Non nel mio cuore

Devo dirti tante cose
Ma non posso 
Ma tu non sei al mio fianco
Devo dirti tante cose
Per esempio…
Che ho bisogno di te 
Che ho pianto per te
Ogni lacrima caduta dai miei occhi
Ma tu non sei qui e Io non sono cui per forzarti

Dovrò prenderti nella mia memoria, 
Per raccontare la stessa storia ogni giorno e notte
Dovrò guardarti in altri occhi
Dovró portare con me il profumo della tua pelle,
Per ricordarmi di quanto fosse immenso il nostro amore.

Dovró guardaré nella mía memoria
Figure grigie da te, da me
Le parole non dette, i bacci non dati
Per ricordarmi come anche il silenzio possa parlare a me

E adesso
So che dirai cose che non hai mai detto
So che le tue mani non smetteranno di tremare
É un tremore che nasce nel cuore
Che scorre nella tua sangue 
Sangue piena di migliagia di ricordi, di fumo

E adesso
So que ricorderai i pochi istanti
In cui ci siamo sentiti vivi
E adesso
So che vivrai per lui…
Ma non nel mio cuore
Non nel mio cuore

Frente a mí

Te veo frente a mí leyendo un libro cuyo nombre y autor desconozco. Te mido y dimensiono, abrazados, a un lado o sobre mí, en un cuarto sobre la cama. Escrutinio constante de tus ojos que no me ven, que sólo leen.

Luces amarillas caen sobre tu mano cada vez que tomas tu café, negro, espeso y espumoso, cada vez que deslizas tus dedos sobre las páginas, al entrar al café donde te conocí.

Ríes poco. ¿Será una novela o poesía? ¿Ensayo o investigación? Inspecciono cada aspecto tuyo, te analizo: uñas cuidadas, manos delicadas, cabello cano y pies pequeños. Personalizo cada aspecto de tu ser en una idealización, en mi mente te desnudo y recorro con dos dedos.

Miro de reojo tu cara, frunces los labios y asientes con la cabeza. Estoy de acuerdo contigo, en lo que sea que estés pensando.

¿Qué hago? ¿Te observo o actúo? Nuestro universo: 5 parejas más en esta sala pero sólo tu y yo sin interlocutor. Sin pensarlo, he sincronizado nuestros tragos, aunque yo los finja, no tengo más café en mi taza.

Dos chicas ríen y al fondo se escucha Mecano… Ay que pesado; cliché y sobredosis de cafeína nos unen en una ciudad que no aprecia la espesa sensación que ahora siento por vos.

Publicado originalmente el 2 de febrero de 2015, a las 7:36 pm

Invención

Siempre he visto los libros como algo que me aísla de mi realidad. A veces, sólo a veces, busco un espacio iluminado en esta oscura ciudad para sentarme a leer una o dos de las páginas que encuentro entre las cenizas. 

Me gusta pensar que son una misma historia aunque no es así, pertenecen a tramas diferentes. Puede ser un agente, un animal que habla y busca regresar a casa; o una mujer que, desde un café de esquina, escribe todo los días cartas a su amor perdido en la guerra, cartas que nunca entrega, cartas que tira a la basura. 

Hay historias que me regresan a un año en particular, a un momento de mi vida pasada, a un pequeño fragmento de la humanidad -cuando existía-; que convierten los recuerdos en realidad. No es tan difícil regresar el tiempo atrás cuando se piensa con la mente abierta y se deja de lado los límites que la misma humanidad nos hemos puesto para poder mantenernos en un cubo encerrados todo el tiempo.

¿En realidad así transcurre el tiempo? ¿Es una línea que sólo tiene que avanzar?¿No es paradójico que el tiempo transcurra hacia adelante, que avance, que se mueva en una sola dirección y la humanidad va al contrario… retrocede? Sí, sólo piénsalo un poco. La humanidad se ha encargado de involucionar poco a poco. Se han agotado los sentimientos, nos hemos vuelto más fríos… hasta el punto en que cada uno se ve a través de una pantalla de cristal y necesita expresar sus emociones con emoticones. Sonreír sin sonreír y llorar sin llorar. Por eso, cuando por fin encuentro, en esta vieja ciudad sin alma, una página con la tinta corrida por el llanto y la piel arrugada por las lágrimas secas, me hace sentir que aun existo aunque me aisle, si así lo quieres ver. 

Y puedo decirte que no sólo tú sabes de mí no por mí sino por lo que publico aquí y allá; nos leemos sin leer. Así lo pienso y sé que continúa la humanidad buscando el alma de todo, aunque la alquimia para unos no exista y para otros sea incalculable; aún así, observando una parte de nosotros en un trozo de metal, aislada, encriptada, encerrada y derretida por el calor fúrico del sol. 

Tal vez soy el único que busca páginas viejas en las cenizas del mundo, mientras tanto el resto de los supervivientes están aislados entre cable y conexiones donde si no te sientes un trofeo comienzas a caer en picada. 

La pregunta sigue ahí: ¿Somos acaso sentimientos aislados ahora? Tal vez sí y esta soledad no es más que una página suelta de un libro cuyo título jamás sabremos; un copo de nieve que cae y muere en la acera mientras alguien desesperado lo pisa y reduce a nada; un pulso que lanza una ojiva nuclear de un misil preparado para destruir cualquier resto de papel intrínseco a mi alma… a la humanidad.

Por eso, cuando levanto la mirada al cielo y veo que aún sigue oscuro, cierro los ojos para descubrir que hay más luz en mi alma que en la vida real. Es ahí cuando ruego encontrar una página más en esta ciudad, reducida a cenizas por el estereotipo que la humanidad ha impuesto al único ser que puede crear y destruir sin ver la diferencia entre ambas cosas. Define el sentido de todo con “invención” es todo lo que es, es todo lo que hay… “invención”.

Imagen tomada de Life of Pix

Autor: Max Martin Título: Man Sitting

Perdido en Guanajuato

Una noche me perdí en el Túnel Santa Fe. Fue horrible. Recuerdo bien la noche que esto me sucedió. Hacía mucho frío y el alcohol había hecho lo suyo en mis sentidos.

No había muchas personas en la calle. Al salir de Las Musas tenía que caminar hasta la calle Positos y luego seguir todo derecho hasta llegar a la casa del Sancho. No había manera de perderme.

Sin embargo, la obscuridad de la noche y el efecto del alcohol me llevaron más allá de Positos; me fui de corte por el túnel Santa Fe. Sólo recuerdo el claxon de los vehículos recordándome que debía subirme a la diminuta banqueta.

Y eso hice. Me fui por la angosta banqueta, palpando el frío muro de piedra con el penetrante olor a humedad cortando mis ideas.

Debí haber recorrido algunos metros, entre la obscuridad y el vaivén de los vehículos tocando el claxon y alternando entre altas y bajas, cuando me percaté de que había llegado a una encrucijada.

¿Y ahora qué hago? ¿Hacía dónde le doy? Guiado por mi instinto de supervivencia viré hacia la derecha. En parte por temor de bajarme de la banqueta y también con la confianza de seguir palpando el muro.

Seguí caminando lentamente sin verle el fin al pinche túnel, que ahora sé que se llama Ponciano Aguilar. Nunca se hizo la luz al final del túnel para mí y cada vez eran menos frecuentes los vehículos. Los lapsos a obscuras cada vez eran más largos.

Por un instante dejé mi mente en blanco y cerré los ojos. ¿Qué hacer Fernando Castillo? ¿Que hacer? Lo más racional y lógico en ese momento fue seguir el sentido de los vehículos, así que me di media vuelta para regresar por donde había llegado. En la inmensidad y obscuridad me crucé a la banqueta opuesta y seguí caminando, atendiendo el sentido en el que circulaban los vehículos.

Me dejé llevar guiado por las altas y bajas, y el parpadear de las intermitentes en fila india. Cómicamente hacía más lento mi caminar en medida que los vehículos avanzaban más lento. Seguí caminando por un largo rato, o al menos eso me pareció.

Aún recuerdo la satisfacción que sentí de ver la glorieta frente a mí. Un momento, ¿Una glorieta? ¿Eso no estaba cuando entré ahí. ¿Qué hace ese vagoncito en medio del corro de luces?

¿Qué calle debo tomar ahora? Miré el ir y venir de los vehículos y advertí que frente a mí había una calle por la que todos los vehículos continuaban su curso.

¡Chin chin el teporocho! ¡Vámonos! Había un letrero que decía Museo Momias, Mercado Hidalgo, Javier-Valenciana, Allende e Hidalgo.

Así me seguí todo derecho sin salirme por las calles que le cruzaban hasta llegar a otra glorieta. ¡Rayos! ¿Izquierda o derecha? He ahí el dilema, pensé. Recordé que en la calle del túnel había dado vuelta hacia la derecha y no a la izquierda.Sin pensar dije ¡Izquierda, total, perdido ya estás!

Seguí todo derecho hasta llegar a una intersección más… ¡Y ahora qué! ¿Era seguir derecho por la calle o cruzar el umbral de otro túnel? No me fue muy difícil tomar una decisión.

Me seguí por la calle despejada hasta llegar a un lugar que reconocí al instante. ¡Juro de verdad que miré al cielo y casi lloro! Caminé hasta el pequeño muro de piedra y me senté. No me importó que estuviera helado. Vi por un rato los vehículos desaparecer frente a mí en el túnel entre Manuel Leal y 5 de Mayo.

Estaba justo a unos pasos de la casa del Sancho, mi hotel, y a mis espaldas La Alhóndiga. Hubiera sido perfecto ver y abrazar a alguien para celebrar mi hazaña, pero era tan tarde que sólo había un par de personas lavando con agua y jabón las calles.

Virginia Woolf

Virginia Woolf es considerada una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y del feminismo internacional. Destaca por su capacidad para crear consciencias y plasmarlas en los monólogos internos de su narrativa. Sin duda alguna, su personalidad estuvo marcada por su vida familiar.

Hija del novelista sir Leslie Stephen y Julia Prinsep Jackson, Adeline Virginia Stephen nació el 25 de enero de 1882 en Londres. Debido a que ambos padres estuvieron casados previamente y habían enviudado, su núcleo familiar tenía hijos de tres matrimonios distintos.

Hijos de Leslie Stephen y Minny Thackeray:

Laura Makepeace Stephen (1870-1945) – declarada mentalmente incapaz, fue ingresada a un psiquiátrico en 1891.

Hijos de Julia Prinsep Jackson y Herbert Duckworth:

George (1868-1934)
Stella (1869-1897)
Gerald Duckworth (1870-1937)

Hijos de Leslie Stephen y Julia Prinsep Jackson

Vanessa Stephen (1879-1961)
Thoby Stephen (1880-1906)
Virginia Stephen (1882-1941)
Adrian Stephen (1883-1948)

Educada en casa inmersa en la sociedad literaria victoriana

Virgia Woolf no fue al a escuela. La educaron sus padres y profesores particulares. Se codeaba con el círculo de personalidades al que sus padres pertenecía. Por ejemplo, la casa familiar recibía visitas del poeta y dramaturgo Alfred Tennyson; el novelista y poeta inglés Thomas Hardy; el escritor y crítico literario, Henry James, y Edward Burne-Jones, artista y diseñador británico. Ella y sus hermanos fueron criados en un entorno lleno de las influencias de la sociedad literaria victoriana.

Su madre, Julia Stephen, estaba igualmente bien relacionada. Era descendiente de una camarera de María Antonieta y provenía de una familia de famosas bellezas, que sirvieron de modelos para los artistas prerrafaelistas.

Depresión y abuso sexual

A lo largo de su vida sufrió varias depresiones, la primera a los 13 años con la muerte de su madre, el 5 de mayo de 1895. Dos años después falleció su media hermana, quien falleció durante su luna de miel. En 1905 la muerte de su padre le provocó un crisis nerviosa y fue ingresada a un hospital. Además, ella y su hemrana Vanessa fueron víctimas de abusos sexuales por parte de sus hermanastros. Esto abonó a que en su interior creciera una fuerte mentalidad de lucha contra el machismo.

En 1912, se casó con el economista Leonard Woolf, con quien compartió un lazo fuerte. Ambos fundaron en 1917 la célebre editorial Hogarth Press, que editó la obra de la propia Virginia y la de otros relevantes escritores, como Katherine Mansfield, T. S. Eliot, Sigmund Freud, Laurens van der Post, entre otros .

La ética del Círculo de Bloomsbury estaba en contra de la exclusividad sexual. En 1922, Virginia conoció a la escritora y diseñadora de jardines Vita Sackville-West, esposa de Harold Nicolson. Ambas sostuvieron una relación de amantes que duró la mayor parte de los años 1920.

Después de que terminar su romance, las dos mujeres siguieron siendo amigas hasta la muerte de Woolf en 1941.

Su muerte fue algo realmente triste. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la destrucción de su casa de Londres durante el Blitz empeoraron su condición hasta que se vio incapaz de trabajar. Sus procesos de depresión y el trastorno bipolar que sufría la llevó a suicidarse el 28 de marzo de 1941 lanzándose al río Ouse con los bolsillos de su abrigo llenos de piedras. Su cuerpo fue encontrado hasta el 18 de abril.

Esta fue la carta de suicidio que dejó Woolf:

“Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible.

Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente.

No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo, todo el mundo lo sabe.

Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo”.

Obra

La señora Dalloway (1925)
Al faro (1927)
Orlando: una biografía (1928)
Las olas (1931)
Una habitación propia (1929) – ensayo

Zelda Fitzgerald: la trágica y fascinante vida de una flapper

Desde hace ya varios meses comencé a compartir frases de mis escritores favoritos en mi página personal. Algunas personas me han dicho “Oye, muy buena frase… no conocía a ese escritor”. Por ello, hoy decidí escribir un poco de cada uno de esos autores que me han cautivado. No sólo por su obra, sino por sus vidas personales y trayectoria hasta su fama y decadencia.

En esta ocasión les comparto un poco de Zelda Fitzgerald, una novelista, bailarina y celebridad estadounidense tan hermosa como desdichada en el ámbito personal, literario y mental.

Quizás Zelda sea una de las primeras flappers de la historia de Estados Unidos, pues al ser uno de los iconos rebeldes de los años 20. Si no lo sabes aún, la palabra flapper se usaba para describir a las mujeres cuyo estilo de vida rompía con todos los esquemas joven, con falda corta, corte de pelo Bob, escuchaba jazz, conducía, bailaba y se maquillaba y bebía alcohol.

Zelda Sayre, nació en Montgomery, Alabama, un 24 de julio de 1900. Su apellido Fitzgerald es por su esposo F. Scott Fitzgerald. Zelda era la menor de los 6 hijos de Minerva Buckner Machen y Robert Edward Francillon. Fue muy consentida por su madre pero su padre (juez en la Corte Suprema de Alabama y uno de los Juristas más importantes de Alabama) era todo lo contrario: distante y estricto.

Le debe su nombre a los personajes de Jane Howard, Zelda: A tale of the Massachusetts Colony (1866), y de Robert Edward Francillon, Zelda’s Fortune (1874).

Desde pequeña siempre destaco entre su círculo de amigos por ser muy activa. Tomaba clases de ballet y amaba nadar con traje ajustado tipo nude para aparentar estar desnuda.

Bajo la sombra de Scott Fitzgerald

Trágica y memorable podrían ser las dos palabras que definan la vida de Zelda al lado de Scott Fitzgerald, a quien conoció en 1918, a los 18 años de edad. El amor de su vida tenía 22 años y aspiraba ser un famoso escritor.

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Se conocieron en un baile de un club de campo, Scott Fitzgerald, un alférez, estaba pendiente de ser enviado a Europa para combatir en la Primera Guerra Mundial. Ambos eran guapos, inteligentes y rompían esquemas.

Si todo era tan perfecto como narran muchos, ¿cuál era el motivo real de sus constantes discusiones? Sencillo, Zelda jamás pudo ser “la esposa del escritor famoso” que tenía que ser. Su personalidad no daba para ser una esposa recatada. Ella tenía que sobresalir porque así era desde pequeña.

Luego de la publicación del primer libro de su marido, titulado A este lado del Paraíso, se mudaron a Nueva York donde gozaron de gran fama y se convirtieron en celebridades. El alcohol los llevo a brillar en público, pero en lo privado discutían constantemente, en su mayoría, porque Zelda no mostraba interés en el cuidado del hogar.

En una ocasión el New York Tribune pidió a Zelda reseñar un libro de su esposo, Hermosos y Malditos, donde dejó entrever que parte del éxito de su marido era plagio de sus diarios personales:

” (…) Me parece que en una página reconocí un fragmento de un diario viejo mío, el cual misteriosamente desapareció poco después de mi boda y, también fragmentos de una carta, la cual, considerablemente editada, me resultó familiar. De hecho el señor Fitzgerald — me parece que así es como escribe su nombre— parece creer que el plagio comienza en el hogar”

En 1924, llenos de deudas, con sus peleas constantes y Scott sumido en una gran depresión, se mudaron a París. Zelda pasaba sus tardes nadando en la playa y las noches bailando en los casinos con Jozan. Ahí fue donde se enamoró de un joven piloto francés, Edouard Jozan, causante de su divorcio.

Esto no cambió sus ideas de continuar su carrera como artista, continuó escribiendo obras donde cuestionaba a la sociedad de la época basada en clases. Un años más tarde, se mudaron a Italia, donde Zelda terminó de escribir una novela que publicaría bajo el nombre de su marido: Our own movie Queen. Tiempo después siguieron apareciendo publicaciones de ella bajo la firma de Scott Fitzgerald.

Su marido, la sumió en la indiferencia. Catalogaba sus obras literarias como plagios y tildaba de mediocres a sus pinturas. En 1928 su sistema nervioso ya había colapsado y pasado la factura. Su ritmo diario eran ensayos de diez horas, clases de pintura y la convivencia con un marido misógino.

Ya en 1929 declinó una invitación para unirse a la escuela de ballet de la Compañía de Ballet de la Ópera de San Carlos, Nápoles. Como suele pasar con todas las celebridades, el público veía su vida y la de su esposo llena de glamour. Llevaban lo que podría llamarse actualmente como una relación tóxica.

La artista que vivió menospreciada y humillada por F. Scott Fitzgerald 2

Desde 1930 hasta 1932 sus entradas y salidas de hospitales psiquiátricos, entre París y Suiza, eran algo común. Fue en 1932 que, mientras se encontraba en una clínica en Baltimore, durante sus primeras 6 semanas escribió una novela y se la envió a Maxwell Perkins, publicista de su marido.

El libro era un relato semibiográfico de ambos. Las similitudes eran más que obvias. A través de cartas, Scott le reclamó sobre este hecho y le dijo que estaba inspirada en material él planeaba usar en una de sus novelas que sería publicada en 1934.

La novela de Zelda retrataba la lucha de Alabama por crecer y de ganarse respeto por sus propios logros y méritos, de poder establecerse independientemente de su esposo. De los 3,010 sólo vendió 1,392 ejemplares. La crítica, influida por su Scott, destrozó su trabajo por completo. Lo mismo sucedió con sus obras de arte , The New Yorker la describió “con algunos matices emocionales o asociados de la tan llamada Era del Jazz”.

Pasó el resto de su vida en diferentes etapas de angustia mental, se volvió violenta y huraña. En 1936, Scott la ingresó en el Hospital Highland de Asheville, Carolina del Norte y escribió a sus amigos:

Zelda asegura estar en contacto directo con Cristo, Guillermo el Conquistador, María Estuardo, Apolo y toda la parafernalia y las bromas del asilo de locos… Por todo lo que ella ha sufrido realmente, no hay ninguna noche en la que yo no pague un gran homenaje en la oscuridad. En una manera curiosa, tal vez increíble para ustedes, ella siempre fue mi niña (esto no era recíproco como lo es frecuentemente en el matrimonio) … Yo era su única realidad, frecuentemente el único enlace que podía hacer el mundo tangible para ella.

Zelda Fitzgerald falleció la noche del 10 de marzo de 1948. Un incendio de la cocina del hospital Highland donde estaba internada consumió por completo el edificio. Zelda estaba encerrada en un cuarto, esperando terapia de electroshock. Nueve mujeres murieron esa noche.

Datos curiosos

La familia de Zelda descendía de los primeros colonizadores de Long Island.

En su estancia en París conoció a Ernest Hemingway, con quien nunca simpatizó y tacho de falso.

Hemingway le dijo a Scott una noche que pensaba que estaba loca.

Su nombre inspiró el título del famoso juego The Legend of Zelda

La canción Witchy Woman, de Eagles, fue escrita pensando en su personalidad.

“Sexo por placer”, de Daniel Zetina

En su labor de difusión de la literatura contemporánea, Bitácora de vuelos ediciones pone en línea el ebook Sexo por placer de Daniel Zetina.

Sexo por placer es el resultado del experimento de mezclar erotismo y humor en el laboratorio literario del autor. Las historias aquí contadas se escribieron inicialmente con base en entrevistas a diferentes personas reales, que contaron diferentes anécdotas, de las cuales nada quedó como verdadero o cierto, sino que se transformaron en literatura.

Son cuentos breves y minificciones, cuyo como objetivo es entretener al lector, pero también hacerlo reflexionar acerca de lo solemne y serio que puede ser el acto del amor. Los personajes son de lo más cotidianos y las situaciones van de lo simple hasta el absurdo total.

Todas las variables del erotismo son válidas en nuestra sociedad, como la cursilería o las parafilias, siempre y cuando permitan al ser humano desarrollarse mejor. Sexo por placer busca generar un diálogo en pro de una sexualidad más placentera y saludable, a la vez que hace mofa de lo mismo.

Este ebook, es el número 28 de una labor editorial en libro electrónico, que la editorial comenzó en 2014. Actualmente Bitácora de vuelos ediciones trabaja en alianza con editorial E-Ñ y gracias a ésta distribuye sus libros en plataformas como Ibooks Store, Amazon, Gandhi, Porrúa, Casa del libro, más 600 puntos de venta en lengua española.

¿Quién es Daniel Zetina?

Daniel Zetina nació en 1979, es escritor mexicano, autor de libros de poesía, cuento, novela, ensayo y minificción.

Ha publicado géneros literarios y periodísticos en diferentes medios, muchos de los cuales pueden encontrase en internet.

Fue maestro durante 14 años en diferentes estados, de secundaria a posgrado. En 2019, con motivo de sus 40 años de vida y dos décadas de carrera, publica sus 20 libros más representativos.