Te vi; por un instante supe que seguías ahí. Concentré mis emociones para poder decirte que… ¡No! Grité a mis adentros: «No lo hagas, realmente no vale la pena ya, ¿o sí?
Di un paso atrás y media vuelta sin mirar hacia ti; estoy tan cansado de tener que cerrar los ojos, porque aun si me esfuerzo, no consigo dejarte ir. ¿Qué tenemos pendiente? Cartas, hechos, momentos, retratos, pensamientos, secretos… “Lo lamento mucho, nunca debí dejarte ir”, espeté.
Tal vez no sé lo que hago, pero creo que es lo correcto. La idea de estar aquí, en este agujero negro sin ti, no va conmigo. Tengo que salir y recuperarme antes que tú te pierdas en mí.
¿Entiendes? Sé que resistes a todo lo que el tiempo te ha puesto ahora enfrente. Yo haré entonces lo mismo por mí.
Puedes llamarme, escribirme al viento historias que solo durarán unas cuantas horas… Ten por seguro que las leeré. O solo deja tu marca puesta en pie y sabré que la revolución surtió frutos.
Recuerda, no hay nada más verdadero que la belleza del amor libre. Las fotografías se han ido ya, he quemado un sinfín de recuerdos, pero aun así, sigues ahí. Eventualmente desaparecerás.







Deja un comentario