¿Sueñan los humanos con realidades simuladas?

Me encuentro en un mundo devastado por el silencio, soy el último ser vivo sobre el planeta y lo único a mi alrededor son ruinas, calles desiertas y el cielo se tiñe de tonos carmesí y nubes negras. Toda la humanidad ha desaparecido y no sé cómo llegué hasta aquí. Camino por una vieja calle adoquinada, el viento emite un sonido fantasmal, cada vez que sopla a través de los escombros. Lo único en lo que puedo pensar es en el insoportable peso que llevo sobre mis hombros, de ser el último testigo de la caída de la humanidad.

La incertidumbre me consume y la desesperación me hace sucumbir. Justo cuando parece que no puedo soportar más la soledad y el vacío, abro los ojos y caigo en mi cama. Me doy cuenta de que todo ha sido una pesadilla que me ha llevado a experimentar una “Realidad Simulada” en mi propia mente.

Realidades Simuladas

Todo lo que percibimos y lo que experimentamos a través de nuestros sentidos es traducido y procesado por nuestro cerebro a través de señales eléctricas. Es decir, cuando interactuamos con el mundo exterior, nuestros sentidos recogen información del entorno y la convierten en señales eléctricas que son enviadas a través de neuronas, células especializadas del sistema nervioso, hacia diferentes áreas del cerebro que se encargan de procesar y dar sentido a la información. Este proceso sensorial en el cerebro es indispensable para nuestra percepción de la realidad.

Pero, ¿Qué pasa con los sueños? Seguramente has tenido experiencias sensoriales en tus sueños tan vívidas que parecen reales. Situaciones en las que te era imposible despertar y al hacerlo puedes recordar cada situación como si la hubieses vivido.

Cuando soñamos, nuestro cerebro crea imágenes, sensaciones y situaciones que pueden parecer totalmente reales, aunque solamente ocurran en nuestra mente mientras dormimos. Es decir, en cierta medida, los sueños son generados por impulsos eléctricos en el cerebro. Durante el sueño, el cerebro sigue activo y experimenta diferentes patrones de esta actividad eléctrica. La fase más notable es el REM, que es cuando la actividad es más similar a la vigilia.  Pero no solo los sueños, sino también las pesadillas nos ofrecen una perspectiva única sobre la capacidad del cerebro para generar realidades alternativas que, al despertar, nos hace cuestionar su realidad.

Entonces, si la realidad que experimentamos la procesa nuestro cerebro con señales e impulsos eléctricos, al igual que los sueños, ¿qué hace diferente aquello con lo que soñamos y lo que vivimos? ¿Podríamos llamarles a los sueños “realidades simuladas”? Más intrigante aún, ¿es posible generar una “realidad simulada” en un ser humano? ¿Qué tanto podría cambiar nuestra percepción de la naturaleza, de la realidad, de la identidad humana? ¿Qué desafíos éticos y morales surgirían en un mundo donde fuese posible simular la realidad?

Pienso, luego existo

Con tanta información en internet, sobre ciencia ficción, filosofía o fantasía, hay ideas que nos llevan a cuestionar nuestra realidad. Una de ellas es la posibilidad de vivir “Realidades Simuladas”, donde la percepción y la experiencia humanas podrían ser influenciadas o incluso creadas artificialmente.

Desde los más antiguos vestigios de la humanidad, existe la necesidad de descifrar los misterios de nuestra existencia y la naturaleza de aquello que nos rodea. La filosofía y la ciencia han intentado descifrar estos aspectos en esa incansable búsqueda, y una idea que ha captado nuestra atención es la posibilidad de que nuestra realidad no sea lo que parece ser.

La noción de que vivimos en una realidad simulada nos invita a desafiar los límites de la percepción humana y a cuestionarnos si lo que experimentamos genuinamente real.

Este no es un concepto nuevo. Históricamente, grandes pensadores y filósofos han analizado la idea de que nuestra experiencia del mundo podría ser solo una ilusión, generada por fuerzas desconocidas o incluso generada por una entidad superior. Algo así como el concepto que envuelve a la franquicia de Matrix.

El filósofo chino Zhuangzi reflexiona esta delgada línea en su cuento corto titulado “Sueño de la mariposa”. En esta ficción filosófica, Zhuangzi soñó que era una mariposa, y al despertar, se preguntó si realmente era Zhuangzi soñando que era una mariposa o una mariposa soñando que era Zhuangzi.

El filósofo francés René Descartes, a través de su famosa afirmación «Cogito, ergo sum» (Pienso, luego existo), cuestiona la naturaleza de la realidad y la certeza de nuestros conocimientos. Es decir, la capacidad que tiene el ser humano para cuestionar su propia realidad y la autenticidad de las experiencias que vive, y que nos lleva a depender aún más de nuestra conciencia y la capacidad de reflexión para discernir lo que es real y lo que no lo es.

En el siglo XX, el filósofo estadounidense Robert Nozick planteó en “La máquina de las experiencias”, una corta sección de su libro “Anarquía, Estado y Utopía”, una especulación en la que un superordenador puede proporcionar a una persona experiencias sensoriales simuladas, creando la ilusión de una realidad completa y convincente. Esto nos invita a preguntarnos si podríamos estar viviendo en una simulación tan perfecta que nuestra vida y experiencias son completamente ficticias.

Sin embargo, fue el trabajo del filósofo sueco Nick Bostrom en el siglo XXI lo que llevó la noción de realidades simuladas a un nivel más profundo y estructurado.  Bostrom formuló su famoso argumento trilema (conocido como El Trilema de Bostrom), que ofrece una lógica temporal donde al menos una de las siguientes tres afirmaciones debe ser verdadera:

  1. La fracción de civilizaciones de nivel humano que alcancen un estado posthumano (es decir, capaz de ejecutar simulaciones de antepasados de alta fidelidad) es muy cercana a cero; o
  2. La fracción de civilizaciones posthumanas que están interesadas en ejecutar simulaciones de ancestros es muy cercana a cero; o
  3. La fracción de todas las personas con nuestra clase de experiencias que están viviendo en una simulación es muy cercana a uno.

Bostrom argumenta que, si aceptamos la probabilidad de que las civilizaciones posthumanas tienen el deseo y la capacidad de generar simulaciones de realidades pasadas, presentes o futuras, entonces es más probable que estemos viviendo en una de esas simulaciones en lugar de en la realidad base.

Es esta provocativa idea la que ha estimulado debates y teorías diversas sobre la naturaleza de la realidad y nuestra comprensión de la existencia.

Así, la noción de realidades simuladas ha ido evolucionando, desde reflexiones filosóficas sobre los sueños y la percepción hasta argumentos teóricos más sofisticados sobre la posibilidad de que estemos inmersos en una simulación generada por alguna forma avanzada de inteligencia.

En la actualidad, aunque esta idea sigue siendo puramente hipotética, no deja de asombrarnos y obligarnos a cuestionar aquello que consideramos “real”.

La Mente Humana, creadora de realidades simuladas en los sueños

Para comprender mejor el concepto de realidades simuladas, es necesario saber qué papel juega la mente humana en la creación de las experiencias ficticias. Cuando soñamos, nuestro cerebro entra en un proceso de generación de experiencias vívidas. Los sueños son el escenario donde los límites de lo posible se desvanecen, y nuestros deseos y temores más profundos pueden manifestarse en escenas aparentemente reales. Tienen la capacidad de reunirnos con seres queridos que ya no están entre nosotros, o ponernos en una realidad que añoramos. En estas aventuras oníricas, nuestra mente se libera de las restricciones de la física y la lógica, produciendo una realidad alterna tan vívida como la vida diaria.

Los sueños, y su capacidad creativa, son una ventana única donde nuestra mente se convierte en una hábil narradora de realidades alternativas y, a veces, aterradoras.

Pero, ¿cómo ocurre esto? La capacidad de nuestro cerebro para generar realidades simuladas en los sueños está impulsada por una compleja interacción de procesos neurobiológicos y psicológicos. Durante el sueño REM, una fase en la que se producen la mayoría de los sueños, nuestro cerebro experimenta una actividad eléctrica similar a la vigilia (estado de estar despierto), mientras que las conexiones con el mundo exterior se reducen. Esto permite que se enfoque en la consolidación de recuerdos, el procesamiento emocional y la creación de nuevas experiencias.

Es por esta razón que, en su mayoría, el contenido de los sueños refleja nuestras emociones, preocupaciones y experiencias del día a día. Por ejemplo, si se atraviesa por situaciones estresantes se pueden experimentar sueños llenos de ansiedad, mientras aquellos que tienen deseos no cumplidos pueden encontrar satisfacción durante el sueño.

Asimismo, la mente humana es especialmente hábil para crear ilusiones e interpretar nuestras experiencias de forma subjetiva. Los sueños pueden ser una manifestación de este fenómeno, donde la realidad y la fantasía se mezclan de tal manera que resulta difícil distinguir lo “real” y lo “simulado”.

Entonces, si nuestra mente tiene la capacidad química y neurobiológica de generar experiencias tan convincentes mientras dormimos, ¿podrían entidades más avanzadas producir realidades simuladas así de complejas?

Recuerdos Falsos en una Realidad Simulada
(Hipotética Manipulación de la Memoria)

Entonces, si los sueños pueden ser definidos como una forma de realidad simulada, es decir, generada por la química de nuestro cerebro, ¿sería posible influenciar nuestras experiencias en estado de vigilia por una realidad simulada? Hablando de forma hipotética, en un mundo donde la tecnología y la inteligencia artificial han alcanzado niveles sin precedentes, imaginemos que la memoria humana pudiera ser manipulada o incluso que sea posible implantarle recuerdos falsos. Estos podrían ser tan vívidos y detallados que nos harían creer que son experiencias reales nunca vividas. Si recuerdas esto, quizás es por la película Total Recall (1990), dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Esta película está basada en un cuento corto de Philip K. Dick, titulado «Podemos recordarlo por usted al por mayor”.

De ser posible, esto plantea importantes desafíos éticos y morales: ¿Qué significado tendría nuestra realidad si nuestros recuerdos pudieran ser alterados o manipulados a voluntad? ¿Cómo afectaría esto nuestra comprensión de nosotros mismos y de nuestras relaciones con los demás?

En esa misma línea, la autenticidad de la experiencia y la verdad se convertirían en conceptos completamente difusos. En otras palabras, la confianza en lo que vemos y todo lo que nos rodea sería cuestionado una y otra vez. Entonces, ¿cómo podríamos discernir lo genuino de lo falso? ¿Cuál sería la base para construir nuestra identidad y relaciones interpersonales?

Además, la posibilidad de implantar recuerdos también podría tener implicaciones a nivel sociopolítico. ¿Podrían los gobiernos en turno manipular la historia y controlar la percepción pública de los eventos pasados?, ¿qué ocurriría con nuestra capacidad para aprender de la historia y evitar los errores del pasado si la memoria colectiva estuviera sujeta a la manipulación?

A pesar de ser una especulación, esta idea nos obliga a reflexionar lo frágil que es nuestra comprensión del mundo y a reconocer la importancia de la integridad de nuestros recuerdos en la construcción de nuestra realidad tanto individual como colectiva. Sin embargo, la exploración de estas posibilidades puede servir como una ventana a las complejidades de la mente humana y cómo la percepción y la memoria moldean nuestra experiencia de la realidad.

La Naturaleza de la Realidad

Dejando un poco de lado la ciencia ficción, si los sueños llegan a ser recuerdos tan vívidos como la realidad, ¿qué es la realidad en sí?, es decir, ¿cómo sabemos qué nuestras percepciones y experiencias reflejan la verdad objetiva?

Pongamos como ejemplo una situación de nuestra vida cotidiana que se refleja en uno de nuestros sueños, supongamos que la experiencia es tan vívida que parece real y no es posible diferenciar algunos hechos del evento onírico con aquellos reales. ¿Cómo tenemos la certeza de que ambos no se mezclen y hagan difuso lo que les separa?

La noción de realidad es una cuestión compleja que nos ha desafiado a lo largo de la historia. En ese sentido, la idea de “Realidades Simuladas” introduce una capa adicional de complejidad a la posibilidad de engañar a la memoria, ya que plantea la posibilidad de que nuestras experiencias pueden ser manipuladas o incluso completamente ficticias.

Nuestra percepción de la realidad es completamente subjetiva y cada individuo ve el mundo desde su propia perspectiva y marco de referencia. Está influenciada por factores como la cultura, educación, creencias y experiencias pasadas. Esto quiere decir que, incluso en una realidad compartida, dos personas pueden interpretar un mismo evento de manera diferente.

Además, la idea de una “Realidad Simulada” afectaría nuestra confianza en la objetividad de la información que recibimos de fuentes externas, volverían poco fiables las noticias, las imágenes o los videos.

Esto nos hace plantearnos importantes dilemas éticos y morales. Por un lado, la capacidad de crear “Realidades Simuladas” podría ser utilizada para el bien de la humanidad, como tratar traumas psicológicos o mejorar el aprendizaje. Pero también se corre el riesgo de que sea usada de forma maliciosa, engañando o manipulando a las personas para obtener un beneficio personal. Si todo puede ser simulado, la verdad se convierte en algo elusivo.

Si bien todo esto es solo una especulación hipotética, la exploración de esta idea nos invita a reflexionar sobre la subjetividad de nuestras percepciones, la importancia de la integridad de la información y la búsqueda constante de la verdad en un mundo cada vez más complejo y tecnológicamente avanzado.

Implicaciones y Desafíos Reales

Aunque todavía es una especulación hipotética, las “Realidades Simuladas” presentan implicaciones y desafíos significativos reales. El solo hecho de considerarlas, nos hace preguntarnos cómo podría impactar diversos aspectos de nuestra vida y comprensión del mundo:

a) Cuestionamiento de la Verdad y la Realidad: Si nuestras experiencias pudieran ser manipuladas o fabricadas, ¿cómo podríamos estar seguros de qué es auténtico y qué es ficticio? Esta incertidumbre podría erosionar la confianza en la información y la percepción de la realidad compartida.

b) Ética y Privacidad: La creación de realidades simuladas podría plantear dilemas éticos relacionados con la privacidad y el consentimiento. ¿Sería ético manipular o acceder a los recuerdos de las personas sin su conocimiento o consentimiento? La capacidad de crear recuerdos falsos plantea preocupaciones sobre el uso malicioso de esta tecnología para controlar o engañar a otros.

c) Identidad y Autenticidad: La posibilidad de recuerdos falsos y realidades simuladas podría cuestionar la autenticidad de nuestra identidad y nuestras experiencias. Si nuestros recuerdos pudieran ser alterados o fabricados, ¿cómo podríamos estar seguros de quiénes somos y cuál es nuestra verdadera historia?

d) Responsabilidad y Consecuencias: Si las acciones y las experiencias pudieran ser simuladas o alteradas, ¿cómo podríamos establecer responsabilidad por nuestros actos? La noción de realidades simuladas podría plantear desafíos legales y morales en la atribución de responsabilidad y en la comprensión de las consecuencias de nuestras acciones.

e) Percepción de la Realidad: La consideración de realidades simuladas nos lleva a cuestionar la validez y la fiabilidad de nuestra percepción de la realidad. ¿Hasta qué punto podemos confiar en nuestras experiencias sensoriales y en nuestros recuerdos como una representación veraz de lo que llamamos “realidad”?

f) Avances Tecnológicos y Ética de la Ciencia: Si alguna vez llegamos a un punto en el que la creación de realidades simuladas sea posible, surgirán importantes cuestionamientos éticos sobre cómo se utilizaría esta tecnología y cómo proteger los derechos y la integridad de las personas involucradas.

En última instancia, la noción de una “Realidad Simulada” nos obliga a pensar en nuestra comprensión de la realidad, lo subjetivo de nuestras experiencias y cómo nos desenvolvemos en un mundo donde la verdad y la autenticidad pueden ser cada vez más difíciles de discernir.

Como sociedad, es crucial mantener un diálogo abierto y crítico sobre cómo abordaríamos estas cuestiones éticas y filosóficas a futuro. Desde nuestros sueños vívidos hasta la subjetividad de nuestras experiencias diarias, la percepción de la realidad es intrínsecamente subjetiva y puede verse influenciada por una variedad de factores internos y externos. Si bien las realidades simuladas son solo un hecho hipotético, ya existen situaciones que nos invitan a reflexionar las cosas que percibimos, por ejemplo videos, fotografías o audios manipulados tecnológicamente que nos hacen dudar de si son reales o no.

La mente humana es la única capaz de crear realidades simuladas en los sueños, desafiándonos a discernir entre lo que es auténtico y lo que es fabricado oníricamente. Y aunque los humanos hemos desarrollado simulaciones virtuales y mundos virtuales en la realidad aumentada o virtual, estas creaciones son resultado de la ingeniería y la programación humana.  No podemos descartar que, en un futuro, exista la posibilidad de que la humanidad, o formas de inteligencia artificial, pudieran desarrollar tecnologías que permitan a los seres humanos experimentar realidades simuladas de manera similar, enfrentando un desafío sin precedentes en nuestra búsqueda de la verdad y la autenticidad en un mundo donde la distinción entre lo real y lo imaginado se volvería una incógnita intrigante.


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