“Debe de ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo.” << François-Marie Arouet>>

¿Qué esperan los colimenses de quienes ahora ocupan un cargo público? ¿Apoyo, soluciones, dinero o simplemente verlos cada vez que sea necesario brincar a un nuevo cargo? Ya vienen las elecciones y los colimenses se perfilan por un político que los represente de manera honesta y no haga lo mismo de siempre.

Comienza a cambiar la forma de pensar del electorado para bien. Los últimos acontecimientos locales y nacionales; los desvergonzados robos de representantes políticos de otros estados -pero de partidos afines a muchos colimenses- comienzan a generar conflictos entre quienes ahora daban todo por un partido.

Por ejemplo, hay colimenses que se dicen de sangre azul pero que comienzan a ver de forma negativa la imagen del Ricardo Anaya, líder nacional del PAN, luego de que se hiciera público que gasta 400 mil pesos mensuales en colegiatura de sus hijos y los viajes a Estados Unidos que hace para verlos cada fin de semana.  Aunque públicamente negó que utilice recursos públicos, basta con preguntarnos ¿cuánto debe ganar para costear estos viajes y el resto de sus gastos?

Y claro, todos tienen cola que les pisen. La corrupción no es exclusiva de figuras de una misma corriente política. Tan es así que están candidateando a Duarte por el puesto de “El más corrupto del mundo” en el Récord Guinness. El exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, compite junto con el expresidente de Senegal y el Primer Ministro de Zaire por el récord de la persona más corrupta del mundo, en una comparativa realizada por la firma Guinness World Récords.

 En lo que a corrupción respecta, todos los partidos tienen su santo que desean bajar de la repisa y esconder en la bodega, quemarlo y hacerlo ceniza o simplemente desconocerle los milagritos que les ha colgado y con los cuales han arrastrado desde el año pasado.

Muchos le echan la culpa al empoderamiento de las personas para volverse corruptas. No, el poder no corrompe. El miedo corrompe, el miedo a perder el poder. Es tan grande el miedo a perder el poder que suele excusarse diciendo que “el fin justifica los medios”. Y el principal signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva es decir que el fin justifica los medios.

Pero es muy fácil culpar al que ahora está en el poder, cuando el que lo colocó en ese sitio fue el electorado que votó por él. Sí, le dio su voto de confianza, pero no debería refrendárselo en la elección siguiente, ni en la siguiente. Es necesario, entonces, que como ciudadanos tengamos una formación básica -voluntaria urgente- de política básica; de lo contrario, como dice Fernando Dworak, “siempre habrá una mayoría ignorante en la materia que será presa de la demagogia”.

Mientras esto no se logre, la población seguirá creyendo discursos gastados que parecen covers, de esos que han pasado de un intérprete a otro, generación tras generación. Como ciudadano, avisto momentos de incertidumbre social muy fuertes e inestabilidad económica que harán que muchos electores corran bajo los brazos del primero que les hable bonito.

*Licenciado en Lingüística por la Facultad de Letras y Comunicación. Productor de Noticias de ZER Informativo Colima, director general de Información de El Centinela de Colima, colaborador de la revista Vida & Mujer y Manzanillo News. Envíame tus comentarios a fernando_castillo@ucol.mx o sígueme en Twitter como @skidder89.