He escuchado, leído y analizado muchos comentarios de personas que me dicen “Pinche Donaldo Trompetas -Donald Trump- quiere echar a todos los mexicanos, pinche racista”. Podrá ser racista, tener ideas totalmente fuera de lo que los demás consideramos racional, pero lo único que está haciendo es ser nacionalista. Cerrarse -quizás de una forma extrema- a la inmigración ilegal es una estrategia con la que pretende proteger el empleo de sus connacionales.

Sólo hay que pensarle un poco. Los mexicanos que van a Estados Unidos de forma ilegal -recalco- cruzan la frontera esperanzados en alcanzar el “Sueño Americano”. Buscan un mejor salario, una mejor calidad de vida y una mejor forma de sobrellevar las cosas para sus seres queridos acá en México -por aquello de las remesas-.

Sí, en efecto, muchas veces un mexicano cobra seis veces más en Estados Unidos que en México, pero aún así existe una enorme brecha salarial que no estamos viendo. Según datos publicados por El País, La nómina promedio de un trabajador mexicano en EE UU fue de 1.870 dólares al cierre del año pasado. El salario medio en México fue seis veces menor: 291 dólares mensuales. Al encontrar mano de obra más barata -en un mexicano ilegal que no puede reclamar sus derechos laborales por miedo a ser deportado- desplazan poco a poco al ciudadano americano que busca empleo -porque sí hay quienes buscan este tipo de empleos-. Los 22 mil 235 dólares por año que ganan los trabajadores mexicanos no alcanzan ni al umbral del salario mínimo en estados como California o New York, donde oscila los 23 mil dólares anuales. Y eso que no nos estamos metiendo muy a fondo en el costo de vida en nuestro vecino país. Sí, para un mexicano radicado en México, es un super salario porque acá vale 20 veces más, es decir 1 dólar oscila los 20 o 21 pesos, según el cambio de moneda.

Ahora bien, anteriormente yo ya había analizado este punto que pondré de nuevo en las próximas líneas. Llega un mexicano ilegal, trabaja con un número de seguridad social “chueco”, no paga impuestos y se beneficia de algunos programas estadounidenses, ¿Qué genera esto en la sociedad que “vive” de forma correcta?, es decir, aquella que paga sus impuestos, que acata las reglas como debe ser y demás. Asimismo, al buscar un departamento o casa para rentar, los mexicanos u otros latinos se juntan de a dos o tres familias para que los gastos sean menores en renta, luz, agua, etcétera. Después , al desocupar la vivienda, el arrendador se da cuenta que está en su mayoría destruida o en mal estado -como suele pasar aquí en México, que no cuidamos o valoramos lo ajeno-.

Y estamos viviendo el nacionalismo mexicano de forma errónea. Nos quejamos de que Donald Trump está intentando sacar a mexicanos que han ingresado al país de forma ilegal. Ni siquiera le veo sentido a explicar que esto es lo justo. De verdad, ¿La palabra ilegal no les dice nada? Es como si alguien ingresa a su vivienda de forma ilegal – o sin ser invitado- se sienta en su sillón, se come su comida, se ducha en su baño y cuando usted llega, simplemente se esconde para nos ser detectado. Genera molestia, ¿Cierto? ¿Qué haría usted cuando se diera cuenta que alguien de forma ilegal ha vivido en su casa y ha consumido sus recursos? Sencillo, ¡Llama a la policía para que lo echen de ahí! ¿o me equivoco? Eso en el mejor de los casos, y si antes de ello no tiene un altercado y lucha por su vida cuerpo a cuerpo.

Hacia donde deberíamos voltear la mirada es a las siguientes preguntas: ¿Por qué los mexicanos se van a Estados Unidos en busca de mejor oportunidades de vida?, ¿Qué han hecho nuestros gobernantes para reavivar el campo mexicano?, ¿Qué nos falta para focalizar nuestra ira nacionalista hacia acciones que mejores la economía mexicana?

El 26 de enero se publicada en medios internacionales que Estados Unidos había rechazado la entrada de aguacate mexicano. El conflicto surgió por algo interno donde México detuvo momentáneamente el ingreso de papa de Estados Unidos. En consecuencia, las autoridades estadounidenses no firmaron el acuerdo de exportación, necesario para que los aguacates de Jalisco cruzara la frontera. 100 toneladas distribuidas en cinco camiones fueron detenidas en la frontera el 18 de enero por el departamento de Agricultura de Estados Unidos. El fruto cumplía con certificaciones de sanidad, inocuidad y bioseguridad, pero no pudo ingresar a territorio estadounidense porque el Departamento de Agricultura dio marcha atrás al acuerdo de exportación de aguacate de Jalisco, ante un problema distinto, relacionado con la exportación de papas frescas a México.

Un amigo que radica desde hace años en Estados Unidos me comentó que mínimo el 65 por ciento de la producción agrícola de México va a Estados Unidos. Sin toda la comida que sufre el mismo riesgo, de ser rechazada, se cuestionaba ¿Qué pasará con los precios? Dado la baja producción de California -pues Estados Unidos tiene mucho territorio pero no se puede sembrar por el clima-. Por lo pronto, el aguacate comenzó a venderse en 2 dólares cada uno.

¿Peligro global?

 Existen emociones encontradas entre los que celebran la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, porque implica un cambio en la política tradicional. Otros aseguran que no tienen ni la más mínima idea de cómo funciona el gobierno de su país, las relaciones internacionales, el comercio internacional, impuestos, etcétera. Sí, tiene experiencia empresarial -limitada, pero la tiene- y no muy exitosa por cierto.

Ahora toca a la política mexicana tomar acciones con mucha paciencia para que no sean pasos en falso ante la imponente imagen que está generando el “magnate” americano. Generar políticas públicas que compensen la falta de trabajo en el campo y su decreciente impulso, que genere una mejor calidad de vida, una mejor movilidad y energías renovables o combustibles menos costosos para la población. Es hora de mirar hacia el futuro de México y crecer hombro con hombro.