Las atrocidades de la humanidad pueden ser perdonadas con el tiempo, pero las marcas siempre acompañarán a las futuras generaciones; les recordarán lo que el hombre, envilecido por el poder y la ambición, es capaz de hacer. Y ninguna raza o nación está exenta de ello.

El 8 de junio de 1972 el mundo fue testigo –tiempo después- de la devastación que es capaz de causar el ser humano. Durante la guerra de Vietnam, un avión estadounidense lanzó una bomba de napalm (gasolina gelatinosa, combustible que produce una combustión más duradera que la de la gasolina simple) sobre Trang Bang.

Una niña de 9 años de edad estremeció al mundo gracias al fotógrafo Huynh Cong Út. Nick Ut, como también es conocido, quien trabajó para Associated Press, ganó el premio Pulitzer luego de fotografiar a la niña Phan Thi Kim Phúc cuando corría desnuda hacia su cámara, mientras escapaba de un ataque. La niña vio, literalmente, cómo su piel se derretía debido a los 1200° de temperatura del napalm. Nick Ut tomó la fotografía y después la llevó al hospital, donde permaneció 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel.

Autodestrucción vs perdón

Parece incierto el futuro de una “máquina perfecta” y del único ser con la capacidad de razonar. Somos de naturaleza autodestructiva, nos cuesta tanto trabajo admirar las cosas perfectas y triunfos ajenos, independientemente de los motivos que originaron la guerra de Vietnam. No se juzga aquí la guerra sino los actos atroces que trae consigo. ¿Qué espera el hombre para cambiar?

Las marcas de esta guerra no solo quedaron plasmadas en la imagen, mundialmente conocida como “La niña del Napalm” o su video, sino en las cicatrices físicas que le causó. Ahora, después de 40 años del suceso, Phan Thi Kim Phúc luce un cuerpo destrozado –en mi opinión- por las heridas del Napalm. Sin embargo, eso no le ha detenido a dar la vuelta por el mundo, tener hijos y casarse.

Kim Phuc se casó y tuvo dos hijos.

Pese a sus heridas y marca psicológica que el ataque en Trang Bang dejo en ella, al ver su pueblo destrozado, en 1996 participó en la ceremonia del Día de los Veteranos en Estados Unidos. Allí, se encontró con los implicados en el bombardeo y los perdonó abiertamente. Las lágrimas no se hicieron esperar.

Solo un año después instituyó la Fundación Kim Phuc, cuya misión es ayudar a niños víctimas de guerra; fue nombrada embajadora de la Buena Voluntad de la Unesco.

Pese a la capacidad de perdón de Kim Phuc, opino que la humanidad debe pensar antes de actuar. Los valores deben sobrepasar las órdenes que sabemos van en contra de la salud e integridad de la humanidad. No todo en este mundo es el poder que algunos miembros de la política crean tener.

La crítica hacia el fotógrafo fue captar el momento y no actuar. Sin embargo, la historia real es que gracias a él, Kim Phuc está viva.

¿Qué debe hacer un fotoperiodista? ¿Hacer la fotografía y luego ayudar? ¿Actuar sin hacer la fotografía o hacer la fotografía sin actuar? Preguntas que dividen la opinión pública.


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