#Opinión: México, entre burocracia y países pobres

Dejan al país sumido en la miseria y los mexicanos siguen votando por ellos. Pero no toda la culpa es de ellos, también es nuestra porque no nos sentimos identificados con nuestro país.


Leyendo “Isabel La Católica 45”, de Alberto Canedo Ramos, me he encontrado una frase en la primera parte que me ha hecho reflexionar sobre la política de mi país. La frase viene en el siguiente extracto:

“Al contrario de otros, yo siempre le he tirado a ser cabeza de león y no como dicen a ser cabeza de ratón, porque cola, como dicen, ni regalada. Ayudo a mi compañía a ser de las empresas poderosas y la siento como propia, no como los burócratas de Latinoamérica que prefieren gobernar pueblos miserables y no naciones ricas y van poniendo todos los medios para hundirlos más en la miseria. Si uno ha de estar arriba, que sea arriba de lo superior”.

Así me he puesto a pensar en la política de nuestro país. Al contrario que otros países, nosotros deberíamos tirar a ser cabeza de ellos y no ser parte de la cola, porque como dice Alberto Canedo Ramos, nuestros políticos siempre le han tirado a gobernar naciones pobres y no naciones ricas. Y al final de sus periodos y sus mandatos el dinero que roban lo gastan en esas naciones ricas, porque les gusta su estatus social. Admiran esas naciones por su calidad de vida, calidad de servicios públicos, como la salud y la educación, y además de sus telecomunicaciones.

Dejan al país sumido en la miseria y los mexicanos siguen votando por ellos. Pero no toda la culpa es de ellos, también es nuestra porque no nos sentimos identificados con nuestro país. Así como en esta novela se siente identificado con la empresa y hace lo posible por llevarla a la cabeza de las mejores, nosotros deberíamos sentir esa empatía por la política. Lamentablemente, los partidos que tenemos en el país nos han hecho detestarla con sus figuras de abuso de poder; charolazos, como le dicen muchos.

Los mexicanos deberíamos inmiscuirnos más en la política de nuestro país. Pensar mejor nuestro voto y no dárselo al candidato que está “bonito” o que nos habla bien, sino al que nos da acciones y resultados, al que ponga a nuestro país a la cabeza de los mejores y no a la cabeza de los peores.

Todos deberíamos ser burócratas desde nuestros hogares. Y digo burócrata no como los que conocemos actualmente, sino de aquellos que ejercen bien la burocracia, de los que tienen una influencia excesiva en los funcionarios y los asuntos públicos, y no de los que forman parte de la administración ineficiente; no como los que prefieren gobernar un país pobre, sino un país rico.

Y tocando el tema de los burócratas, me es casi imposible no tocar el tema de la burocracia desde el punto de vista de Cantinflas en la película “El ministro y yo”; esa película en la que Mario Moreno “Cantinflas” deja en ridículo el trabajo que realiza la oficina de Catastro del último año del sexenio de priista Luis Echeverría Álvarez –sexenio caracterizado por la ola de asaltos a bancos y de secuestros, entre los que se incluyen su propio suegro-.

Cantinflas, con su característico lenguaje, humilla a los burócratas –entre ellos los famosos juniors- haciéndoles ver los malos manejos de los empleados de Gobierno. Les hace ver que tienen un concepto equivocado de la burocracia:

Burocracia proviene de francés bureaucratie y este a su vez de bureau “oficina, escritorio” y -cratie -cracia que viene del griego y significa “fuerza”, es decir, ejercer la fuerza desde el escritorio.

Al cien por ciento, y aunque han pasado ya 39 años de esa película que enmarca la política de Luis Echeverría, los empleados públicos no han entendido el significado de la burocracia y el verdadero sentido que esta conlleva.

“Por que las fallas en la administración frenan el desarrollo, el progreso, la democracia; y ¿Saben lo que es la democracia? El poder del pueblo por el pueblo y aunque ustedes también son pueblo, se olvidan de los que están ahí afuera, de los que esperan, de los que hacen cola como éstos, que también son pueblo; y que ellos dependen de ustedes pero ustedes también depende de ellos porque ellos al pagar sus impuestos, sus contribuciones, están pagando los sueldos de todos ustedes. Sus vacaciones, sus servicios médicos y sus jubilaciones. En otras palabras, todos necesitamos de todos.

“Vivimos en un mundo agresivo, en un mundo angustioso, en un mundo donde nadie creemos en nadie, hemos perdido hasta nuestra propia fe. ¿Por qué? ¿Por qué les estoy hablando? Si a lo mejor ni me entiende, estoy predicando en el desierto, de manera que, ya me voy. Licenciado, me voy, no me corre. Y saben una cosa, les voy a extrañar. De manera que, adiós, mis excompañeras y excompañeros del trabajo, si a esto se le puede llamar trabajo”.

Lamentable pero cierto que este discurso de Cantinflas, de una película de 1975, aún en nuestros días siga vigente y la clase política, que ahora es mayor, no haya comprendido qué es la burocracia y ser burócrata.

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