Como los animales, existen palabras que están en peligro de extinción debido a que van cambiando con su uso. ¿Por qué decimos que están en peligro de extinción? Sencillo. Palabras que actualmente carecen de sentido -más no de significado- para nuevas generaciones agonizan en el español de nuestros abuelos. Ejemplos claros son guateque, las enaguas y lo pochola que puede ser una persona.

Palabras que nuestro corrector ortográfico marca como errores. Sí, ese mismo corrector ortográfico que a veces nos saca de quicio al desconocer una palabra que sólo hemos escuchado y jamás hemos escrito.

Este fenómeno no es nada trágico, pensarán muchos -y viene a mi mente la frase “dar paso a lo nuevo”-. Es la propia naturaleza de nuestra lengua: nacer, morir, evolucionar y a veces, incluso, resucitar. Digo que no es nada trágico porque la mayoría de las veces, las palabras que mueren o se extinguen -como desee llamarle, estimado lector- lo hacen porque las cosas que representan desaparecen de nuestro imaginario. Un ejemplo claro es el medio rural, que con el paso del tiempo ha evolucionado en sus rudimentarias formas de hacer que la tierra de frutos. Así, palabras como la azada, la hoz o las zoquetas.

Cosa contraria sucede con términos que mueren, renacen renovados y bajo otro significado. Caso concreto, el término azafata. El significado de azafata era ‘criada que servía a la reina los vestidos y alhajas’ procede de azafate porque este recipiente era el que tenía la criada en las manos mientras la reina se vestía Con el paso del tiempo, la azafata se independizó, mandó a la chingada los vestido y las alhajas de la reina, y se fue a volar por el mundo, sirviendo a los turistas. Y no sólo eso, sino que se hizo partícipe de la equidad de género y le dio lugar a un compañero de viajes: el azafato.

Algunas palabras que están en el purgatorio de la lengua son:

  • Cuchipanda. Comida que toman juntas y regocijadamente varias personas.
  • Dandi. hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono.
  • Enagua. El origen era nagua pero con el tiempo se convirtió en enagua o enaguas y se metió entre la ropa interior de las damas dar vuelo a la hilacha.
  •  Parvulito, parvulita. Dicho de un niño: De muy corta edad. Inocente, que sabe poco o es fácil de engañar. También usado para decir que es un niño de primaria.

En mi caso muy personal, hay una palabra que recuerdo salir de la boca de mi abuela y a su vez de su madre -mi bisabuela-. Cada vez que dos mujeres se peleaban en el molino, solían decir que sacaron sicuas -honestamente no sé cómo se escribe, solo la escuchaba-. Es decir, que se sacaban pequeños hilos de piel con las uñas, tras arañarse. Jamás nadie la ha escuchado y ahora está agonizando en mi propio imaginario, reducido a un eco mío.

Estimado lector, si conoce más palabras moribundas, que sólo haya escuchado de sus abuelos o bisabuelos, o que pertenezcan a una realidad que le trae buenos recuerdos de su niñez, lo invito a compartirlas conmigo en fernando_castillo@ucol.mx para publicarlas posteriormente.