 6 de abril, la titular de la Secretaría del Trabajo, Luisa María Alcalde, informó que se habían perdido 346 mil 878 empleos, en plena contingencia del Covid-19. El mayor número de despidos se concentra en Quintana Roo, Ciudad de México, Nuevo León, Jalisco y Estado de México, que en conjunto registran 56 % del total de los despidos, es decir, 193 mil.

¡Ojo! Sólo de los empleos que entran en la estadística, es decir, puestos de trabajo afiliados al IMSS. Faltará medir aquellos de la economía informal, carentes de un NSS.

Pareciera que la balanza se inclina y nos está llevando hacia un cambio que va de la economía globalizada a focalizarse en el consumo local. De acuerdo con el presidente de la Anpec, Cuauhtémoc Rivera, el aislamiento social ha propiciado un incremento del 10 % en las primeras dos semanas del mes, en el consumo local. ¿Qué significa esto? La gente está reorientando su consumo a lo esencial, alimentos frescos y dejando de lado aquello considerado como un “antojo”. En pocas palabras, podría tomarse como un escenario de posguerra donde la gente gasta sólo en lo esencial.

¿Qué acciones debe tomar México?

Los líderes mundiales que comienzan a reintegrarse a la vida cotidiana, con temores ante la incertidumbre económica, deben dar una idea al presidente de la República sobre cómo debe afrontar lo que está por venir y tomarlos como un “prueba y error” para que su equipo arme un plan infalible.

El Covid-19 es sin duda la prueba brutal para que México demuestre que tiene la capacidad para diseñar una respuesta coherente ante la crisis que se nos avecina, pedir ayuda y dejar de lado la injustificable idea de que “las necesidades del pueblo no se pueden expresar en inglés por ser un idioma extranjero”.

Si hay países con presidentes carentes de liderazgo y éstos han decidido no apoyar más a la ONU o dejar de lado las medidas prematuramente, México no tiene por qué seguir su ejemplo. Y no sólo se debe evitar una pandemia de un microscópico virus, sino una catástrofe social y económica de países cuyo desarrollo se vuelva un aletazo.

Que no nos sorprenda el sobreendeudamiento y una posible necesidad de cancelar las multimillonarias deudas en las que se verán envueltos muchos países. Y, como mencionaba líneas arriba, el escenario de una posguerra no tiene nada que pedirle al que se atisba con este virus.

Sin duda alguna, es momento de frenar la globalización de los mercados y comenzar a pensar en un nuevo orden mundial, dejando de lado teorías de conspiración y control. Sin duda, el virus ha exacerbado los problemas que nos aquejan desde décadas atrás: políticos, económicos, del sector salud y laboral, sin olvidar claro el odio racial y la división clasista a la que muchos están acostumbrados y ven con normalidad.

Si lo queremos ver de esta manera, México se encuentra en la popa de un barco que se hunde lentamente en un mar llamado pandemia y cuyo fin es inevitable. No esperemos tener el agua al cuello para tomar acciones inmediatas.

*Licenciado en Lingüística. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, colaborador de Meridiano Colima, Colima XXI, E1 Debate Colima, El Centinela MX y El Comentario Semanal. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx.

#PalabrasProhibidas: Lo peor está por llegar

México se encuentra ahora en un punto en el que países como Italia o España ya estuvieron. Gracias a una respuesta hecha a tiempo, podemos decir que no vemos el mismo escenario de infección y decesos por los que ahora se lamentan no haber actuado antes.

Sin embargo, aunque suene cruel, los mexicanos debemos voltear la mirada hacía los países que intentan regresar paulatinamente a la normalidad. China, por ejemplo, se integra a su vida económica cotidiana y experimenta un debilitamiento evidente, sin dejar de lado, los efectos postraumáticos que ha dejado en muchos el encierro.

Hace unos cuantos días el gobierno de México anunció que se extiende hasta el 30 de mayo el aislamiento social. Aunque para 979 municipios del país sería el 17 de mayo, por ser los menos afectados por el contagio. Sin embargo, el mayor desafío en esta decisión es hacer entender a la sociedad de tomar las medidas precautorias necesarias para mantener el nivel de contagio en los niveles mínimos.

Nos cuesta trabajo entender que sólo se necesita una persona para comenzar un brote. Esto es algo a lo que las personas deben prestar atención pero no lo hacen; cuidar su contacto con otros en su entorno, por sobre todas las cosas. Hace unos días un amigo me dijo que un familiar suyo había sido deportado de EEUU y su mayor deseo era ver a su familia después de muchos años de haber estado viviendo el sueño americano. Sorprendentemente, los hermanos, los padres y sus sobrinos atendieron al llamado de reunión familiar. ¿Qué sucede si está infectado pero no presenta disnea? ¿Y si ya superó la fiebre y el dolor de cabeza, y está listo para transmitir el virus? Simplemente lo dejamos de lado por la necesidad de reencuentro. No debemos hacerlo sólo por el bien de nuestra familia, sino por el bien de la humanidad. Los patógenos especiales no respetan ningún límite.

En 1918, la gripe española impactó profundamente a la humanidad. Surgió al final de la Primera Guerra Mundial y los soldados, que regresaban a casa, ayudaron a la propagación del virus. En ese entonces había mil 800 millones de personas en el mundo y por lo menos murieron entre 50 o 100 millones. Hoy hay 7 mil 800 millones y las consecuencias evidentemente no serán iguales, sino de cientos de millones que tal vez morirán. Actualmente, ya suman 2.2 millones de muertes por el Covid-19 a nivel mundial

Pero, ¿por qué no atendemos las recomendaciones pese a que estos brotes epidémicos nos atemorizan más que las armas, más que las guerras en sí?

Voleemos a ver a nuestro alrededor, sólo en nuestro vecindario. Nos daremos cuenta que los vecinos siguen haciendo sus reuniones familiares, aprovechando que no están trabajando o están de descanso porque sus empresas cerraron como medida de prevención de contagios; y si no fuese porque los cines, bares y restaures cerraron para evitar las aglomeraciones, seguramente estarían abarrotados. Parece mentira que autoridades estatales tuvieran que regresar a los turistas que venían a pasar la Semana Santa en las playas de Armería, Tecomán y Manzanillo.

Hasta la publicación de esta columna, había en México 686 decesos por Covid-19 y parece no ser suficiente para que la gente tome en serio el distanciamiento. Pero ¿por qué? ¡Sencillo! Algunos ciudadanos aseguran que no han visto los muertos cara a cara y posiblemente sean cifras que sólo usa el Gobierno para beneficiarse con el dinero de la ayuda internacional.

México comparte frontera con Estados Unidos, que actualmente posee el lugar número uno como el país más afectado a nivel mundial por la pandemia: 40 mil decesos. ¿Qué pasará si Estados Unidos reactiva su economía y México recibe miles de visitas por su cercanía fronteriza? Hay que recordar que existen miles de ciudadanos mexicanos que diariamente ingresan al país vecino a trabajar y regresan a sus hogares de este lado de la frontera.

Debemos reforzar las medidas de salubridad y desinfección personales, un simple lavado de manos o tener un distanciamiento social podría ahorrarnos miles de contagios y muertes futuras.

Estados Unidos ve con ansiedad cómo Europa se vuelve abrir a la economía lentamente. La presión de la Casa Blanca y sus líderes políticos podrían arrastrarnos a la situación que muchos países van dejando atrás: una acelerada curva de contagios y muertes.

Hoy la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dio a conocer que se necesitan más fondos para luchar contra el coronavirus en los países más pobres. Los responsables de las principales agencias de Naciones Unidas desvelan en una carta abierta que, de momento, solo se ha recaudado un cuarto de lo necesario. ¿Qué podemos hacer para mitigar el impacto de esta pandemia? Tener paciencia y esperar en casa para que los contagios locales sean el menor número posible.

De no respetarse la cuarentena y el aislamiento social, así como medidas tan sencillas y elementales como lavarse las manos en todo momento, un único periodo de cuarentena no será suficiente y tal vez será necesario ampliar el aislamiento social hasta el 2022 para evitar el colapso del sistema de salud público, puesto que, según científicos de la Universidad de Harvard el virus podría volverse estacional, con tasas de transmisión más altas en los meses de frío.

*Licenciado en Lingüística. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, director general de información de El Centinela MX, editor web de E1 Debate Colima, colaborador de Meridiano Colima, Colima XXI y El Comentario Semanal. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx.