Vivimos en un mundo donde las nuevas tecnología (TIC) y sus desarrollos son pieza fundamentan de nuestro día a día. Tenemos una herramienta realmente poderosa -y la vez letal- en nuestras manos. Hablo de la triada internet, smartphone y redes sociales. Medios de comunicación, actores políticos, estrellas de la música, cine y otras disciplinas, las usan para mantener al resto de la población informados sobre lo que sucede con ellos (en el caso de las figuras públicas) y en el resto del mundo (en el caso de los medios de comunicación.

En los últimos 10 años, México ha presentado un gran incremento en el número de usuarios de internet. Sólo en el 2015, el número de internautas rondaba los 65 millones. Del 2006 al 2016 -un período de 10 años- la comunidad pasó de 21 % a 59 % de la población en el país, de acuerdo a cifras calculadas por INFOTEC  y AMIPCI, con base en la información del CONAPO e INEGI.

Ahora bien, de acuerdo al INEGI, el porcentaje de usuarios por sexo está en un 50 % hombres y 50 % mujeres; el mayor segmento de usuarios (20 %) tiene entre 25 y 34 años de edad; la clase media baja es la que más tiempo pasa en internet (46 %), y la población del centro del país (26 %) es la que más se conecta.

En promedio, un mexicano se conecta a internet 7 horas con 14 minutos. Si comparamos estos datos, nos daremos cuenta que se conectan 1 hora y 3 minutos más respecto al 2015. Los lugares desde donde los mexicanos se conectan los encabezan el hogar (87 %) con WIFI contratada (84 %). De la misma manera, el dispositivo del cual se conecta el mexicano es el smartphone (77 %).

Esto es sólo para darnos un panorama de qué está sucediendo con los usuarios de México en internet. Ahora bien, regresando al tema que nos aqueja, las redes sociales son lo primero a lo que acceden los mexicanos; el 79 % usa su smartphone para acceder a ellas. Y es tan fácil como preguntarnos: ¿Qué es lo primero que haces cuando despiertas? Sencillo -y sin mentirnos-, buscamos el smartphone, vemos qué notificaciones se acumularon durante el transcurso del a noche y damos los “Buenos Días” en nuestras diferentes redes sociales.

Líneas arriba mencionaba que tenemos una herramienta realmente poderosa pero también letal. La razón: todo aquello que hacemos por placer y nos hace sentir bien, si se sale de control, se convierte en una adicción.

¿Por qué llamarle adicción?

Cuando mencionamos la palabra adicción vienen a nuestra memoria referencias como alcohólico, drogadicto y fumador compulsivo. Durante muchos años esta fue la concepción de adicción: un sinónimo de adicto a las drogas. Ahora sabemos que las adicciones no puede limitarse sólo a conductas desencadenadas por sustancias químicas como la cocaína, la nicotina o el alcohol.

Y aunque no se lo imagine, estimado lector, existen conductas que tachamos de inofensivas que se pueden convertir en adicciones. Realmente se ha demostrado que cualquier actividad del día a día puede ser una adicción o desencadenar una conducta adictiva. La pequeña y delgada línea entre ser o no una adicción es el control que tenemos sobre esta. Ejemplos tan claros como tener sexo puede convertirse en una adicción y catalogarse como ninfomanía (en el caso de las mujeres) y satiriasis (en el caso de los hombres).

En el caso de las redes sociales, el smartphone o el internet, una persona adicta deja de hacer o usar esta triada por funcionalidad o placer -puede ser necesidad dentro del trabajo-, para buscar alivio a la soledad, aburrimiento, enojo o descontento.

Quizás el punto por el que no sea algo familiar es porque difícilmente encuentras adicciones psicológicas y es más frecuente encontrar adicciones químicas. Sin embargo, esto no quiere decir que se lleguen a mezclar en algún momento: hablamos entonces de adictos al trabajo pero que también son adictos a la cocaína para inhibir el agotamiento por el exceso de trabajo.

Estas TIC simplifican considerablemente nuestro día a día. Es muy tentador estar todo el tiempo conectado a internet, la llamada hiperconectividad, es decir, siempre conectados, siempre disponibles.

¿Cómo saber qué te estás haciendo adicto?

Uno de las primeras llamadas de atención para saber que se está cayendo en una adicción a las redes sociales es desplazar actividades propias de la vida normal para suplirlas por estar en las redes sociales: hacer ejercicio, estudiar, trabajar, las cenas familiares, etc. Después viene el aislamiento, la ansiedad por no tener el smartphone cerca -la conocida Nomofobia, miedo a salir de casa o perder el smartphone-, incluso a perder tu autoestima.

La función principal del teléfono celular -hacer llamadas- fue desplazada ya por escuchar música, la mensajería instantánea, tomar fotos y videos, navegar por internet, mantener al día tus redes sociales, chatear, dar likes y estar siempre al día con las mejores aplicaciones. Esto viene de la necesidad de ser visible con los demás en las redes sociales, la necesidad de reafirmar tu identidad con un grupo de personas determinado. Ser anónimo en internet produce un miedo tan tremendo como el que genera el estar solo en el universo oscuro.

Ser visto en las fotos de los amigos, de páginas de sociales o tener un perfil en cada red social está estrechamente ligado con alejar la soledad que embarga al usuario por el simple hecho de estar en la privacidad de su habitación y bajo la protección -como él lo ve- de una pantalla de cristal. Es como predijo Andy Warhol: “En el futuro todos tendrán sus 15 minutos de fama mundial”. De esto se desprende lo que ahora conocemos como las #Ladies, #Lods y #Gentlemen de las redes sociales: títulos nobiliarios que en México se convirtieron en sinónimo  de prepotencia e implican ahora pertenecer a la más baja de las jerarquías morales. Claro, lo anterior, motivado por el vacío que las autoridades no son capaces de ocupar: el hecho de denunciar situaciones de prepotencia motivadas por una persona lo suficiente enferma mentalmente o como resultado de la descomposición social del país que ha crecido por la desigualdad social y económica.

Otro síntoma es darse cuenta que la dependencia hacia las redes sociales es tan grande que publicamos en automático situaciones que no deberían ser parte de lo público (como tener relaciones sexuales) y que sólo valoramos la gratificación inmediata (el like o el share), pero no reparamos en las consecuencias negativas a largo plazo.

Por último el síntoma más importante es la abstinencia. Así como las adicciones químicas, la adicción a las redes sociales experimentan este síntoma cuando no pueden conectarse: malestar emocional, un estado de ánimo disfórico, insomnio, irritabilidad o inquietud.

Principales señales

Si te preocupa que algún familiar o amigo tenga este problema (adicción) debes analizar estas siguientes señales de alarma:

  1. Privarse del sueño para conectarse a las redes sociales. Es decir, reemplazar las 8 horas de sueño por la conexión a internet.
  2. Desatención de la familia, el trabajo, la escuela o la salud.
  3. Irritación por la falta de conexión a las redes sociales / internet.
  4. Perder la noción del tiempo por la privación del smartphone.

Si eres padre y tu hijo muestra cierta rebeldía hacia tus indicaciones o a ciertas disposiciones que buscas de tu hijo hacia ti, analiza primero su nivel de dependencia al smartphone o redes sociales.  Suele confundirse esto con el período de rebeldía de la pubertad. Además que los jóvenes son los que mejor dominio tienen sobre el smartphone, el internet y las redes sociales.

Como ser humano, la plena felicidad sólo puede encontrarse en un nivel de satisfacción óptimo relacionado con las actividades que realiza día a día. Por ende, si estas actividades se ven reducidas y recae la felicidad en una sola palabra, el like, su vida puede convertirse en una adicción a las redes sociales. Y de la misma manera, si esta persona no está satisfecha o feliz con las actividades que realiza, cae en un aislamiento virtual dentro de su smartphone. Hasta cierto punto este tipo de adicción no sólo causa dependencia sino que también restringe tu libertad.

Al igual que suele ocurrir con las adicciones químicas, es difícil que un adicto a las redes sociales acepte su condición. La única oportunidad que tenemos para no caer en este tipo de adicción es que los padres se interesen por la tecnología y que pidan a los jóvenes que les instruyan en su uso, y a su vez que los adultos adiestren a los hijos en usar la tecnología con justa medida.


*Licenciado en Lingüística por la Facultad de Letras y Comunicación. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, director general de Información de El Centinela de Colima, colaborador de la revista Vida & Mujer y Manzanillo News. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx o sígueme en Twitter como @skidder89.