Detengámonos un momento y reflexionemos lo siguiente: ¿Por qué consumes el contenido que consumes? ¿Es porque está en tendencia, o tal vez sientes la presión social de aquellos que te rodean y cuyas conversaciones giran en torno al contenido del top 10 de algún servicio de streaming?
La ilusión de elección en el mundo del entretenimiento digital plantea preguntas intrigantes; por ejemplo, ¿quién nos asegura que la popularidad de cierto contenido no está siendo cuidadosamente seleccionada por una mano invisible detrás del algoritmo, dictando qué programas y películas ocuparán los primeros puestos?, ¿realmente estamos tomando decisiones libres al elegir qué ver, o estamos siendo sutilmente dirigidos por fuerzas digitales que moldean nuestras preferencias sin que apenas lo notemos?
Este cuestionamiento se vuelve aún más evidente cuando reflexionamos la cancelación de series que consideramos verdaderamente excepcionales. ¿Por qué se cancelan producciones que, a nuestro parecer, son auténticas joyas del entretenimiento? La respuesta, nuevamente, podría yacer en la maquinaria detrás del algoritmo, donde la popularidad, muchas veces, no está necesariamente vinculada a la calidad.
Cautiverio de contenido en México
En tiempos pasados, de un México agonizante, la transmisión de contenido en radio y televisión estaba fuertemente condicionada por los caprichos de sus empresarios poderosos y conservadores. Esta situación los convirtió en enemigos naturales de los sectores populares y de las libertades surgidas del Estado laico, donde el oscuro trasfondo era marcado por la influencia de la “Liga de la Decencia”, una comunidad conservadora de ultraderecha y religiosa, que proclamaba las “buenas costumbres”.
Para quienes lo desconocen, la «Liga de la Decencia» se erigía en pro de la moral, imponiendo su visión y lo políticamente correcto. Su constante tarea influía en la censura de contenido en la radio, cine y televisión, bajo la justificación de «proteger» a la sociedad de lo que consideraban inapropiado. Esta «protección» abarcaba desde la división de géneros hasta la imposición de un modelo familiar clásico, pasando por la prohibición del desnudo humano por considerarlo inmoral y la predicación del cristianismo en su máxima expresión.
La influencia de la «Liga de la Decencia» trascendía los límites del entretenimiento para impregnar la vida cotidiana. La imposición de vestimenta que dividía notoriamente a hombres y mujeres, la oposición a la homosexualidad y a la bisexualidad, la división de las clases sociales, entre otras restricciones, marcaban un periodo en el cual la diversidad y la libertad eran limitadas por las directrices de esta comunidad conservadora.
Esta era de censura y control ideológico dejó cicatrices en la forma en que la sociedad mexicana consumía y percibía el contenido mediático. La pantalla, lejos de ser un reflejo diverso de la realidad, se convirtió en un instrumento de manipulación y conformidad con los valores impuestos por unos pocos. Situación que parece solo cambio al ámbito digital.
Manipulaciones pasadas y pseudo tendencias actuales
Aunque hemos avanzado en el tiempo y la popularidad del streaming ha destronado a los medios conservadores, actualmente nos enfrentamos al mismo problema, que parece solo haber migrado al ámbito digital.
Un estudio realizado por Statista entre marzo y abril del 2023, un 87 % de las personas encuestadas que consumen servicios de video vía streaming en México afirmaron usar Netflix; el 35 %, a través de Disney+; un 25 %, vía HBO Max; Amazon Prime, solo un 17 % y Star+, con un 10 %.

De acuerdo con la estadística, podría decirse que aparentemente tenemos una libertad de elección en lo que vemos y escuchamos. Sin embargo, esta libertad de elección se ve desafiada por la manipulación del algoritmo, un fenómeno que sugiere que la popularidad de ciertos contenidos podría ser cuidadosamente seleccionada por manos invisibles detrás de la programación.
La pregunta es si, al igual que en el pasado, la audiencia está siendo guiada hacia ciertos contenidos bajo la influencia de fuerzas digitales que moldean nuestras preferencias sin que apenas lo notemos.
En este escenario, la pantalla, que una vez fue un instrumento de manipulación ideológica, ahora se presenta como un campo de batalla entre la libertad aparente de elección y las sutiles influencias detrás de las tendencias digitales. La evolución de nuestra relación con el contenido mediático no solo refleja un cambio en las plataformas, sino también un desafío continuo por la verdadera autonomía y diversidad en la pantalla.
Construcción de Valor en el Mundo Cinematográfico
En la última década, he notado como producciones como Sharknado (2013), y sus secuelas, han logrado alcanzar el estatus de «culto» solo por su trama absurda y sus efectos especiales de bajo presupuesto. Este cambio en la percepción de lo que es valioso en el cine plantea una pregunta fundamental: ¿quién decide qué contenido está sobrevalorado o cuál es considerado de culto?
La construcción de la narrativa de valor en la industria cinematográfica es un fenómeno intrigante. La trama y los efectos especiales de Sharknado, que podrían haber sido considerados deficientes en otro contexto, han contribuido a elevar estas películas a un estatus único. Este ejemplo desafía las convenciones tradicionales y señala que la apreciación de una obra va más allá de los estándares de calidad cinematográfica.
¿Son las decisiones de la crítica cinematográfica, el público masivo o las tendencias digitales las que finalmente confieren valor a una producción? Es difícil definirlo. En el caso de Sharknado, lo cierto es que la narrativa que se construye alrededor de una película tan absurda se ha convertido en un elemento central de su encanto, y la etiqueta de «culto» se ha forjado meramente por la historia que la sociedad ha decidido contar sobre ella. Es un recordatorio de que el valor en el cine no siempre se mide mediante estándares objetivos y universales.
En este juego digital, la industria del entretenimiento se convierte en un espacio donde las decisiones de consumo parecen ser nuestras, pero ¿realmente lo son? ¿O somos marionetas digitales movidas por hilos invisibles de algoritmos diseñados para mantenernos consumiendo lo que se decide que es popular?
Reflexionemos sobre nuestra elección de entretenimiento, desentrañemos las sutilezas detrás de las tendencias y cuestionemos si nuestra libertad de elección es genuina o simplemente parte de una coreografía digital elaborada por aquellos que buscan mantenernos en sus pantallas. La transparencia en estas dinámicas es esencial para reclamar la verdadera autonomía en nuestra experiencia digital.
Entre Pantallas y Algoritmos: Desafíos Comunes para la Diversidad y Autonomía en el Streaming
En conclusión, la realidad de los medios en México revela una trama compleja que va más allá de lo que se proyecta en nuestros televisores. Aunque no se pueda demostrar una censura explícita, la concentración de poder en manos de una élite empresarial y conservadora plantea desafíos significativos para la verdadera representación de la sociedad en los medios tradicionales.
Este escenario se asemeja sorprendentemente a la realidad digital, donde la manipulación del algoritmo se convierte en un factor crucial. Aunque las plataformas de streaming nos ofrecen la ilusión de libertad y elección, la realidad es que detrás de cada sugerencia y tendencia existe una mano invisible que guía nuestras preferencias. La concentración de poder en algoritmos diseñados por unas pocas empresas tecnológicas puede limitar la diversidad de contenidos a los que somos expuestos, influenciando sutilmente nuestras percepciones y elecciones no solo en lo que vemos sino en lo que escuchamos y leemos.
En ambos casos, ya sea en el ámbito tradicional o en el entorno digital, es importante cuestionar quién está detrás de la cortina y cómo influye en la información que recibimos.








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