Veo todo reducido a dos cuartos. Mi vida está ahí, resumida y almacenada. Obviamente no es lo que quería al principio, pero esto es lo que tengo.

Me cuesta trabajo pensar en ello, en que realmente esto es lo que tengo. Tuve más, fui más que esto. Pude ser, pero no fui; pude creer, pero no lo hice, y pude tomar, pero no tomé lo que me ofrecían. La tentación fue grande, pero me resistí.

Las cosas cambiaron drásticamente, pero aún mantengo lo único que me hace sentir bien: Mi independencia.

Esa pequeña cosa que no puedes tocar, pero puedes sentir muy dentro de ti. Que te hace seguir cada vez que suena el despertador por tercera vez todas las mañanas. Esa sensación de elegir qué desayunar, qué vestir y qué hacer con tu tiempo libre.

Claro, esa misma independencia trae consigo responsabilidades; eso a lo que muchos no están acostumbrados. Todos quieren liberarse de las personas que están taladrando dentro de su mente y que les dicen qué hacer, cómo actuar y por qué actuar. Yo no.

Esas mismas personas que intentas formar de ti algo que no eres, sienten la autoridad para hacerlo porque dependes de ellos. Estás encadenado, por alguna razón, a su opinión.

Para obtener esa independencia no basta sólo quererla, sino sentir que tienes una prospectiva propia; no aquella que te han hecho creer que es tuya o que han intentado imponerte.

Aunque aún no vivo mis sueños, no vivo más sus sueños. No respiro el aire que ellos querían que respirara. Uso mis propios pulmones. Aunque a veces la tos ahogue mis días, soy yo. Eso no va a cambiar.

Al principio no fue fácil. Como todos, tuve errores. Me arrepiento y tengo que vivir con ellos. Algunos errores dejaron dentro de mí esa sensación que veo en el resto,y que me hace pensar: “Alguna vez pensé lo mismo que tú. No puedo advertirte, debes aprender de tus errores”.

Quizás no respiro el mismo aire que el resto de las personas, y eso es porque no soy “el resto de las personas”. Soy yo, aunque no lo veas.

Pese a todo, creo que mi metamorfosis no ha terminado. No termina en la vida. Realmente seguimos evolucionando, para bien o para mal. Nosotros lo podemos decidir.

Independencia no es sólo decir “quiero vivir mi vida”; es sentir que puedes sobrevivir a tus decisiones. Esas decisiones que tanto les preocupan a quienes han seguido el sistema por años, y que aseguran los ha mantenido con vida, son las que formarán nuestro carácter.

No dejes que alguien diga que tomas malas decisiones. Tus decisiones son lo que tú quieras que sean. Si jamás decides por ti mismo, jamás serás tú mismo.