Una tarde de esas en las que solía bebes sólo café como si fuera algo extraordinario, pensé en lo material que tengo y lo esencial que hay en mi vida.

Tras leer unas líneas del libro, crucé entre las mesas vacías y decidí irme al quiosco del jardín. Cerré mi Mac, tomé mi café y tiré a la basura la propaganda que me habían dado.

Me encerré en una página del libro que jamás dejaré de leer por miedo a descubrir si mi destino es similar al del protagonista de la historia. “Si sta facendo sempre piú tardi” (Se está haciendo siempre más tarde, literalmente).

Nunca olvidaré la siguiente parte del libro:

Ne ricordo una che diceva cosí:

La foglia cade
nel vento d’ottobre
ondeggiando leggera.
Pesante é il tempo di un’estate
passata lontano.

Seduti in quel caffè sognavamo mondi possibili…

Yo también estaba sentado en aquel café, soñando. Era otoño también, veía las hojas que ondeaban con el viento…

Me sentía en un momento de paramnesia reduplicativa. Ese libro, ese preciso momento y esa precisa página habían sido llevados hasta mí. Duplicaba sus líneas en tres dimensiones que yo podía sentir, oler las hojas cayendo con el viento y pensar las emociones del delirante amor que sentía el protagonista. Sin duda, pensando en mundos posibles.