El respeto genera respeto. Ser lo que eres, hacer lo que haces o disfrutar de las cosas que te gustan sin miedo a mostrar a los demás que es lo que tu escogiste, es una de las razones por las que escribo hoy este post. El 17 de mayo, Día Nacional de la Lucha Contra la Homofobia, no debe ser el único día en el que la sociedad demuestre que tiene respeto por las decisiones sexuales que toman todos.

Trato de escribir muy neutral porque siempre he dicho que los límites los pone la humanidad; las etiquetas las ponen las personas y la discriminación comienza por ello. Como seres humanos, todos, sin excepción, tratamos de catalogar y darle una razón de ser a todas las cosas. Sin embargo, cuando algo va en contra de lo moralmente establecido -error número uno- es rechazado y pisado como si no tuviera valor. Si todo el mundo gira hacia una sola dirección y existe alguien que se detiene y dice “hay otras direcciones” es apuntado con el dedo de la exclusión y separado del resto.

Creo en la humanidad como una sola masa de personas que se pueden respetar y convivir con cualquier tipo de preferencias -de cualquier tipo- que tengan. No hay razón para excluir a las personas si todos somos seres humanos. Pensamos y vivimos de diferente forma. Todos ejercemos nuestra sexualidad a nuestro gusto. Sin embargo, como dice el refrán, el buen juez por su casa empieza, la aceptación debe ser de adentro hacia afuera. No se puede exigir aceptación social si no existe una aceptación interior. No es necesario gritarlo y decir que te aceptas. Con que lo tengas dentro de tus pensamientos como una máxima firme y que sirva de guía para lo que haces y desees, es suficiente.

Somos espejos de nuestro pasado, de nuestras generaciones. Estamos tratando de cambiar las ideas retrógradas de una sociedad homofóbica que excluye. Pensamos que fuimos educados bajo esa idea y es más difícil aceptar a las personas con preferencias diferentes a las que tienes. Hay quienes aceptan, por un lado, las relaciones entre personas del mismo sexo, pero que no aceptan que tengan hijos. La pregunta que hago siempre es ¿A caso no vienen estas personas de matrimonios heterosexuales? Sí. La preocupación de quienes son heterosexuales es que los hijos de personas con gustos sexuales diferentes a los de ellos, serán igual. ¿Y qué? Las parejas heterosexuales, padres de muchas personas con preferencias diferentes, no supieron llevar bien su matrimonio, y me atrevo a decir que la mayoría se divorciaron. Ahora, ¿Qué de malo tiene que adopten, si sacarán a un niño de la calle o que una pareja heterosexual abandonó?

No podemos ver más allá de nuestra nariz, aunque ni siquiera veamos nuestra nariz porque simplemente nuestro cerebro la omite. Así sucede con este tipo de cosas. Vemos sólo la cuestión moral y no los sentimientos que pueden cambiar dentro de niños que a un futuro tendrán una vida mejor bajo una familia que no puede, por razones obvias, tener hijos biológicos.

Exclusión de ambos lados

Si vamos a hablar de etiquetas, no sólo los heterosexuales han etiquetado las preferencias homosexuales. También la comunidad LGBT ha discriminado, hasta cierto punto, la heterosexualidad con etiquetas como buga, chacal, etc. Incluso la misma comunidad LGBT excluye a miembros que son de diversas formas de pensar.

Es verdad que hay muchos países que han cambiado completamente su mentalidad, pero hay todavía países, y pequeñas partes de sus ciudadanos, que rechazan la inclusión y la diversidad sexual por cuestiones tontas, inútiles y tan egoístas que no deberían ser sentimientos conocidos por el resto.

Espero que, por el bien de nuestra humanidad, encontremos un mejor camino que depositar toda nuestra fuerza de inclusión en un solo día del año, el 17 de mayo.