Puede ser que alguna vez pierdas el camino, la meta de tu destino. Pero todo cambia cuando has logrado tener “éxito”, si así lo quieres ver. Es mentira. Un triunfo puede ser solo un escalón para subir a la cima del mundo o la parte decisiva que te haga caer a la sima de tus miedos. No te rindas. El éxito no es aquello que logras la primera vez que ganas, es solo un escalón.

Sé lo que es el enervante sabor del triunfo en un solo punto de la vida. No es necesario que tengas otro. Uno es suficiente para marearte y tambalearte en el precipicio de la escalera de la vida, caer y caer hasta el final. Comenzar desde cero, dicen muchos. Yo digo empezar de nuevo. Una oportunidad que te da esa embriagante sustancia llamada “ilusión”. Un día existe alguien importante para ti, por quien has cometido errores y luego rectificas diciendo por primera vez “perdón, me equivoqué”. Al día siguiente nada fue suficiente para seguir el camino que habían planeado para el resto de su vida.

Debilita las piernas, rompe el corazón y te pone de rodillas ante la barandilla, suplicando que sea mentira.

Acurrucado a un lado del camino para dejar pasar a los demás. Te vuelves molesto, destapas el odio embotellado -al final de cuentas es un “genio” atrapado en la botella-, rompes con el mundo y dejas ver un lado oscuro y frío que nadie más había conocido. Ni tú.

¿Qué falta? Una sacudida que rompa los cristales que solo reflejan lo que tú crees ver y que no eres. Definir lo que quieres es elemental, ahora lo sé. Tengo un punto claro, ¿Cómo buscas el éxito si ni siquiera sabes que lo quieres? No es la cantidad de triunfos en la vida, sino la calidad de ellos y el valor que para ti generan.

La referencia de ese pozo sin salida siempre es la misma. Algo ahí no luce bien, todo el tiempo está mal y nadie lo puede cambiar.

Los demás parecen sobrevolar el resto de tus deseos, esperando tomarlos para sí mismos. No es así, intentan ayudarte a recuperar la grandeza que te definía. Déjate llevar por la gravedad que no existe en ese lugar. Parece que vuelas sin rumbo pero realmente el rumbo sigue ahí, no lo pierdas.

Después de que hayas dejado ese dolor de desilusión atrás, piensa en experimentar y sé curioso. No creas la frase tonta que dice “la curiosidad mató al gato”. Créeme, como dice una amiga mía: “La curiosidad ha destrozado más corazones que matado gatos”.

Reconstruye tus relaciones. No te encierres en la torre de Rapunzel, esperando que alguien vaya a salvarte cuando sabes que quien tú tienes que salvarte a ti mismo. Intenté encerrarme, alejarme del resto y comenzar una vida que creí era la correcta. Es un error, gran error. La relación más duradera que puedes tomar de base es contigo mismo. No te destruyas.

Tienes algo más que cambiar en tu vida hoy. Tienes trabajo, grítalo y agradece por ello. Allá afuera hay gente que no ha logrado entrar en la productividad y llora porque se siente inútil, cuando sabemos que no lo son. Simple y sencillamente nadie ha visto hacia donde están porque están escondidos bajo sus propios miedos, tratando de esperar la oportunidad de su vida.

¿Sabes cuál ha sido la principal oportunidad que has tenido?

Estar vivo y no te has dado cuenta. Respira y agradece por poder llenar los pulmones de tu cuerpo con aire que da un latido más a tu corazón. Por un momento, un minuto, una hora o días, no podría yo haber dicho eso. Pero, aquí estoy, escribiendo la primera página de una idea que cambió mi percepción, mi forma de ver las cosas. No habría nacido, pero lo hice y estoy aquí. Eso es la principal oportunidad que no valoramos. Somos fuertes, sin género aún definido -por aquello de que soy más fuerte por ser hombre- vencimos a 249 millones de espermatozoides, fecundamos un óvulo y recibimos la oportunidad más grande: la vida. ¿Por qué? Por una sola y sencilla razón, peleamos para estar ahí. No se puede tener éxito sin pelear por estar ahí. La prueba es que no se necesita patalear o manotear por triunfar. Solo moverse y tener una meta fija.

No se puede vivir sin pasión.

Y no solo luchamos por estar ahí, también hacemos algo porque nos apasiona. No se puede vivir sin pasión. Si tu trabajo no te apasiona, déjalo ir. Muévete de tu zona de confort; cámbiate de casa, sé tú mismos y conoce nueva gente que entienda tus locuras e ideas, miedos y fortalezas -más fortalezas que miedos, claro-. Confía, equivócate, aprende y renace las veces que sea necesario.

Antes de ver el fracaso como una limitación, imagina que es la persistencia y la perseverancia la que llevó ahí, no lo veas como algo negativo. No te confundas, persiste en tus intentos, limpia tus rodillas porque hayas caído y no porque te has hincado para pedir ayuda a alguien superior a ti.

Toma la decisión más grande de tu vida y por último: decide todo por ti, para ti y nadie más que tú. No trates de convencer a alguien más de acompañarte a tus triunfos, haz que sea parte de ellos cuando los tengas pero antes no. Es el principal error que puedes cometer, aunque también puedes aprender de él. Haz lo que creas por ti y no para satisfacer a alguien o los demás. La vida es tuya, la decisión es tuya y el triunfo será tuyo también.

Nos cuesta trabajo empezar y reconocer que habíamos hecho algo mal. Inténtalo y cambia tu futuro, tu destino y tus ganancias serán grandiosas.


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