Pensé que se trataba de una idea loca mía, pero realmente tiene un nombre y una definición. Se llama “pushback’ y se define como “empujar hacia atrás” nuestra dependencia tecnológica.

Probé la hiperconectividad y no me gustó. Ahora estoy en ese proceso de ir cerrando poco a poco las aplicaciones que han abrumado mi vida. Incluso las he ido borrando de mi smartphone.

Al principio comienza como una necesidad de darte a conocer, que los demás vean lo que haces cada minuto. Después de un tiempo esto se vuelve algo agobiante.

Hay redes para cada gusto. Para los lectores está Goodreads; de geoposición, FourSquare; fotográficas, Instagram y demás, y las tradicionales, Facebook y Twitter. Podría llevarme toda una vida enumerar las redes sociales existentes. Sin embargo, nos quedaremos con las anteriores.

Pues bien, mi experiencia me ha dicho que la intrusión a mis gustos musicales, de libros y cinéfilos son mejor si me los guardo para mí solito. Es verdaderamente molesto que publique que estoy leyendo un libro y a los pocos minutos un spoiler me arruine la lectura diciéndome el final. Lo mismo sucede con las películas.

Mi solución ha sido hasta ahora cerrar las sesiones de mi smartphone y no abrirlas hasta el final del día para revisar lo que sucedió con muchas personas que están lejos. Ahora, por ejemplo, ganancia es que ya cerré Path en mi iPhone, que estoy desactivando las alertas de Twitter y FourSquare ya no me dice a cada minuto dónde está cada uno de mis amigos. No me interesa, ciertamente.

Ser o no ser

Donde me entra el dilema es cuando pienso en desactivar por completo los datos de mi iPhone. Digo, no se trae un iPhone 5s sólo para llamar. Si una persona se da el lujo de comprarse un smartphone, obviamente es para sacarle el mayor provecho posible. De lo contrario puede ir a una gasolinera a recargar gasolina para que le regalen un celular básico.

Además, si hago esto estaría desperdiciando unos valiosos datos móviles que de todas maneras pagaré en mi factura. Es así, ya estamos en este embrollo y lo mejor es buscar la mejor solución.

Whatsapp juega un papel importante en el día a día de muchos actualmente. Nos ahorra miles de mensajes de texto que nos saldrían carísimos si sacamos cuentas. En su lugar Whatsapp aprovecha los datos móviles -en mi caso mi plan incluye redes sociales y mail gratis, ¡Vaya dilema!- para no gastar más en mensajes.

Son pocas las personas que no tienen Whatsapp, pues incluso los celulares fuera de un plan incluyen datos gratis con recarga de saldo para navegar en esta aplicación.

Vulnerable

Compartir todo de nosotros, todo el tiempo nos vuelve vulnerables, como ya expliqué en mi artículo “Peligros de una realidad aumentada”.

Además de los múltiples peligros que conlleva estar con el smartphone todo el tiempo en la mano, los problemas en la deformación de los músculos y tendones, se nos viene otro problema mayor: el phubbing, es decir, ignorar a quienes están con nostros por atender nuestro smartphone.

Desde el punto de vista laboral, la hiperconectividad nos vuelve localizables las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Esto se traduce como que “jamás dejamos la oficina”, “la oficina viene con nosotros a todos lados”.

Es un verdadero reto dejar aunque sea 10 minutos nuestro celular sin siquiera pensar en si nos ha llegado una notificación. En un reto que la Unicef propuso en línea, en el que donará agua por cada 10 minutos que dejes tu celular, valoras realmente que es una adicción completamente estar en tu smartphone todo el tiempo. Te hace menos productivo, deterioras tus relaciones interpersonales, amorosas o familiares.

Sé que nos desquicia cuando la luz se va y estamos usando el Internet del módem, cuando nos damos cuenta lo que nos resta de batería -y buscamos en línea cómo extender su autonomía-, cuando nos preocupa que los mensajes de Whatsapp no hagan doble check. Eso, señores, se llama adicción a la hiperconectividad. Y no sé si realmente exista ese termino, pero eso es lo que nuestra sociedad está viviendo actualmente, perdón, lo que nostros como sociedad estamos viviendo actualmente.


Lee la segunda parte de este artículo “¿Qué tipo de pushbacker eres?