Son las 4:30 de la mañana y mi celular comienza a sonar como loco. No es la alarma –yo despierto a las 5:00 am-, son los #FelizLunes de muchos de mis seguidores y seguidos que comienzan a ser tendencia en Twitter. Después, a las 4:50, vienen los primeros tuits –programados- de periodistas nacionales e internacionales que anticipan las noticias que serán tendencia durante la mañana. A las 5:00 am suena la alarma y su prolongado “Diez minutos más…” se va diluyendo poco a poco entre los recordatorios de “No olvides el short del gym”, “Recuerda pagar hoy tu tarjeta de crédito” y culmina, al poner el coche en marcha –a las 6:20 am con la ruta del Google Maps que te avisa “Hay un tráfico moderado, ve por avenida Tecnológico. Tiempo estimado de llegada: 15 minutos”.

Así el día a día, hasta llegar al trabajo, cuando los grupos de Whatsapp (tema: trabajo) comienzan con la jornada que culminará pasadas las 4:00 de la tarde. ¿Cómo se llamó la obra? Hiperconectividad, siempre disponible.

Nuestra nueva realidad tecnológica ha permeado ya el entorno laboral –dejando de lado las distracciones y la familia-. Hablo por mí cuando digo que si suena mi teléfono y no lo contesto, comienza a timbrar en mi iPad, y si también la ignoro, mi Macbook sonará avisando que tengo una llamada.

Para los que están familiarizados con el ambiente Apple, esto es Handoff, comenzar algo en un dispositivo y continuarlo en otros mediante tu cuenta de iCloud.

Suben los niveles de estrés y bajan los ánimos, llegas cansado a casa y sin ganas de ver la cara de nadie, lo que convierte a tu vida en la del obrero Charlie Chaplin, de la película Tiempos modernos (1936), donde se muestra como el hombre se ve incapaz de mantener un modelo de jornadas laborales extenuantes que finalmente lo llevan al colapso.

Y es que, es preocupante como, de acuerdo a un estudio realizado por la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), titulado 12° estudio sobre los hábitos de los usuarios de internet en México (2016), el 59.8 % de la población en México, que tiene acceso a internet, se mantiene conectado 7 horas 14 minutos al día en internet –casi una jornada laboral-. De estos, el principal dispositivo de acceso es el Smartphone (77 %) Le siguen la laptop (69 %) y la computadora de escritorio (50 %).

En su mayoría, las personas usan internet para entrar a sus redes sociales (cerca del 80 %), superior a enviar/recibir emails y/o mensajes instantáneos. Otros usos son ver películas/series en streaming (96 %) y jugar en línea (96 %).

Al final de cuentas, la hiperconectividad termina convirtiéndose en un problema, una adicción. Y como toda adicción, esta tiene sus efectos secundarios.

Primero, la ansiedad es muy marcada y persistente, lo que genera una fuerte necesidad a revisar las notificaciones de los dispositivos móviles. Tanto así que la persona comienza a escuchar alertas cuando no las hay.

Después, los problemas en el trabajo se hacen presentes, al mantener una fijación por tener el Smartphone a la mano todo el tiempo para contestar los WhatsApps, dar likes a fotos o tuits y hasta ver videos en Facebook, Vine o Youtube. Si el entorno digital es parte de tu trabajo, la principal causa del problema será la distracción en cosas que no atañen con tu trabajo y su desempeño. Asimismo, este tipo de actividades incluso se llevan a la cama, cuando en la noche dedicas una o dos horas a “cerrar el día” – a las medianoche o 1:00 de la madrugada- y dejas el Smartphone conectado a tu Wi-Fi para no perderte las respuestas del resto de tu mundo virtual.

Sentirte irritado o molesto por no lograr conectarte o acceder una aplicación móvil es otra de las manifestaciones de la hiperconectividad. Sumado a la irritación en los ojos, pues estás todo el día pegado a pantallas luminosas que dañan y acortan tu visión; una mala postura, contracturas severas, dolor de espalda, dolor de cabeza y hasta el denominado text neck.

Este último, también conocido como “cuello de texto”, es un trastorno típico de nuestro siglo debido a que se está tornando como una epidemia global, provocado por inclinar demasiado la cabeza para ver videos, escribir mensajes o jugar en dispositivos móviles.

Si este es un día a día en nuestro ambiente laboral, entonces ¿Cómo podemos sobrevivir a la hiperconectividad?

Primero, haz un planteamiento sobre la inclusión de la tecnología en tu vida diaria. Identifica tus conductas, es decir, qué tanto necesitas de ella al día; qué tipo de usuario eres – si no lo sabes aún, investígalo-. Lo fundamental es mantener una diferencia entre off line y on line.

Cuando eres parte de las redes sociales es muy difícil salir de ellas. Lo he dicho ya, es como una adicción, una droga. Por ello aprende a usarlas –ya sea de forma oficial, como parte de tu trabajo, o como distracción y medio de conexión con familiares lejanos-. Establece parámetros de privacidad, fija límite y no trates de empatar el on line  con el off line, es decir, nadie tiene porque importarle si vas al baño, a qué hora te bañas. Incluso mantén muy en privado la vida de los menores de edad que te rodean.

Usar Facebook, chatear en Snapchat, Whatsapp o jugar en línea no tienen nada de malo, siempre y cuando tú tengas el control y no ellas. Conoce bien a quienes incluyas en tu círculo virtual. Recuerda, no empates off line  y on line.

 Aunque dicen “nunca digas nunca” debes aprender a decir “NO” tajantemente. Si no te gusta participar en grupos de chat de WhatsApp, cadenas o intercambio de memes, ¡No se va acabar el mundo! ¡No te van a cancelar tu cuenta de Facebook! y mucho menos se va recuperar alguien por los likes que le des, Amén.

Incluso si no usas cierta aplicación de mensajería instantánea, es válido decir ´”no la utilizo, ¿Tienes otro medio de comunicación?”.

Aunque la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) en su 12° Estudio sobre los hábitos de los usuarios de internet en México (2016) diga que Facebook lidera la lista de las redes sociales de preferencia por los usuarios mexicanos, con un 92 %, y que WhatsApp sea utilizado por 8 de cada 10 internautas, no lo son todo en internet. Sólo son una de tantas herramientas que ofrece. Internet es fascinante si sabes sacar jugo para tu profesión, negocio o distracciones.

En conclusión, la forma más práctica de sobrevivir a la hiperconectividad es comenzar a prescindir de tu Smartphone en las actividades que no sean de vital importancia; reuniones de amigos o familiares, la hora de la comida o ver la televisión, no son los mejores momentos para estar pegado al celular. Sólo piensa dónde estás: con tu familia o en la oficina, con tus amigos o con tu novia. Incluso hay un chiste que dice “cuando te escribo mensajes me dejas en ‘visto’, y cuando estamos frente a frente estás clavado en tu celular… o sea qué pedo”.

Por más indispensable que parezca, dejar el celular a un lado no es imposible. Analiza nada más y te darás cuenta que la mayoría de las veces son acciones automáticas –como en la película de

 Si reflexionas qué uso le das durante las reuniones, verás que son acciones automáticas como las de la película Tiempos modernos (1936).

Sin duda, no podemos controlar lo que el resto haga en su Smartphone –o como dicen las mamás: si los demás se avientan a un pozo, ¿Tú también?-, pero en la medida que sepas cómo manejarlo, tu experiencia será más positiva.