“La semana que pasó fue una agonía para todos los colimenses”, dice con voz recia don Arnulfo a dos sillas de donde me estoy comiendo unos ricos tacos. Y sé su nombre porque es un señor mayor de quien me gusta escuchas sus historias de un Colima que ya no existe: el Colima seguro, dice él.

Esta vez lamento coincidir con él, porque es un hecho que no pasa un día sin que los medios de comunicación se inunden  de noticias que hablan sobre asesinatos, desaparecidos o niños perdidos. Pero bueno, el Sistema Nacional de Seguridad Pública, dependiente de la Secretaría de Gobernación, tiene la osadía de dar a conocer un boletín donde asegura que “bajaron los homicidios respecto a abril”, de 56 en marzo a 37 en abril. ¿Será algo que se pueda presumir? También, la misma dependencia, señaló que registraron 560 delitos de robo, tres menos que en marzo; 128 casos de robo de vehículos, cinco más que en marzo, y 13 violaciones, 2 más que en marzo.

En total, de enero a abril, se han registrado 221 homicidios dolosos –el año pasado fueron 178-. Así, Colima sigue ocupando el primer lugar nacional, con 24.74 casos por cada 100 mil habitantes. Otros datos que nos deben preocupar –y al Gobierno— son los robos con violencia, 193 en casa habitación; 73 robos sin violencia a negocios (sólo en abril).

De verdad, da tristeza leer en un periódico local encabezados como “Crece inseguridad en la capital porque el alcalde elude responsabilidad”, “la tranquilidad del estado compete a todos: Mancilla”, “Desaparecen tres jóvenes en Colima”, “Marchan cientos; piden localizar a Naomi”, “Ejecutan a 5 hombres en Manzanillo, Tecomán y Colima”, “Ejecutan a hombre en Las Amarillas”, “Vendedor de uniformes es la persona encontrada sin vida atrás de plaza Colimán”. Eso, como dije, en un solo periódico, faltan hechos que por seguridad de los mismos periodistas no se publican.

Por esta misma situación los medios lanzaron un “¡Ya basta!” a la inseguridad que aqueja a toda la República Mexicana porque en lo que va del año, han asesinado a 7 periodistas.

Aunque no es un indicador ni una condicionante, los criminales actúan sin restricciones y no distinguen de niveles sociales; ricos y pobres son robados por igual. Así, la desconfianza generalizada de la ciudadanía está plenamente justificada. Miedo al salir a la calle, miedo al llegar a tu casa y no encontrar ni el bote de basura del baño, y miedo al dormir y no saber si despertarás.

La violencia en los medios de comunicación avanza desmedidamente, los ciudadanos no son la excepción. Esperemos que cuando este cáncer alcance las altas esferas del poder, se siga viendo con la misma indiferencia y parsimonia las acciones a realizar para revertirla.

“La vida de un periodista es tan valiosa como la de cualquier otro ciudadano, ni más ni menos. No se trata, pues, de demandar privilegios para un sector. Se trata de exigir garantías para todos los mexicanos, sin excepción. El momento exige la unidad en torno a esta causa común”.