Típico que cuando alguien no hace su trabajo es más fácil echarle la bolita a los demás… al final de cuentas alguien más puede hacerlo por ti. Sucede siempre, todo el tiempo y en todas partes. En la escuela, en el trabajo, en casa y en un lugar más importante que nunca debemos olvidar: en nosotros mismos.

Dejar que otros hagan el trabajo por nosotros es algo que no debe suceder porque las cosas que nuestro subconsciente no se esfuerza por lograr son las que menos valoran. Por ejemplo, valoramos más determinado objeto si “nos cuesta” obtenerlo que si alguien más nos da el dinero para comprarlo. ¿O no?

Sucede igual con los logros. ¿Qué logros saben a gloria si esa gloria no la sudaste tú? Ninguno. Debemos padecer las inclemencias y adversidades para obtener un triunfo.  ¿A qué te sabe un 10 comprado sino tienes el conocimiento? ¿A que te sabe un buen salario (ganado con las nalgas) si tu dignidad se ha ido? Ese 10 podrá hacer que pases al siguiente grado, pero no te dará el conocimiento que necesitas y ese salario pagara tus deudas, pero será reprochado toda tu vida por la dignidad que has perdido.

Si haces algo para sobresalir, pero nadie lo ve, no te frustres. Algún día esa gente inepta se dará cuenta quién realmente hace bien las cosas y quien realmente vale la pena para tener dentro de un circulo infinito que no terminará con un simple “lo siento, jamás te vi como lo que realmente eres”. Así sucede todo el tiempo y no dejará de suceder. Sin embargo, la decisión está en tu capacidad para hacer ese trabajo que otros simplemente delegan a los más capacitados, ¿Por qué? Porque carecen de serotonina para realizar las funciones básicas que requiere su cerebro.

Tarde o temprano todo ese esfuerzo y trabajo será sucedido por la recompensa que siempre esperaste. Cuando vives esperando, los días parecen años, los años siglos y el tiempo interminable. Pero en cualquier momento, en el menos esperado, llegará.

No te preguntes si a finalizado tu oportunidad, respóndete que tus oportunidades son infinitas. No te limites con una línea del horizonte, busca siempre cómo cruzarla. Si necesitas pisar a alguien para obtener tu recompensa, pisa tu vergüenza,  pisa ese orgullo por lo que ya haz logrado. Si necesitas destruir a una persona, destrúyete a ti mismo cada vez que logre un objetivo.

Cada vez que un NO resuene en tu cabeza, repítelo tres veces pero diciendo “NO TENGO QUE HACERTE CASO”. ¿Es ese el caos que atormenta tu cabeza? Déjalo que repercuta en la estabilidad de los demás. Siéntete con la confianza de decir que la tierra es redonda, que la gravedad hace a todos los cuerpos regresar a la tierra.

Si tu futuro está con alguien, no lo pienses, HAZLO. Esfuérzate cada día por caminar y crear una historia infinita de amor. No más límites en ti. No te limites a ti.