Desgarrada Existencia de un Depredador Abandonado


El disparo rasgó la oscuridad, anunciando el inicio de mi tragedia en medio de este invierno despiadado. Entre los copos de nieve que caían como susurros helados, mi pelaje oscuro contrastaba con el manto blanco que cubría la tierra. Mis ojos reflejaban la desolación de esta estación cruel, y mi aullido se convertía en la melodía desgarradora de un hambre que devoraba no solo mi cuerpo, sino también mi alma.

Herido y agonizando, me encontraba en la encrucijada de mi destino. Un depredador astuto me cazaba sin piedad. La traición se tejía en el aire gélido mientras me acorralaba y aislaba en medio del tiempo, de la manada, dejándome hambriento de mi propia esencia. La lucha contra el hambre no solo era física; resonaba en mi alma, creando grietas en mi ser mientras sentía la vida escapándose de mis heridas.

En este juego mortal, me desmoronaba a pedazos, mi ser desgarrado por la pregunta constante de si fui simplemente el cebo. Mis ojos amarillos, misteriosos y llenos de nostalgia, reflejaban el tormento de una conexión rota con mi propia manada. Reminiscencias de días mejores se arremolinaban en mi mente, mientras enfrentaba la soledad de mi existencia, cada respiración más difícil que la anterior.

Recordando haber creído una vez que era parte de algo más grande, me veía ahora enfrentando la realidad brutal de mi aislamiento. Mientras el invierno continuaba su implacable avance, la búsqueda de alimento se convertía en una odisea desesperada por preservar no solo mi vida física, sino también mi identidad desgarrada, con cada paso siendo una agonía más.

En la penumbra del paisaje invernal, me encontré con otro depredador. En esos ojos, vi reflejada la misma lucha, la misma soledad. Mis aullidos, el aire helado y esa desesperación compartida, se convertían en la melodía de mi alma herida, en busca consuelo en la oscuridad.

Al borde de la rendición, comprendí que no podía competir contigo, otro depredador en este juego implacable. La resolución se alzó frente a mí al aceptar mi destino: la resignación ante la realidad de ser un jugador más en este cruel invierno de desafíos y traiciones. Mientras la vida se escapaba de mí, me convertí en una sombra más en el paisaje blanco, una nota más en la melodía desgarradora de un invierno que devoraba no solo cuerpos, sino también almas perdidas.


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