Tuve la oportunidad de convivir con los niños del albergue “Plaza de Toros” una vez más. Me parte el alma y el corazón verlos tan pequeños, indefensos y vulnerables. Los veo y me viene a la mente la siguiente pregunta: ¿Qué hacía yo a su edad? Quizás jugaba en la seguridad de un hogar, con mis abuelos, con mis padres y tíos; corría de aquí para allá y reía mientras mi única preocupación era ir a la escuela y nada más.

Y me vienen recuerdos alegres en compañía de mi abuelo, que ya no está aquí, y otros que no comprendía cuando era pequeño. Hoy los comprendo con claridad. Una vez él me llevó a la tienda y me dijo que si quería algo, un refresco, una golosina o un mazapán –amo el mazapán-. Yo le dije que sí y me lo compró todo, en ese orden: un refresco, una golosina y un mazapán. Hasta donde yo recuerdo, nunca escatimó; si bien no lo tuvimos todo, nunca nos faltó nada. Al momento de pagar, había unos seis niños, de esos que la gente ignorante llama “inditos” de manera despectiva, y nos miraban como si algo les llamara la atención de él y de mí. Escuchaba a la señora de la tienda decirles “no te ajusta, mijo, ve con tu papá a que te dé más dinero”. En ese momento, mi abuelo, les compró lo que querían; él decía que de niño sus papás no tenían dinero para comprarles lo que ellos querían y por eso entendía a los niños, el querer algo y no poder comprarlo.

Aunque me hacen llorar, digo que son recuerdos alegres porque aprendes que las carencias a veces nos hacen sensibles y comprender que uno debe ayudar a los demás sin necesidad de recibir un gracias a cambio, la gratificación está en el alma. Así me sucedió con estos niños. Si bien soy sólo un observante en ese albergue, vi cómo Project Amigo y el profesor Vidal Márquez hicieron lo posible por darles un aula digna a los niños y ahora también por darles un par de zapatos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Podríamos pensar que un par de zapatos no son nada para el promedio de la población que tiene más de 6 o 10 pares, y que muchas veces sólo se los ponen una vez en su vida y luego los botan a la basura. Incluso la media de niños – me incluyo en su momento- le hacemos el feo a esos regalos que implican una prenda de vestir o cosas que no son “útiles”. Pero para ellos, ¡Wow! No puedo decir con palabras lo que un par de zapatos significa, o simplemente el hecho de que los lleven a la capital, salir de ese albergue y ver nuevas cosas. Uno de los niños dijo “¡Disneylandia!” cuando vio los juegos de la Feria Internacional del Volcán.

¡Eso sí! Todos los niños muy educados y obedientes al decirles que no se bajen de la banqueta o que se tomen de la mano para ir a la zapatería. De verdad, la felicidad de un niño no tiene precio. E insisto que es una tristeza porque estos niños no tienen un ciclo educativo normal. Están aquí hoy, dos meses después se van a donde consigan trabajo sus padres. Si bien les va, regresarán en unos 5 o 6 meses más para seguir un ciclo educativo que van cumpliendo en diferentes albergues.

Lo mejor vino después cuando mientras los niños escogían sus zapatos en la zapatería, una amiga me preguntó por WhatsApp “¿Qué haces?” y le expliqué. En ese momento me dijo que su hija no había pedido nada material de Día de Reyes, sino que deseaba que lo que se fuera a gastar en sus regalos, lo donara en juguetes para niños pobres. De inmediato se interesaron ambas en obsequiar juguetes para los niños del albergue. Así que hubo doble regalo: zapatos y juguetes en un Día del Niño atemporal. Muchas gracias por ello Alondra Novelo y a su hija Miryam.

Fuera de eso, también reflexiono el hecho de que algo tan sencillo como unos zapatos pueden dar felicidad a un niño. ¿Qué es lo que hace felices a tus hijos ahora?, ¿qué es lo que exigen para ser felices?

————————

*Licenciado en Lingüística por la Facultad de Letras y Comunicación. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, director general de Información de El Centinela de Colima, colaborador de la revista Vida & Mujer, Colima XXI, El Comentario Semanal y Manzanillo News. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx o sígueme en Twitter como @skidder89. También puedes consultar mis columnas en http://www.palabrasprohibidas.com.