Lo cierto es que, muchas de las prácticas médicas actuales, siguen siendo las mismas que las de hace 200 años. En pocas palabras, es anticuado. Pese a que la tecnología avanza a pasos agigantados, aún buscamos la forma de descifrar las recetas médicas. Problemas como los que enfrenta actualmente España, respecto a los servicios médicos, ponen a pensar a muchas naciones que, viendo a futuro, buscan una alternativa que disminuya costos y largas horas de espera en los hospitales.

Es aquí donde, lentamente, la salud digital comienza su despegue inicial en países como Estados Unidos, impulsado por empresas de celulares como Nokia.

De acuerdo a un reportaje publicado por El País, el “Doctor ‘smartphone’” sería la solución para la problemática que actualmente enfrenta. Sin embargo, hay muchos “vacíos” que aún no han sido cubiertos.

Según estimaciones de personas especializadas en el tema, dentro de no mucho tiempo. el 80% del trabajo que actualmente recae en los médicos, sería monitoreado por celulares inteligentes y aplicaciones que, el mismo paciente puede consultar.

Aunque para muchos, estos sería una revolución en nuestra ya revolucionaria tecnología, la verdad es que aún estamos lejos de lograrlo. Existen tres razones de vital importancia que aún impiden que la salud de la humanidad recaiga en la inteligencia artificial.

En primer lugar, dejar nuestra salud en la seguridad de las máquinas sería un completo riesgo. Actualmente, de acuerdo con las estadísticas de Symantec Corporation, el Phishing aumentó un 40% a usuarios comunes, dejando de lado la información de las empresas. Esto nos dice que, si los datos de los usuarios son blanco fácil para los Hackers, la salud lo será aún más; serviría como extorsión para obtener lo que sea de las personas. Manipular la humanidad con algo tan primordial como la salud, sería -literalmente- como chantajear a un niño con un dulce.

En segundo lugar, impulsar la salud y medicina digital necesitaría acercar la tecnología a quien no tiene acceso actualmente a ella. Por ende, darle las herramientas necesarias, tanto de cobertura de internet (ya sea 3G o vía Wi-Fi) para que pueda mantener contacto con su “médico digital”. No podemos intentar globalizar el acceso a la salud digital, si aún no logramos hacer lo mismo con la tecnología.

En tercer lugar, pero no por ello menos importante, se encuentra la responsabilidad. Actualmente cuando se comente una “imprudencia médica”, hablamos de responsabilidad médica. Existe, entonces, un vacío legal en ese sentido, ya que no se sabría con exactitud a quién culpar en caso de algún problema médico. ¿A quién puedes culpar por entender mal una receta? no se puede concebir aún la medicina y consulta a distancia, así sea vía Whatsapp o FaceTime. ¿A quién podría adjudicársele la negligencia, al médico, al paciente o a la empresa que los conecta a ambos?

Por el momento, creo que lo más conveniente es sólo sincronizar los expedientes médicos y dejar de soñar que un equipo puede diagnosticar a un ser humano sólo basándose en datos y estadísticas.

Quizás existan ya aplicaciones que sean capaces de medir el ritmo cardiaco de un ser humano, diagnosticas -basado en datos que proporciona de forma “honesta” el usuario- alguna enfermedad o padecimiento. Sin embargo, el margen de error se duplica con las maquinas, ya que debemos sumar el margen de error del ser humano y el del equipo que él mismo programó.

 


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