Cada vez que hablo con mis abuelos me doy cuenta que algo está pasando en el mundo actual: la historia, sin lugar a dudas, está siendo editada. Los políticos nuevos buscan a toda costa dejar atrás la imagen negativa que existe de sus corrientes políticas -por no detallar qué corrientes políticas- y los jóvenes, es decir, las nuevas generaciones, se comen los cuentos que les cuentan en los mítines. 

Le preguntas a un estudiante de esos que busca cambiar el mundo desde su computadora, gritando consignas en Twitter sobre desaparecidos, qué significa “2 de octubre no se olvida” y realmente solo sabe que es por la desaparición de “unos estudiantes”. Sin embargo, cuando platico con los viejos sabios de la humanidad, mis abuelos, la historia cambia; se convierte en una masacre verbal, transmitida con palabras claras de un ser humano que vivió en el tiempo en el cual sucedieron los hechos. La narración se tiñe de rojo y los cuerpos se convierten en cerros de gente muerta. Duele aceptarlo pero la historia es editable.

La historia cambia, si de la fuente oficial la escuchamos, los muertos se convierten en “cifras oficiales” no “estimaciones de los medios” o de testigos; las denuncias pasan de miles a unas cuantas reportadas ante las instancias correspondientes, y las desaparecidas… ¿cuáles desaparecidas? ellas sólo se fueron con el novio porque en su casa eran incomprendidas. Cala en el corazón que los actores políticos sean más actores y menos políticos, ya no pido que sena honestos; no se le puede pedir peras al olmo.

Es por estas razones que los abuelos y bisabuelos -si aún vive- deben estar en Youtube, Facebook y por qué no, también Twitter. Qué nos cuenten la verdadera historia de nuestro país, ese que ha vivido amagado bajo el yugo de una sociedad política que trata de disfrazar sus “cambios” autoritarios con “democracia”.

Si la democracia es, según su etimología, donde el pueblo debe gobernar, por qué no hay indígenas ocupando las curules para tomar la decisión más indicada sobre su pueblo; por qué no hay mujeres campesinas al frente de Sedesol, Sefome y otras dependencias que estarían mejor administradas por esas mujeres que saben cómo hacer rendir “el gasto” sin llenar sus bolsillos del dinero del pueblo. ¿A quién no le conviene esa decisión, al pueblo a los que representan al pueblo? Si representan al pueblo, ¿Por qué no ven por el pueblo?

Somos, lamentablemente me incluyo, un pueblo de agachones, que vivimos bajo el temor de “si hablo voy a peder lo poco que tengo”, “si hablo mañana no amanezco” y si amanezco, no sé si será en un hospital, en coma.

¿Qué más nos falta para cambiar el rumbo de nuestro país y decidir por nuestro futuro?

¿Muertes? ¡Hay muchas ya!

¿Robos? ¡Qué más que los impuestos que nos pican la quincena para no dejarnos nada!

¿Secuestros? ¡Sobran horas del día para desaparecer en la calle y aparecer en la cajuela de un expolicía y narco!

Insisto, cada vez que hablo con ellos, hombres y mujeres de sabiduría, se me llenan de lágrimas los ojos de escuchar cómo narran las injusticias que siguen vigentes; se me entumen las manos de empuñar mis dedos de coraje. Esas voces de experiencia deben estar en las redes sociales, hacer que los más jóvenes abran los ojos y que no se dejen coger con las estupideces de los políticos hipócritas que buscan secuestrar a México.

Deben ser tomados con cuidad, con guaruras para que no sean asesinados por quienes saldrán afectados por sus comentarios. Poco saben de tecnología pero seguro habrá alguien más como yo que los pondrá al frente de una computadora para que expresen su enojo y desesperación por ver cómo se desmorona México.

Cambia el mundo, sus ciudadanos, se vuelve más duro y difícil llevar una vida digna. Pero la puta realidad de los políticos con avaricia no cambia. Y no es que todos sean iguales, pero como dice el refrán: Por unos pierden todos.


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Imagen tomada de ZoomNews