La prospectiva hecha polvo

¿De dónde venimos? ¿Estamos solos en el universo? ¿Hay vida después de la muerte?

Estas, quizás, son tres de las preguntas que más eco tienen en tu mente. Sí, te estoy hablando a ti. Sé que tú como yo, te has preguntado alguna vez esto, o al menos una de las tres.

Si lo que buscas en este texto es una respuesta a estas interrogantes, creo que lo mejor es que pases por alto de las siguientes líneas que escribí. Por el contrario, que te haya desanimado a leer te genera más interés, bueno, pues adelante.

Desde hace muchos años, el hombre ha dudado de su existencia en este planeta; se ha planteado a sí mismo que es imagen y semejanza de un ente superior a él.  Una pequeña, pero insiste, minoría dice que fuimos abandonados por “seres de otro mundo”.

Aunque, debo decir, los hay más aventurados, que dicen que somos solamente la memoria colectiva de una civilización que ya no existe -cual estrella muerta-, y que solo sobrevive gracias a un ser que está recreando, dentro de su pequeño cerebro, continuamente lo que alguna vez fue gloria de la máquina perfecta: el ser humano.

Bueno, si somos de otro planeta o una vil colonia de “hormigas” que alguien ve a través de un cristal polarizado, sencillamente, no importa.

Todas estas teorías, que buscan el origen de nuestra actual decadente sociedad, son los supuestos de una estúpida idea mal traducida “pienso, luego existo” – Cogito ergo sum, es decir, “yo pienso, entonces (yo) existo)”-.

¡No podemos dejar de lado nuestra existencia! Pensar solamente nos convierte en un proceso cognitivo limitado a una ecuación mecánica que maquina dentro de una pequeña -pero importante- fracción de nuestro orgánico ser. Pensar no lo es todo.

Lo admito, yo también he tenido – y tengo, creo- miedo a la muerte. Continuamente estamos pensando en si habrá vida después de la muerte.

Por ejemplo, tenemos un promedio de vida de 80 años, del cual nos pasamos estudiando -en el menor de los casos-  24 años. Trabajamos mínimo 40 más, para que a nuestros 64 o 65 años veamos los primeros frutos del esfuerzo de más de media década de “pienso”, y sencillamente, los últimos 20 años que nos quedan decimos “luego existo”.

No es coherente. Trabajamos, en promedio, 60 años para sobre llevar los últimos 20 que nos quedan en este planeta. ¿Y después qué viene? Somos materia orgánica que se pudre bajo tierra -que también compramos durante nuestra explotada vida-.

Paradójicamente, vivimos pensando en la vida después de la muerte sin ver que “hay vida antes de la muerte”, que perdemos los años maravillosos -y sí estoy pensando en mi serie favorita de la infancia-.

Vivimos estresados y pensando en que nos llegará nuestra hora final y no hemos hecho nada de provecho con nuestra vida. Y tenemos razón. Pero no hacemos nada de provecho con nuestra vida; sencillamente vivimos pensando en el futuro, algo que no tenemos, y en el pasado, algo que ya no existe. ¡Dónde diablos queda el presente? El soy, existo, respiro, como. En cambio, pensamos sólo en cuántos años tendré en 2050, cómo seré en 40 años.

Todo esto lo sé porque yo pienso -en parte- de esta manera. Vivo tan preocupado por el mañana que me olvido que para que eso llegue existe un ahora, y que si ese ahora no lo vivo, pronto será un pasado. Pasado que ya no existe, presente que no vivo y futuro que no tengo.

No busquemos vida después de la muerte si la viviremos igual que nuestro presente, nuestro ahora. Basta darnos cuenta que “hay vida antes de la muerte”. ¡Disfrútala!

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