Si los ciudadanos nos damos cuenta de que las cosas están mal; los gobiernos de otros países también lo evidencian pero los políticos mexicanos no, ¿quiénes están peor? ¿El político que no se da cuenta o el que sigue votando por él?

Basta con darse cuenta que Estados Unidos y la Organización de los Estados Americanos se unieron a los reclamos para que el gobierno de México esclarezca lo sucedido con los 43 estudiantes desaparecidos, atacados y perseguidos por la policía y un grupo de sicarios.

¿A quién tratan de convencer? ¿A sí mismos o a los ciudadanos quienes ya están “hartos” de la impunidad? ¿Ahora en quién podemos confiar si la policía te asesina y desuella?

La portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Jen Psaki, señala que es un crimen preocupante que demanda una investigación completa y transparente –algo imposible en México, opino yo- para que los responsables sean llevados ante la justicia.

Y qué decir de los 22 civiles ejecutados por el Ejército mexicano en Tlatlaya. Con estas acciones, muchos dudan ya de la prevalencia del Estado de Derecho y la credibilidad del presidente Enrique Peña Nieto. Aunque no es aminorar el hecho, lo que más preocupa es que se dé cuenta el resto del mundo que las cosas en México no andan bien, que los ciudadanos mexicanos se sientan igual y que los políticos sigan pensando en “no pasa nada” y “los delitos van a la baja”.

Sí, los delitos van a la baja pero porque la población es menos. Se registran menos asaltos porque son menos los ciudadanos vivos que los que hay desaparecidos, que han abandonado el país o que simplemente murieron entre fuego cruzado.

Han pasado 46 años desde que sucedió la masacre de la Plaza de las Tres Culturas y los mexicanos dicen al unísono “2 de octubre no se olvida” como una consigna de cambio. Pero ¿qué hace para que haya un cambio? Reniegan del regreso del PRI al frente de México pero siguen votando por el partido de siempre, opinan en las calles. Incluso testimonios del libro “La noche de Tlatelolco” documenta opiniones encontradas sobre el tema que, por cierto, no han cambiado mucho.

La revista británica The Echonomist publicó este jueves (9) un artículo en el que narra cómo la administración actual de la República Mexicana ha tratado de restar importancia a la violencia del país y promociona, paradójicamente, su potencial económico. No se trata de cubrir los ojos de los ciudadanos con una banda para evitar que vean por quién son ejecutados, ni mucho menos hacer apología del delito porque jamás, los medios, han enaltecido los logros de los narcos. Es meramente el hecho de informar a la población lo que está pasando en un país que de por sí, se lo está llevando la chingada; entre violencia, robos, altos precios y bajos salarios, ahora debemos sumar que elementos policiacos corrompidos por el narco atenten contra la integridad y los derechos humanos.

El medio digital “Sin embargo” publica la opinión de Omar García, compañero de los estudiantes plagiados, quien dice tal cual, cito:

“El Gobierno federal ha emprendido una campaña para despejar el tema, quieren hacer creer a la gente que los que desaparecieron son gente del crimen organizado […] le atribuimos al Estado la desaparición forzada de nuestros compañeros”.

Siete fosas en Iguala con los restos de 28 personas fueron encontradas y se sospecha que entre los cuerpos hay estudiantes que fueron plagiados. “De confirmarse, sería la peor masacre en casi tres años del mandato de Enrique Peña Nieto”, escribe The Echonomist.

Y por otro lado, la Procuraduría General de la República da a conocer la detención de Vicente Carrillo Fuentes, El Viceroy, hermano del Señor de los Cielos. ¿Coincidencia? Lo dejo a su criterio. Sumamos la detención del Chapo a los “logros” de la autoridad, y restamos la caída de los 22 civiles de Tlatlaya y los 43 plagiados de Iguala que lamentablemente pasarán a ser parte de una estadística opaca, oculta bajos carpetas y miles de trabas para conocer la verdad.

Por el momento, medios como The New York Times, Washington Post, LA Times, The Guardian, The Wall Street Journal, The Finantial Times, El País y El Mundo, entre otros, han publicado artículos de opinión como crónicas y reportajes de estos sucesos. ¿Qué falta para que quienes rigen el destino del país escuchen las palabras de los que aún estamos vivos?

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Imagen tomada de Lado B